Ángela Drei
Escribir una novela, presentarla al concurso de B, ser publicada. Esos afortunados pasos dio Ángela Drei con Quiero volver a verte (2015). Ahora saca Un lugar junto al mar.
¿Estamos ante un folletín?
Absolutamente. Es el género que más se vende.
¿Por qué lo sigue siendo, 150 años después de Alejandro Dumas?
Las mujeres son mayoría entre los lectores y les gusta este género. Es así, leemos más que los hombres.
¿Pero no hay una serie de elementos comunes al género: amor, riesgo de muerte, etcétera?
Los hay en toda novela romántica. Siempre tiene que haber un amor, y terminar de determinada manera. Conocerse, tener dificultades y la conclusión. Entre medias habrá otra trama, policiaca, fantástica...
¿Viajar se usa mucho para simbolizar la liberación del personaje o la experiencia vivida?
Es una metáfora, del mismo modo que el personaje podría haber estado soñando con tener otra vida. Viajar es romper con todo lo que tienes y buscar algo nuevo. A mí me fue útil tener dos escenarios diferenciados: separan el mundo en que vive el protagonista del que realmente quiere.
¿Hubo cierto referente cinematográfico?
Quizás el libro puede parecerse a una película porque, al escribir, pienso en escenas. Me gusta el cine. Pero no me preguntes por referentes porque suelo ver películas fantásticas, de superhéroes y cosas así. No soy asidua del género romántico.
Del actual, al menos; del antiguo, sí.
¿Y referentes literarios?
Me gusta mucho Nicholas Sparks [El diario de Noa, 1996] o Sarah Lark, que también da importancia a viajar.
¿Cómo arma el argumento? ¿Una escena concreta? ¿Clava codos?
Clavar codos y pensar, siempre. Porque las cosas no surgen solas. Pero el segundo capítulo se me ocurrió mirando una fotografía y, a partir de ahí, lo que el personaje tenía que hacer. Normalmente, funciono con imágenes y música. Se puede decir que I Will Wait, de Mumford & Sons, es la banda sonora del libro. Lo escuchaba cuando escribía o cuando quería recuperar el tono.
¿Y no le ha espolvoreado algún truco editorial para vender más?
Aquí, no. Pasa que uno sabe que se mueve en un género que necesita determinadas cosas, pero no me ha hecho falta retocarlo. Al revés: si lo hubiera querido más comercial, le habría metido cosas que no metí.
¿Tiene ganas de seguir?
Tengo otra novela romántica terminada y trabajo en una de urban fantasy, una historia de amor dentro de una fantasía urbana, destinada quizá a un público más joven. En plena crisis, creo que lo que más se vende es lo romántico y lo juvenil, que incorpora mucho merchandising.



