Cándido Méndez
Deja su cargo en el congreso confederal que se celebra entre el 9 y el 12 de marzo y se va con la convicción de que deja tras de sí una organización fuerte capaz de hacer frente a los retos que abre para todos, incluidos los sindicatos, la nueva etapa política española.
Han sido 22 años al frente de UGT. Cándido Méndez pasa el testigo defendiendo la labor de los sindicatos, “imprescindibles”, según él, para la democracia. Han sido años difíciles, no exentos de escándalos ni de vaivenes políticos entre los que este sindicalista de 64 años ha sabido navegar.
¿Se va con pena después de 22 años como secretario general?
No me voy con pena ni con alivio. Lo hago con el convencimiento de que he hecho todo lo que ha estado al alcance de mis posibilidades para defender los intereses de los trabajadores a través de UGT. Y ello en 22 años en los que ha habido de todo y que, sobre todo, no han sido años tranquilos. Y lo más importante es que dejo una organización entera, fuerte y preparada para afrontar los cambios que ya se están produciendo en este país. Nosotros ya tenemos hechos buena parte de los deberes.
Durante su mandato ha habido épocas de bonanza y al menos dos grandes crisis... ¿no aprendemos?
Yo creo que no aprendemos a resolver las graves dependencias que tiene el modelo económico español de actividades que generan empleo precario, bajos salarios y escasa productividad. España es el país de las paradojas económicas. Tenemos empresas y enclaves industriales muy productivos que están a la cabeza del mundo y sin embargo la gran masa de trabajo que se aporta a la economía está precisamente en los otros sectores. Tendríamos que buscar un modelo más equilibrado y sostenible, que genere empleo de calidad y un Estado del bienestar que garantice la calidad de vida de las personas.
Mucho se habla ahora de la derogación de la reforma laboral...
Si se deroga sin más, lo que se genera es un vacío legal. Hay que derogarla y reponer los derechos a los trabajadores. Y eso es una necesidad nacional, porque la reforma vigente ha provocado una rebaja de salarios muy intensa, un deterioro de las condiciones laborales y un aumento de la precariedad, sin que ello se haya traducido en una mejora de la productividad. Se ha convertido más bien en un elemento de retardo para la equiparación de la economía española a la de otros países más productivos.
¿Por qué?
Pues porque se ha vuelto a incidir en un camino equivocado. El de orientar a los empresarios para que la única variable de ajuste y de cambio sea el despido, en lugar de fórmulas de mantenimiento del empleo, cambios organizativos pactados o mejoras de la capacidad tecnológica. Y además, como se ha debilitado la negociación colectiva en instancias superiores a la empresa, se ha convertido en un coladero para que aumente la economía sumergida.
Algunos empresarios, sin embargo, quieren más ajustes...
En España hay una mayoría de empresarios muy pragmáticos, que conocen muy bien la realidad de sus empresas y la evolución de la economía, que saben también que los costes laborales no son el problema, que España ha aumentado la penetración en los mercados internacionales no por el abaratamiento de los costes laborales, sino por la mejora de los servicios a los clientes o por la innovación tecnológica. Junto a ellos, hay otros empresarios que lo que hacen es lanzar mensajes ideológicos que pueden ser vistos con simpatía por los inversores financieros, cuyos intereses a veces no coinciden nada con la economía productiva, porque lo que buscan es la mayor rentabilidad en el menor tiempo posible.
Las últimas estadísticas siguen hablando de mucha temporalidad...
Con esta reforma se hacen millones y millones de contratos, de los que más del 90% son temporales. Y además está aumentando mucho el contrato a tiempo parcial, del que se abusa mucho, y ya ha habido incluso acciones contra empresarios que contrataban por diez horas a la semana cuando en realidad se trataba de trabajar diez horas diarias los siete días de la semana.
Y esto, ¿cómo se cambia?
Por dos vías. La más inmediata, cambiando las modalidades de contratación, de manera que se recupere la causalidad, que a una actividad temporal le corresponda un contrato temporal y que a una actividad fija le corresponda un contrato fijo. En paralelo, se debe trabajar en cambiar el modelo productivo, porque hay mucha actividad en sectores muy ligados a los servicios de consumo en los que se producen alargamientos de jornada con salarios por debajo de lo que corresponde, horas extras no pagadas y un largo etcétera.
