Blanca Marsillach
Mientras hace la entrevista, se cambia de calcetines: “Soy una mujer, y puedo hacer dos cosas a la vez”, contesta cuando le pregunto si esperamos a que acabe la operación para charlar. La que no para es ‘Scout’, una perra canija que se sube por el sofá y por la grabadora. Marsillach está entregada al teatro social, con el patrocinio de dos empresas, Ecoembes y Ecovidrio. Le gusta viajar, leer y escribir. Se dice contenta de no formar parte de la pomada del ‘couché’. Y añade: “Estoy bastante metida en mi mundo”.
“Me meto un chute de energía cada mañana”
¿Estoy ante una hija de papá?
Yo creo que ya no. Estoy demostrando por mí misma que soy Blanca, no la hija de Adolfo Marsillach. Por supuesto, mi padre siempre está y estará ahí.
¿Cómo le dio el puntazo ecológico y de reciclaje?
Desde hace cinco años nos dedicamos al teatro social, que es otra manera de divulgar un mensaje, la importancia del reciclaje, a través del entretenimiento.
Y ahí entra en escena El cuento mágico. El logo de la obra es una bruja subida a una escoba. ¿Quién le hizo la foto?
¿Me está llamando bruja?
¿En qué lo ha notado?
No, me parecía demasiado sutil. Pero esta vez sí que lo he pillado [risas]. No necesitaron ni hacerme la foto. Estaban inspirados en mí. Yo no soy bruja de mala gente, pero sí de intuir cosas, de percibir.
¿Y qué percibe alrededor?
Pues como un vacío espiritual en la gente, falta de ilusión, de empuje.
Rajoy tiene un primo que no cree en el calentamiento global. ¿Podría ser el lobo de su cuento?
No conozco a Rajoy ni a su primo. Pero alguien que niega esas cosas podría ser el lobo, sí, que está en la negación de lo evidente.
¿De qué se compone su mundo?
De quienes me rodean en el trabajo, de gente con discapacidad, chicas en exclusión social, niños que suben al escenario a cantar energías renovables, ruedas de prensa, yoga y boxeo; de cuidar a mi madre y a mi perrita.
¿Boxea porque nunca se sabe?
Es un deporte fabuloso, un arte. Voy del bikram yoga al boxeo, el ying y el yang. No estoy nada metida en el mundo social o político. Últimamente soy más empresaria que actriz. Estoy en un momento en el que todo el amor que me han dado de forma incondicional lo quiero devolver sintiéndome útil con los sectores que considero más vulnerables.
En el cuento que representan hay un personaje llamado Héroe. ¿Pensó en el Papa, en Superman, en Messi o en Ana Botella?
Si tuviera que crear un héroe, sería Superman, por el disfraz. Pero yo no he escrito la historia, aunque sí la he producido.
¿Qué tiene que tener alguien para ser su héroe?
Me conformo con poco. Con que me venga con un traje de Superman bien planchado y bien apañado, y no se escoñe al primer intento, vamos…
¿Wert está ayudando a la cultura?
Bueno, yo no quiero entrar en política. Me dedico al teatro social sin ánimo de lucro. Y prefiero utilizar mi energía en ver qué puedo hacer con lo que me dan antes que proponer que cambien los demás para que yo pueda hacer lo que quiero.
¿Hay algún contenedor para reciclar jueces, obispos y políticos?
Todo el mundo se debería reciclar. Es importantísimo.
Ahora que nos han desmontado la historia del Yeti, que dicen que es un cruce entre oso pardo y oso polar, ¿qué nos queda?
Esperanza. Lo único que podemos hacer es crear esperanza dentro de la desesperanza, dando energía.
¿Por dónde se la inyecta?
Por donde puedo. Con una buena jeringa me meto un chute todas las mañanas. Con el deporte. Y ayudo a unas chicas que están en ex exclusión social, hago terapia con ellas. La energía me la inyecto intentando dársela a los demás sin yo quedarme sin ella.



