José María Gil Tamayo

15 / 04 / 2016 Javier Otero
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Secretario general y portavoz de la conferencia episcopal española.

“Los problemas de la gente no son los acuerdos con la Iglesia, son los de la crisis”

Dice que hay que ser ejemplares cuando se le pregunta por los áticos de los cardenales Bertone y Rouco y se declara preocupado por lo que considera un clima que puede inducir a atentar contra los sentimientos religiosos.

Cómo se han reflejado en la Iglesia española los nuevos aires del papa Francisco?

Ha habido una renovación no solo de cargos, sino de estilo. Pero, sobre todo, en poner en primer plano de forma manifiesta una preocupación por la cercanía a la Iglesia y a la par un empeño por hacer transparente a la propia Iglesia. En definitiva, un aire fresco de vuelta al Evangelio.

 

¿Hasta qué punto no estaba antes cercana al Evangelio?

El pontificado de Juan Pablo II es el del afán de la difusión de la vida cristiana a lo largo y ancho del mundo. Benedicto XVI es la reivindicación de la primacía de Dios y del hecho religioso cristiano. El papa Francisco es la reivindicación de la misericordia y el espíritu evangélico. No significa que antes no lo tuviera, sino poner por insignia esa dimensión.

 

En cuanto a los cargos, palabras como las del obispo Reig Plà respecto a la homosexualidad han sido muy criticadas. ¿Habrá cambios en los obispos?

De lo que puedo hablar es de pronunciamientos corales de la Conferencia Episcopal.

 

¿Tendría que haber alzado más la voz sobre las injusticias de la crisis?

Hay un documento en el que los obispos destacan que podrían haber estado más prontos. Pero también la cercanía de la Iglesia se ha incrementado, y ahí están los más de cuatro millones de personas atendidas por Cáritas o los más de 6.000 centros asistenciales de la Iglesia. Lo que sí estoy en contra es de la disociación entre el episcopado y Cáritas, entre aquel y el cura de a pie, entre parroquia y diócesis. Son valoraciones absolutamente injustas e interesadas

 

¿Qué le parece que algunos partidos hablen de retocar o derogar los acuerdos con la Santa Sede?

El tema de los acuerdos no puede ser el comodín para entretener la discusión política en un tiempo de indecisiones. No hay un problema religioso en España. Incitar o promover este es jugar con cuestiones muy profundas y perfectamente asumidas en la vida normalizada de la gente. Los problemas de la gente no son los acuerdos con la Iglesia, son los de la crisis. Y ahí es donde nos preocupa que haya ya una situación de estabilidad que dé seguridad en el ámbito económico y social.

 

También han dicho que no habría problemas en revisarlos. ¿Qué se podría mejorar?

Creo que la enseñanza religiosa no ha logrado un adecuado tratamiento. De hecho, viene coleando, como la propia educación, al vaivén de las alternancias políticas. Sería bueno que de una vez hubiera un pacto de Estado. Los acuerdos han sido y son un buen instrumento y prueba de ellos es que han funcionado en las distintas alternancias políticas. Y de colaboración e independencia, como marca la Constitución. No pasemos ahora de un confesionalismo del antiguo régimen, que no quiere la Iglesia, a un confesionalismo laicista que quiera imponer en el espacio público una especie de asepsia que ya en sí misma es una opción ideológica que no contempla la realidad plena de las personas ni de la sociedad.

 

Pero la Iglesia está de acuerdo con un Estado laico como en Francia. ¿No podría aplicarse a España?

La opción francesa es de una laicidad que no quiere saber nada de las opciones religiosas. La Constitución española manda una colaboración con el hecho religioso. En la propia opción francesa ha habido una concepción de laicidad positiva, porque han visto problemas que arrancan de un tratamiento no adecuado de confesiones religiosas como la islámica, que le han hecho ver que no basta simplemente una asepsia, sino que tiene que tener una colaboración con las confesiones religiosa. Y ya que cita este caso, el Código Penal francés, que es laico, habla del respeto a los sentimientos religiosos y penaliza más duramente atentar contra ellos que el Código Penal español.

 

¿Está preocupada la Iglesia española por estos sucesos?

A mí me preocupa sobre todo cuando se puede dar un clima de inducción a ello, que el hecho religioso no sea respetado.

 

¿Quién lo induce?

Cuando so pretexto de la libertad de expresión se establece una especie de exención de la obligación del respeto al hecho religioso. Hay terrenos que no se pueden sobrepasar sin que quede en menoscabo la libertad de expresión.