¿Por dónde tendría que crecer entonces la economía?
Hay varias cosas que habría que abordar con urgencia. Una sería la política de reindustrialización, porque el peso de la industria en el PIB está por debajo de la media de la UE y lejos del objetivo de la Comisión, de que suponga el 22% en 2020. Junto a este pilar, hay otras actividades, como podría ser la rehabilitación de edificios, que además de generar empleo reduciría la factura energética y mejoraría la calidad de vida. En tercer lugar, hay un sector que genera mucho empleo, que es el de actividades no deslocalizables, vinculadas a la atención a las personas, como la dependencia, la tercera edad o la infancia, así como las actividades de atención al medio ambiente. Y todo ello sin olvidar algunas de nuestras fortalezas, como la industria agroalimentaria o el turismo.
Usted deja la secretaría general de UGT en un momento en el que los sindicatos han perdido protagonismo. ¿Se puede vivir sin ellos?
No. Rotundamente no. Y no lo digo por los afiliados. Lo digo porque una sociedad democrática no puede vivir sin sindicatos libres.
¿Por qué?
Porque los sindicatos juegan un papel insustituible en las empresas y en la disputa democrática de la distribución de la riqueza. Los representantes de los trabajadores son insustituibles. El reparto más primario de la riqueza se produce por la tensión entre empleo-salarios y beneficios empresariales. Y nosotros estamos allí. El factor de integración democrática más formidable es el empleo. Por lo tanto, la calidad de la democracia está asociada, a mi juicio, a la existencia de buenos empleos con buenos servicios públicos, y ahí los sindicatos tienen un papel fundamental.
Aun así, la percepción de los sindicatos ha cambiado...
Es verdad que desde el punto de vista de los trabajadores se ha producido una erosión de la percepción de los sindicatos a escala global, pero en el ámbito de las empresas UGT y CCOO seguimos representando a más del 70% de los trabajadores en España.
¿De dónde procede ese deterioro de la imagen general de los sindicatos?
Primero, a lo largo de los últimos diez u once años ha habido un ataque constante a los sindicatos con el objetivo de desprestigiarlos. Después se han tomado determinaciones muy lesivas para nuestra capacidad de ejercer el trabajo sindical, como la aplicación por parte de la Fiscalía del apartado tres del artículo 315 del Código Penal para perseguir el ejercicio del derecho de huelga y atemorizar a los trabajadores en una etapa de recesión. Y en tercer lugar, el deterioro de la negociación colectiva que se ha producido con la última reforma laboral.
Y ¿desde dentro...?
Pues efectivamente, a todo lo anterior hay que sumar nuestros errores, las malas prácticas que hay que reconocer, y que hemos corregido, que también han servido de caldo de cultivo para justificar algo injustificable como la ofensiva mediática tan tremenda que hemos sufrido. Pero es cierto que debemos seguir en un camino de máxima transparencia y de mejor vinculación del sindicato con los centros de trabajo. Además, se ha producido un hecho en España, en principio positivo, como la gran expectativa abierta sobre el cambio político.
Pero ¿qué tiene esto que ver?
Se ha dado entre los ciudadanos la expectativa de que si cambiaban los actores políticos iba a cambiar todo. Yo creo que eso no es así del todo, porque la política tiene límites y cuando se vea habrá también un cambio en positivo en la percepción de los sindicatos. Nosotros lo estamos viendo. Partidos políticos emergentes como Podemos, que tenían una posición crítica con las organizaciones sindicales, reconocen ahora nuestra labor y mantenemos con ellos una relación muy fluida.
Llegó a UGT con el escándalo de la PSV y se va tras los ERE de Andalucía...
Para empezar, creo que la organización podrá demostrar su inocencia en los trámites judiciales. Pero ya hemos tomado nuestras determinaciones. En UGT se han producido dimisiones o ceses de dirigentes sindicales antes de que hubiera imputaciones. No hay nadie en este momento con un cargo sindical en UGT que esté incurso en estos procedimientos judiciales. Y además hemos mejorado nuestros sistemas de control.


