Francesc Homs
Homs asiste desde la barrera a las negociaciones de Gobierno. Su postura en “este minuto del partido” es un no, pero sigue abierto a hablar con el PSOE según avance el calendario y fracasen otras posibilidades de investidura.
Francesc Homs ha dejado junto a la portavocía del Gobierno catalán la imagen de duro que arrastraba. Apenas ha tardado unas semanas en integrarse por completo en el Congreso, trabajando y negociando con grupos muy dispares ideológicamente. En la entrevista se muestra relajado y cercano, sonriendo y bromeando continuamente. Solo cuando se habla de la actitud del Gobierno del PP con la Generalitat recupera de golpe el gesto serio.
¿Cree que hay posibilidades de que se acabe formando Gobierno?
Puede ser. No hay ningún dato que indique que unas nuevas elecciones vayan a resolver la situación. El coste de volver a las urnas para quedar igual es muy alto. La política saldría malparada y sería responsabilidad de todos, cada uno en su proporción, eso sí.
El cronómetro ya corre en contra.
¿Está ya el cronómetro en marcha?
Se supone que Sánchez se presentará en un mes, tenga o no apoyos.
Bueno, yo en esto tengo mi teoría. Puede que después de ese mes, venga otro mes. No lo sé. Pero sí es razonable pensar que las elecciones son un elemento fijo en los pronósticos. Y las tentaciones existen, incluso las inconfesables. Seguro que hay quien puede pensar que unas nuevas elecciones le convienen. Mi sensación es que son malas para todos, un fracaso. Y creo que eso presionará más hacia un pacto cuando el calendario avance.
Ustedes pueden ser decisivos para ese pacto. ¿Mantienen el no a Sánchez?
Es muy difícil que nosotros entremos en una dinámica de pactos. Yo lamento que determinados líderes españoles sigan con una lectura tan negativa de la propuesta de Cataluña. Entiendo que no se comparta, faltaría más. Es la lógica de la democracia. Pero la agresividad que veo en muchos discursos, hablando de fractura, como si en Cataluña hubiera violencia, sin que se le quiera dar un trato de problema político a resolver, a mí me sorprende. Es muy difícil que podamos participar de un pacto convencional.
¿Creen que es igual en este sentido un Gobierno del PP que uno del PSOE?
Desde mi punto de vista, viendo las declaraciones que hacen, sí. Me cuesta encontrar las diferencias. Y si analizamos el comportamiento de los Gobiernos de PP y PSOE los últimos diez años en relación al autogobierno, sus incumplimientos, son tal para cual. Los socialistas son una máquina de generar promesas y no cumplirlas.
Al menos se muestran dispuestos a dialogar.
No sé si es así. Pedro Sánchez dice que se quiere reunir con nosotros, pero no para negociar. Es un oxímoron. ¿Quiere hablar del tiempo? No sé si es un mensaje a su partido o a nosotros. Habla de diálogo sin vetos. Yo estaría de acuerdo, pero luego no quiere negociar con nosotros ni con ERC, que representamos la mayoría del Parlament. Poca broma. Si eso no es un esquema de vetos...
¿Hay alguna posibilidad de que se abstengan en la investidura?
Hoy por hoy yo lo veo muy difícil. En este momento nuestra posición es clara, un no. En este minuto del partido, insisto. ¿Cómo puede evolucionar? Dependerá de la actitud del PSOE. Por ahora intenta un acuerdo a tres bandas, con Ciudadanos y Podemos, en el que no se nos contempla, ni seríamos necesarios.
¿Ve posible ese pacto a tres?
A mí me cuesta creérmelo. Es mezclar aceite y agua.
Si no funciona ese pacto, ¿ustedes pondrán reivindicaciones en la mesa?
Ahora no estamos en ese escenario. Si llegamos yo escucharé lo que se me propone. Pero no voy a anticiparme. Quiero conocer la opinión del PSOE.
Ya ha tenido contactos con Podemos. ¿Qué sacó en claro?
Pablo Iglesias me llamó un día después de la rueda de prensa famosa en la que Podemos ofreció un Gobierno de coalición y hablamos un rato. Mi sensación es que Podemos da una gran prioridad al hecho de tener cargos, en contraste, por ejemplo con la CUP, también de extrema izquierda, que no quiere oír hablar de cargos y responsabilidades. Solo lo constato. Iglesias tiene una teoría muy desarrollada al respecto, sobre por qué tienen que estar en el Gobierno. Él cree que es la única forma de transformar realmente las cosas. Eso explica por qué están dispuestos a relativizar incluso el contenido del propio pacto.
