César Antonio Molina

07 / 03 / 2016 Hernando F. Calleja
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Escritor y profesor universitario.

“Con lo que muchos se han llevado habría para arreglar la educación” 

Dentro de unas semanas publica libro, Todo se arregla caminando, un título que tiene algo de parábola al unir la narrativa con la filosofía y el ensayo. Exministro de Cultura, dirige en la actualidad la Casa del Lector.

Estamos en la Casa del Lector. ¿Es que el lector es una especie protegida?

Debiera estarlo. Es el hábito que nos hizo saber y tener conocimientos y, por lo tanto, nos ha hecho cada vez más libres, más responsables. Ayudó a la formación de la opinión pública, que es un elemento fundamental de la democracia. Quien no sepa leer y comprender y escribir y expresar sus ideas no será libre.

A estas alturas, ¿todavía hay que predicar la necesidad de leer?

Explicamos lo que significa la lectura, a través de todos los soportes, desde los tradicionales a los más avanzados. Y no solo a través del lenguaje sino de otras expresiones como la pintura, la música, el cine...

Hay una tendencia a sustituir la palabra por dibujos e ideogramas. En lugar de palabras hermosas como beso o abrazo, aparece un monigote que pretende expresar lo mismo.

Es una regresión o una involución, porque las letras, las palabras, la gramática son algunos de los mayores inventos del ser humano. Involucionar hacia los signos de Altamira me parece tremendo.

El lector es una especie a proteger, pero, mientras, la Administración abre la veda contra los autores. ¿Su libro La caza de los intelectuales, era visionario?

Que un Gobierno se dedique a perseguir a los creadores, impidiendo que puedan cobrar sus derechos de autor o sus pensiones y obstaculizando que puedan universalizar nuestra cultura es un desatino. ¿Merecemos la existencia como país?

Es más que un síntoma, desde luego.

Hay quien no se ha enterado de esto y parte de los problemas que tenemos se deben al abandono de la cultura y la educación. Desde siglos atrás, señaladas figuras de la cultura han reclamado la educación como la gran carencia de España. Si, además, esa educación se utiliza para enfrentar a los españoles, todavía peor. De esta manera no se puede hacer un país. Las culpas son claras, y también los culpables.

Nos movemos entre quienes ignoran o desprecian la cultura y la educación y quienes la instrumentalizan políticamente.

Los independentismos saben perfectamente lo que significan la educación y la cultura y los han utilizado como un arma política sin que los Gobiernos de España hayan sabido o hayan querido (porque podido sí que lo podían hacer) evitar la disgregación de nuestro país, que roza el imposible.

Siempre nos recuerdan la escasez de recursos.

No podemos escudarnos en ella. No es verdad. Es una cuestión de prioridades, de entender cuál es el problema. Con solo una parte de lo que se ha robado en España se podría enderezar la situación y comenzar a mejorar. Dinero siempre ha habido, pero se lo han llevado.

O sea, que sí tenemos una cultura propia, la de la rapiña.

Aquí los políticos se odian, defienden los intereses de partidos-empresa y no de los ciudadanos y el resto de la sociedad campa por sus respetos. ¿Qué futuro tenemos? El delirio, que decía María Zambrano, o el suicidio.

Grupo Zeta Nexica