Jorge Dezcallar

08 / 10 / 2015 Luis Calvo
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Diplomático y exdirector del CNI. Tres años después de entregar su carta de jubilación, Dezcallar publica un libro, Valió la pena (Ediciones Península), en el que repasa sus años como diplomático y al frente del espionaje español, un periodo que coincidió con los atentados del 11-M en Madrid

Foto: Luis Davilla

A Jorge Dezcallar, ya jubilado, se le sigue notando el deje diplomático. Habla directo, pero educado, mirando a los ojos siempre a su interlocutor. Usa el lenguaje con mimo, pensando bien las palabras y sin elevar nunca el tono. Da la impresión de que siempre dice lo que quiere decir, con precisión. Pese al ruido de la cafetería donde nos recibe, es capaz de crear una atmósfera en la que dominan sus palabras.

Fue el primer civil en dirigir el CNI. ¿Por qué cree que le nombraron?

No lo sé. Nunca me lo explicó nadie. Solo sé que un día recibí la llamada y me lo ofrecieron. Yo siempre digo que sin anestesia. Debía haber otros candidatos, lo que no sé es qué mecanismo mental fue el que llevó al presidente Aznar a considerar mi nombre.

Dice en el libro que le llamaron para “civilizar” el centro.

Aznar lo que me propuso en ese momento fue adaptar el CNI a la situación democrática que vivíamos. Mis dos predecesores habían sido procesados. Yo dije que necesitaba independencia, que estaría al servicio del Estado, pero no entraría en políticas partidistas. Y quise saber también si había cadáveres en el armario...

Cadáveres no, pero sí cucarachas.

Sí, es cierto. Aquello tenía una reputación un tanto siniestra. Pero elaborar unas leyes que regularan el centro era muy atractivo. Yo estoy muy orgulloso de haber sido el primer civil en asumir ese cargo y haber dotado al centro de unas normas de funcionamiento que permiten que los agentes trabajen con red. Ahora está sometido a unos controles parlamentarios y judiciales que son una garantía para los agentes y para todos los ciudadanos. Una misión fundamental del centro debe ser compatibilizar la seguridad del Estado con el respeto de los derechos civiles.

Pero la aventura acabó muy mal con el presidente.

Sí, acabó muy mal pero no creo que fuera mi culpa.

¿Cuándo se torció la relación?

Yo creo que en aquel momento no me daba tanta cuenta. Ahora, con la perspectiva de estos once años, empiezo a darme cuenta de que hubo un cierto deterioro cuando empecé a decir cosas que no eran las que el presidente quería escuchar. Como que no había relación entre Sadam y Al Qaeda, que no había armas de destrucción masiva, que era necesaria una resolución de la ONU para poder entrar en la guerra de Irak o que el terrorismo nunca es justificable pero sí explicable. Pero nunca me llamó, hasta el final, claro, para decirme que no le gustaba lo que oía.

¿Cree que Aznar sabía que no existían esas armas antes de invadir Irak?

Aznar dijo una vez, y me dolió, que no se había regido por los informes del CNI para tomar la decisión. Él tenía acceso a fuentes de información diferentes, Chirac, Bush... que supongo que le darían otra información. Y él estaba convencido de que existían y de que Irak tenía estrecha relación con Al Qaeda, pese a que yo le decía que no.

Pero era una opinión política, no basada en hechos, ¿no?

Bueno, era una opinión basada en las fuentes de información que él tenía y a las que les prestaba más atención que a lo que su servicio de inteligencia le decía. Eso para mí era triste, pero es lo que había. Yo le decía mi verdad.

También advirtieron del peligro de un atentado islamista.

Sí, yo advertí repetidamente de que existía peligro de atentado, pero es verdad también que el CNI no lo vio venir cuando ocurrió de verdad. No pretendo echarle la culpa a nadie. La culpa de un atentado siempre la tienen los terroristas, nadie más. Pero es que los americanos o los ingleses, en Bali o en Estambul, tampoco vieron venir los suyos. Y los americanos tenían 200 veces nuestros medios, lo he calculado. Hay cosas que no se ven, otras que sí. Diez días antes habíamos detenido una furgoneta de ETA llena de explosivos.

¿Tenía la sensación de ser molesto durante la gestión del 11-M?

Bueno, a mí me tuvieron marginado durante cinco días, del 11 al 16. No sé si resultaba incómodo lo que decía o pensaban que no servía para nada. Pero no fui convocado. La Policía se adueñó de la investigación y coparon las pruebas: la furgoneta, los detonadores, la mochila, el teléfono... Y a nosotros no nos dejaron entrar en esa investigación.