¿Hablaron de la plurinacionalidad?
Le pregunté y me dijo que me lo contaría Xavier Domènech. Nos vimos con él y me lo explicó. Yo te confieso que sigo sin entenderlo. No termino de comprenderlo más allá de la expresión de una voluntad, que tampoco sé si es buena. No lo entiendo. Seré de la vieja política. Los antecedentes, Canadá y Bolivia, lo hacen para los indígenas, que no es el caso que nos ocupa.
¿Le explicó la propuesta de referéndum?
También le pregunté. Ahí habría una coincidencia. Y bueno, dicen que sí, sí sí... pero el caso es que yo no veo que en público lo pongan encima de la mesa. No sé, ya veremos.
¿El referéndum sería determinante en su posición?
Es que no está sobre la mesa. Sin esa hipótesis sobre la mesa no sería prudente por mi parte decir que ese es el tema fundamental. Sé dónde están los límites ahora, pero yo creo que sería lo más lógico y democrático. Si hay miedo a preguntar, no habrá nunca solución en Cataluña. Si piensan que se puede resolver al estilo Rajoy, pasando y dejándolo a los tribunales, no hacen más que ponernos fácil el camino.
¿Qué respuesta esperan a las leyes de desconexión que han planteado?
Espero respeto democrático.
Eso es lo que desea, supongo que no será lo que espera.
Bueno, es lo que deseo y espero. Desde luego si la respuesta es a través de los abogados del Estado y los tribunales, lo de Cataluña se les va a escapar.
¿Son esas leyes el primer paso en la unilateralidad?
Yo siempre digo que quien ha aplicado unilateralmente el marco jurídico ha sido el Gobierno de España. Hay un ley que dice que el modelo de financiación se tiene que revisar en una fecha. No se ha hecho. Actuar de forma unilateral es no cumplir los acuerdos de la comisión mixta y no pagar cuantías que ya están formalizadas. Y como esos dos, podría poner muchos ejemplo.
Pero las leyes que ustedes han planteado son claramente de ruptura.
Pero quien antes ha roto es el Gobierno del PP. La historia de Cataluña no es de un proceso histórico de secesionismo. La gente no era independentista. Esto es reciente...
No lo era ni en su propio partido.
No, ni siquiera en mi partido, aunque algunos lo hemos sido siempre. Pero incluso siéndolo, hacíamos política en un marco no independentista. Por cierto, ERC, que formalmente sí era independentista, tampoco lo reflejaba en su política. Hicieron president a Montilla. Algo habrá pasado para que todo cambie. Hay mucha gente, y muy de orden, que se ha vuelto independentista. Hasta que eso no se entienda en la política española nosotros haremos nuestro camino, pero nos gustaría hablar algún día serenamente de ello.
Las elecciones se plantearon como un plebiscito. ¿Es lógico seguir con el proceso con un 48% de los votos?
Bueno, mire la situación: por un lado, tenemos mayoría absoluta en el Parlament. Eso te obliga a llevar a cabo la política a la que te habías comprometido. Y por otro, es cierto, no alcanzamos el 50% de votos afirmativos claros. Digo claros, porque el resto tampoco se pueden computar como noes. Pero es cierto que los claros no llegan al 50%. Si no aplicas la política con la que te has presentado, ¿qué aplicas, la de Ciudadanos? Tenemos una pata en cada lado. Creemos que hay una mayoría de escaños suficiente para iniciar ese proceso, pero sabemos que no se puede culminar sin alcanzar ese 50%. Estamos preparando, anticipando, pero para culminarlo es necesario pasar de nuevo por las urnas, a través de referéndum o de nuevas elecciones. Para culminar este proceso es necesario tener como mínimo el 50% más un voto. Y a ser posible, razonablemente, más.
Cuando llegue el momento, ¿cómo convencerá a los ciudadanos para desobedecer, por ejemplo, al fisco?
Esto se verá en su momento. La independencia no se hace por fascículos. Hay un momento. Y en ese momento, repito, es necesario que haya una mayoría clara a favor. Pero es legal prepararnos para ese momento. La Constitución española ampara que haya fuerzas que defiendan otro modelo territorial o político. Puede haber partidos republicanos, por ejemplo, aunque seamos una monarquía.
Pero los cambios tienen unos cauces legales, de reforma constitucional.
Por ahora se está haciendo todo dentro de la legalidad. El único que incumple la ley es el Gobierno español. Hay sentencias al respecto del Tribunal Supremo, pero el Estado las ignora. No son ellos quienes me pueden reprochar que estamos al borde de la ley.