 

Están muy de actualidad la corrupción y el nacionalismo. ¿Habrá un pronunciamiento de los obispos?

Hay doctrina suficiente y nos toca trabajar por su cumplimiento. Sobre todo en el ámbito educativo, que se enseñe que la corrupción no es un recurso de progreso, sino al contrario, que gangrena la convivencia. Todos estamos llamados a contribuir a que haya una honestidad privada y pública. Respecto al nacionalismo, la Conferencia Episcopal ha manifestado de manera reiterada su opción clara por el marco constitucional, en el que se desarrolla plenamente una convivencia en España en unidad, en la asunción de nuestra historia y en el respeto a la diversidad.

 

Recientemente una diócesis ha denunciado un caso de pederastia a la Fiscalía. ¿Ya han asumido que estos sucesos serán denunciados sin ningún resquicio de duda?

Tengo ese convencimiento plenamente. Los obispos se adhieren a lo que inició el papa Benedicto XVI y ha reforzado Francisco con ese espíritu de erradicación de estos delitos execrables. Con unos criterios que son la tolerancia cero, la cercanía a las víctimas, respeto exquisito de la presunción de inocencia, confianza en la Justicia, que en lo que se refiere a los clérigos tiene una dimensión canónica y también civil. Y a la par un trabajo de prevención de estos delitos que dañan, además de a la víctimas, a la propia Iglesia.

 

¿Habría que tener un cuidado especial en asuntos que perjudican la imagen de la Iglesia, como los casos de los áticos de los cardenales Tarcisio Bertone y Antonio María Rouco Varela?

Creo que tenemos que ser ejemplares. Y el Papa está dando ejemplo. Le cuento una anécdota de un sacerdote amigo mío, que siempre ha sido aficionado a los coches. Le dije que si se iba a comprar uno bueno, porque el suyo estaba viejo, y me contestó: “Cualquiera se compra un coche bueno con este Papa”.

 

¿Ha hecho la Iglesia española alguna gestión de intercesión en el caso del sacerdote español Lucio Ángel Vallejo Balda, detenido por la filtración de documentos del Papa?

Nosotros tenemos la seguridad de que se está haciendo conforme a los procedimientos de la Justicia. Sí me consta la intención manifestada por su propio obispo, que así lo ha hecho.

 

¿Hace falta una mayor limpieza en llevar las cuestiones económicas?

Hay un empeño ejemplar en la clarificación, transparencia y eficacia en la gestión económica de la Santa Sede y en todos los ámbitos de la Iglesia.

 

¿Está justificado que parte del dinero del IRPF vaya a 13TV?

La Iglesia siempre ha usado los medios para transmitir su mensaje. Lógicamente, en las partidas destinadas a la acción pastoral se incluye la comunicación. Y ahí contemplan la inversión en 13TV. Los medios tienen unas etapas hasta que llegan a un equilibrio. Es una inversión. Hemos ido adquiriendo cada vez más la propiedad.

 

¿No deberían devolver al Estado el superávit que tienen en el IRPF en lugar de invertirlo en un fondo de reserva?

Es que no es dinero del Estado. Lo que hace el Estado es una intermediación en la decisión de los ciudadanos para que se destinen a la Iglesia católica, como a otros fines, los impuestos que en todo caso pagarían de otra manera.

 

Pero en los Presupuestos Generales aparece como una detracción de los ingresos del Estado.

No hay ninguna partida presupuestaria en los Presupuestos del Estado. Lo que hace la Iglesia es destinar el dinero a que revierta a la sociedad.

 

¿Incluido el fondo de reserva?

Como una familia que tiene unos ahorros para emergencias, no para un enriquecimiento. Hay una memoria justificativa que se presenta al Gobierno, por lo que hay transparencia.

 

¿Qué le parece que se cuestionen las subvenciones a las cofradías?

El impacto es inmenso en los lugares en los que están. Y yo creo que es una ayuda a que esta actividad, que tiene una dimensión religiosa, continúe ayudando al conjunto de la sociedad.

¿El Valle de los Caídos debería ser el “Valle de la Paz”, como dice Carmena?

Se llama Abadía de la Santa Cruz y la cruz sí tiene un significado grande para todos. Yo lo veo desde una dimensión religiosa y quiero despejar toda cuestión política. Para la Iglesia es una abadía con una obligación de rezar por quienes han muerto víctimas de una guerra que nunca debió haber ocurrido.

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