Pese a todo, seguían trabajando.

Sí, pero con los medios que teníamos. No accedimos a la furgoneta físicamente en ningún momento, pero gracias a las imágenes sabíamos, por ejemplo, que las placas no eran de ETA.

¿Mantuvo el Gobierno la versión de ETA cuando ya sabían que no era así?

No sé lo que creía o quería creer. Yo sé que el día 13 por la tarde, que yo ya había avisado de la pista islamista, fui a ver a Acebes. Habían detenido a unos indios y a mí no me lo cuentan. Más tarde me llaman seis veces para que diga en la tele que no hemos abandonado la pista de ETA cuando a las ocho salía el ministro a contar las detenciones. Que me ocultaran información e intentaran manipularme fue algo muy duro para mí.

Luego desclasificaron documentos que daban a entender que ustedes mantuvieron la línea de ETA.

Publicaron un informe muy temprano en el que aún manejábamos la posibilidad de ETA y otro que no daba credibilidad a una de las reivindicaciones islamistas, enviada a un periódico de Londres, que, efectivamente, a la postre, no era de quienes habían cometido el atentado. Querían dar la impresión de que éramos nosotros quienes habíamos mantenido esa línea. Pero no solo eso. Es que además, me estaban cortando las fuentes. Si publicas informes de inteligencia, nadie serio, ningún otro servicio secreto, va a volver a pasar información. Se arriesgan a verla publicada y que le cueste la vida a alguien.

¿Fue Aznar desleal con el CNI?

Yo no sé si usaría esa palabra, pero el centro y yo nos sentimos utilizados para tapar las vergüenzas personales del Gobierno. No querían pelear contra el terrorismo sino tapar sus vergüenzas.

¿Sigue habiendo en España riesgo de atentados, islamistas o de ETA?

La amenaza yihadista es la principal. ETA está muerta. Puede haber algún descerebrado que haga un atentado, pero la organización está muerta.

¿No puede haber una escisión?

Puede haberla, pero se ha puesto tan caro matar después del 11-M... Si tu argumento es el miedo pero no puedes usarlo porque ya no puedes matar, pierdes toda capacidad de negociación. ETA desaparecerá y cuanto antes mejor. No ha conseguido absolutamente nada ni se va a negociar con ella.

Aznar y Zapatero negociaron.

Sí, y ETA perdió la oportunidad. Punto. Ellos utilizaban las negociaciones, igual que las treguas, para rearmarse y organizarse. ETA está ya tirada por el suelo y quizá algún gesto podría ayudar a que dieran el paso de disolverse.

¿Hablamos de presos?

Sí, no de una liberación, pero quizá sí de un acercamiento. La dispersión tuvo su razón de ser en su día, pero quizá en este momento se podrían acercar. Estamos castigando a sus familias. Eso podría ser el pequeño agarradero que necesita para acabar de morirse. A enemigo que huye, puente de plata.

¿Y cómo valora el riesgo islamista?

El riesgo actual es doble: Al Qaeda, por un lado, y el Estado Islámico [EI], por el otro. Y hay también lobos solitarios. Pero sobre todo Al Qaeda. El objetivo de Al Qaeda es Occidente. Sostienen que les infecta con sus malas costumbres y soporta regímenes corruptos. El EI pretende establecer un Estado medieval allí, pero lo que pase en Europa les da igual. A Al Qaeda no. El Estado Islámico sí tiene un aparato propagandístico increíble. Y capta 1.000 combatientes semanales. Muchos se mueren, pero otros, occidentales o musulmanes que han residido aquí, pueden volver.

No son entonces los refugiados contra los que advertían algunas voces, ¿no?

No, pero puede que algunos intenten infiltrase en esas mareas de refugiados.

¿Echa en falta una política común de la Unión Europea?

Sí, me duele que no sea capaz de llegar a acuerdos. Dejamos todo a EEUU y Rusia. Esta falta de política exterior común es un problema. En la votación sobre Palestina del año pasado, los europeos votamos de tres formas distintas porque no había cuatro. Es algo suicida en el mundo en el que estamos. Vivimos un momento muy malo.

¿España tampoco tiene peso?

España ha llegado a tener mucho peso, con políticas diferentes, con Felipe y con Aznar, pero después... A Zapatero nunca le interesó y con Rajoy tampoco. Tenemos unos líderes muy de andar por casa. Y es una pena, porque Europa necesita liderazgos y, no lo olvidemos, somos el cuarto país de la Eurozona. Podríamos tener una voz, pero no la usamos. Hemos abdicado de tener un papel en el mundo.

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