Beatriz Carvajal
Cinco décadas como actriz y, aunque ha hecho de todo, dice que en el teatro se siente muy a gusto porque puede transmitir en directo, sin trampas. Vuelve en clave de humor, pese a que no quiere encasillarse.
En la función que hace actualmente en Madrid, Los diablillos rojos, de Eduardo Galán y Arturo Roldán, está ingresada en Psiquiatría. ¿Lo necesita en la vida civil?
Yo espero que no, aunque por momentos todos tenemos un punto de locura. Mi personaje es en clave de mucho humor, porque es una comedia muy tierna, y tiene una histeria simple. Las histéricas parece que desarrollan mucho la parte sexual –esto, informada por una psiquiatra y por el coautor–. Y la mente de mi personaje la defiende de la soledad y del abandono, que es lo que ella sufre, poniéndole los diablillos rojos.
¿Por dónde se notan más los diablillos?
Por salva sea la parte. El personaje es muy divertido. Ella está muy contenta, por un lado, pero incómoda, por otro, porque se le aparecen cuando menos se lo espera.
¿Y a usted le pasa luego en casa?
No. A mi edad ya no noto diablillos.
Cuando sale del teatro, ¿qué le provoca más histeria del panorama circundante?
Madre mía. No suelo ser muy histérica, pero me produce histeria lo desalmados que son los políticos con muchas cosas. No se dan cuenta de que hay gente pasándolo muy mal y de que habría que atenderla. Eso me produce no sé si histeria, pero sí dolor. Por ejemplo, están haciendo mucho mal a la cultura con los impuestos que nos meten a los actores. Y dañan al espectador, al productor, a los actores, a mucha gente.
Lleva más de cincuenta años como actriz. ¿Qué le queda por aprender?
Pues todavía mucho. En esta profesión eres como un médico, que estudia toda su vida. Yo aprendí mucho de la gente con la que tuve la suerte de trabajar cuando empecé y sigo aprendiendo de la gente joven.
¿Se nace actriz cómica o más actriz en general?
Yo creo que no soy una actriz cómica. Lo que pasa es que en mi época se hacía mucho café teatro, y estando trabajando en la Boîte del pintor fue a verme José Antonio Plaza, porque buscaba a alguien para su programa 625 líneas, sobre la programación de la televisión. Y quería meter humor femenino, y no había mujeres humoristas. Le hablaron de que yo era graciosa, le parecí graciosilla y así me vi metida en el mundo del humor.
¿Usted es graciosilla?
Yo creo que soy graciosilla, que tengo vis cómica, aunque puedo hacer y he hecho clásico o drama medianamente bien.
En su monólogo A vueltas con la vida, que hizo en mayo pasado, sus heroínas eran Marilyn Monroe, Chavela Vargas, Santa Teresa y Cleopatra. ¿A cuál de ellas rescataría fuera de las tablas?
Yo rescataría a Chavela, siempre. Me pareció una mujer que se jugó la vida por el borde todo el tiempo. Un personaje fantástico.
Uno de los coautores del texto, Arturo Roldán, es argentino y psicoanalista. ¿Con esa tautología ya está dicho todo?
Pues es estupendo, porque los personajes son reales. Los dos personajes más trastornaditos, Juanjo Cucalón y yo, son casos reales que él ha tenido.
¿Qué partido cree que es el que hace más teatro?
El PP hay cosas que ha hecho bien, aunque a costa de todos nosotros. Dice que ha recuperado la economía, pero no ha sido por ellos, sino por Europa, porque la crisis era mundial. Ahí han hecho mucho teatro, pero la realidad es que esto está saliendo un poquito para adelante. A mí me gustaría que volviera el PSOE, que ya en su momento hizo cosas sociales muy importantes. Creo que la izquierda se preocupa más de la cultura, de la enseñanza, de la sanidad, porque la derecha tiende a privatizar y a hacer cosas muy raras.



