Guillermo Velarde
El padre de la bomba atómica española desvela sus reuniones con Franco y Suárez. España hubiera tenido armas nucleares en “dos o tres años” si se hubiese cumplido la directiva de 1974.
¿Cómo empezó el proyecto Islero?
En 1963 estaba en Estados Unidos y recibí una carta del profesor Otero, presidente de la Junta de Energía Nuclear (JEN), para que volviese a España y me encargase de la investigación técnica del proyecto. Lo llamé Islero porque presentía que a cornadas no me mataría, pero sí a disgustos... como así ha sido.
¿Qué era la Junta de Energía Nuclear?
Era el tercer centro nuclear en Europa después de Inglaterra y Francia. Otero era su presidente, una eminencia científica pues había descubierto la miopía nocturna en 1942, que permitió que los pilotos pudiesen ver durante la noche. Cuando él salía al extranjero le venían a recibir las más altas autoridades científicas y políticas.
¿Cómo ideó la bomba de plutonio?
No se parece en nada a las de uranio. Era un problema muy complejo y después de varios estudios, que me costaron dos años, di con una configuración formada por 32 detonadores y sus correspondientes lentes de explosivo convencional, que al explosionar comprimían una esfera hueca de plutonio.
¿Qué problemas se encontraba?
Los detonadores debían tener un error de una milmillonésima de segundo, la compresión de la esfera era un problema matemático muy complejo y luego estaban, aparte, la fabricación de los componentes, la propia fabricación de la bomba y la prueba de la misma.
En su libro habla del coste económico que tenía aquello. En concreto, 60.000 millones de pesetas...
En realidad eran 20.000 millones. Cuando me preguntaron cuánto sería el coste de fabricación completa de las dos primeras bombas, el estudio que hicimos daba esos 20.000 millones de pesetas de entonces. Pero cometí el error de decir que si la JEN no existiese, se tardaría 15 o 20 años en hacerlo y su coste se elevaría a 60.000 millones. Quería incidir en que la JEN era muy importante, pero emplearon la cifra de 60.000 con malas intenciones.
¿Era una cifra asumible para la España de los años sesenta?
Era elevada, pero perfectamente asumible para un país como España.
El gran entusiasta de la bomba fue Muñoz Grandes. Es raro que no convenciese a Franco. ¿Quién influyó negativamente en el Caudillo?
Hubo algún ministro, el de Industria, que no informó positivamente por razones políticas, no técnicas. Franco me indicó que EEUU, tarde o temprano, se enteraría y España no podría soportar otras sanciones, razón por la que en 1966 decidió posponer el proyecto.
¿Se podían realizar pruebas nucleares en España?
Al igual que el resto de las potencias nucleares que estaban realizando sus pruebas en grandes desiertos, España tenía la opción del Sáhara.
¿Qué interés había con Soria?
Fue un centro para experimentos totalmente pacíficos en trabajos de metalurgia, electrónica, etcétera. Al principio también se pensó en montar un pequeño reactor nuclear, con cien veces menor potencia que los actuales, pero cuando se firmó el acuerdo de Vandellós I se desechó esa idea.
¿Dónde se habrían construido las bombas?
Cada uno de los componentes se habría montado en una instalación militar. Pero no hubo ninguna designada. Hacía falta resolver muchos otros problemas en 1966, como reducir el número de detonadores, o el sincronismo de disparo y la metalurgia del plutonio.
Si Franco hubiera dado el visto bueno en 1966, ¿en cuánto tiempo habría tenido España la bomba atómica?
Una vez obtenido el plutonio del reactor nuclear elegido se tardaría unos seis años, ello sin incluir la prueba nuclear.
¿Qué cree que pretendía España con ese informe de dos páginas redactado para Kissinger?
Nadie me lo explicó. A mí me llamó el general Díez-Alegría, pues en el Alto Estado Mayor estaba en una caja fuerte todo el proyecto Islero. Me dijo que le preparase dos hojas en español e inglés de carácter técnico dirigidas al presidente del Gobierno y ya no sé nada más.
Con Arias Navarro se produjo un nuevo impulso que parecía definitivo.
Efectivamente, me volvió a llamar Díez Alegría para decirme que había que reanudar el proyecto y terminarlo lo antes posible. La idea era obtener cada año cinco bombas, de las cuales cuatro fueran atómicas y la quinta, termonuclear.
¿Cuánta gente estuvo implicada en el proyecto?
Hubo grupos de civiles pero solo tres militares y yo, que figuraba únicamente como director del Departamento de Tecnología de la JEN.
Si se hubieran seguido todos los pasos previstos en la directiva de Arias Navarro, ¿en cuánto tiempo hubiera tenido España la bomba nuclear?
Una vez que se hubiese construido la planta de extracción del plutonio de los elementos combustibles del reactor de Vandellós I, unos dos o tres años, ya que durante esos seis años transcurridos se había avanzado en su desarrollo.
¿Y sin ayuda de potencias amigas?
Por supuesto. Habíamos resuelto los problemas físico-matemáticos y desarrollado algunas componentes. Faltaba tecnología, que había que desarrollarla. Pero esa tecnología no era extranjera.
¿Sabe si Franco estaba al tanto del nuevo plan de 1974?
Estoy convencido de que no, porque Franco ya estaba enfermo y el asesinato de Carrero Blanco le afectó física e intelectualmente de forma significativa.
¿Cuáles fueron las estocadas a Islero?
Que destituyesen de manera impropia a Díez-Alegría del Alto Estado Mayor, que a Gutiérrez Mellado le apartasen del proyecto y que la enfermedad de Otero le impidiese seguir dirigiendo la JEN. Todos los que habían impulsado el proyecto inicialmente habían desaparecido menos yo. Y el nuevo jefe del Alto Estado Mayor dijo que si Franco había decidido pararlo (en 1966), no entendía que Arias Navarro quisiese seguir.
Sin embargo, España no terminaba de firmar el TNP. ¿Hasta qué punto estaban Suárez y Gutiérrez-Mellado comprometidos con Islero?
Gutiérrez Mellado apoyaba el proyecto desde que trabajó con Díez Alegría y había informado a Suárez, pero la presión norteamericana era enorme. Había salido un libro en EEUU en el que se decía que nos habían dado 450 millones de dólares de ayuda para disuadir los trabajos de armamento nuclear.
¿Cómo fue su reunión en Moncloa con Suárez en 1980?
El presidente era de la opinión de que España tuviese una fuerza de disuasión nuclear propia. Prueba de ello es la norma reservada de la directiva de Defensa Nacional, que él había firmado y en la que se decía que España aspiraba a ser una potencia nuclear. Pero Suárez tenía tal cantidad de problemas que este, me imagino, era uno más.
¿Por qué Calvo-Sotelo firmó tan rápido el TNP en nombre de España?
Nadie me lo ha contado.



