Eduard Fernández
Candidato al Goya como mejor actor
“Para hacer muchas películas hay que ser actor. Para hacer una y ganar un Goya, no”
Encendiendo un cigarro tras otro, igual que Francisco Paesa, el personaje que le ha llevado de nuevo hasta los Goya, Eduard Fernández charla relajado en una terraza de Barcelona, a solo unos pasos de su domicilio. Interpretar al espía le ha cambiado hasta el gesto al fumar. Es, reconoce, un personaje que deja poso, complicado de olvidar. El 4 de febrero se sabrá si también deja premio. Sería el tercer Goya de un actor sobre el que todos coinciden que atraviesa su mejor momento.
¿Le sigue dando vergüenza recibir premios o ya lo ha superado?
Bueno, da nervios, apuro y una cierta vergüenza... cada uno es como es. Y para eso están los psicólogos [sonríe]. Es verdad que me daba cierta vergüenza. Hace años que no. Eso, la típica frase de “No lo merezco” es tener el ego mal puesto, pero ego al fin y al cabo. Ahora lo recibo con cariño, deportividad y alegría. Y sabiendo que los Goya, los Gaudí o el premio que sea no es más que una promoción para el cine y una fiesta.
El personaje de Paesa ya le ha dejado la Concha de plata de San Sebastián. ¿Eso le hace favorito para el Goya?
No lo sé. Nunca se sabe. A veces intervienen factores que no controlamos. A mí me haría mucha ilusión. Son muchas las veces durante los últimos 13 años que llevo siendo nominado sin conseguirlo. Este año me gustaría traerme el cabezón para casa.
¿Qué fue lo más complicado de interpretar a Paesa?
El personaje se las trae. Esconde mucho y muestra muy poco. Alberto Rodríguez [el director] me decía cuando rodábamos que el espectador tenía que tener ganas de verme. Con la pinta que llevo en la película, que no atrae precisamente, y la contención que caracteriza al personaje era complicado. Tenía que mentir, mentir muy bien, y a la vez que el espectador supiera lo que se le pasa por la cabeza. Con casi nada del personaje había que construirlo. Me inventé, o descubrí, que tenía puntos muy flacos. Yo creo que la empatía y las cuestiones humanas que otros personajes tienen muy a mano, este no. Amor, empatía... iba muy escaso. Y eso le sabía muy mal. Pero a la vez era bueno para ejercer su oficio, para manipular.



