Alicia Alonso

28 / 09 / 2015 Karmentxu Marín
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Bailarina y coreógrafa

Va a cumplir 95 años y aún saluda desde el escenario inclinándose como la prima ballerina assoluta que fue. El Gran Teatro de La Habana llevará su nombre, y está feliz porque tal honor le llegue en vida.

El Ballet Nacional de Cuba, que fundó en 1948, está de nuevo en España, con usted al frente. No les deja de la mano. 

Estamos encantados de bailar aquí, porque en España siempre nos recibieron con mucho calor y mucho amor. Y yo el ballet lo tengo en la sangre y la escena, en el corazón. Nunca lo dejaré. La nuestra es la mejor compañía del mundo, o una de las mejores a nivel internacional. Y bailamos sin complejo de ser latinos. Bailamos igual los clásicos que el Quijote, al que llevamos en la sangre.

La coreografía de Don Quijote es suya, como tantas otras. Y ha dicho que dotó al Ingenioso Hidalgo de presencia y respeto.

Quise quitarle la comicidad de otros montajes que se habían hecho. Mi versión presenta un Quijote muy alegre, pero con mucho respeto al personaje. Nada cómico.

Ha sido Odette-Odile en El lago de los cisnes y decenas de personajes más. Pero siempre se dijo que con quien auténticamente se fundía era con Giselle, su personaje más amado. ¿Es la mayor Giselle de la historia de la danza?

No sé si he sido la mayor Giselle. Sé que es un personaje que me gusta mucho, y lo he bailado con todo mi corazón. Una Giselle pasa por todo. Tiene un argumento muy lindo, en sus cuatro actos.

¿Qué hada madrina la tocó con su varita mágica para contribuir a la historia del ballet?

Creo que sí, que he hecho un aporte grande a la danza, en el sentido de bailar los grandes clásicos, aunque no fui la única. Y es cierto que yo he aportado mucho a la danza clásica. He bailado con mucha limpieza en los pies y en mis técnicas. No he hecho trucos ni cosas ficticias. Siempre he sido sumamente limpia en mis movimientos.

Una vez me dijo: “Yo soy mi peor crítica”. ¿En qué no se encuentra perfecta?

Siempre he sido muy correcta en mi técnica, muy exigente. Y también en los personajes. He utilizado esa técnica artísticamente para proyectar lo que yo quería decir o el estilo que teníamos que bailar. Era la técnica la que me llevaba a hablar, a bailar.

¿Sigue compaginando su proverbial mal genio con cierto sentido del humor?

Yo creo que sí.

Llama la atención su movimiento de manos. ¿Es la parte del cuerpo con la que más ha expresado?

No. Yo me he expresado con el cuerpo entero.

Afirma que la danza le enseñó a vivir. ¿Concebiría haber sido otra cosa que bailarina?

Bueno, ahora estoy dirigiendo, y he hecho muchas coreografías. Pero no me imagino otra profesión que no sea bailarina.

¿Qué es lo que más valora en la vida?

La vida.

¿Y qué espera de ella?

Lo que yo le pueda dar. Siempre se le puede dar a la vida: conocimiento, alegría, felicidad, amor.

¿Y su frase: “Aspiro a vivir 200 años”? ¿Va camino de ello?

Bueno, es una misión grandísima, ¿no es verdad? Yo trato de que así sea. Pero es la vida la que me tiene que tratar a mí.

Ha conocido a muchos personajes en todo el mundo. ¿Con quién le gustaría bailar?

Con mi marido. [Ríe Pedro, el marido, y pone por delante que es “muy mal bailador”].

¿Cree que a partir de ahora, con los nuevos vientos de las relaciones con EEUU, se va a bailar más en Cuba?

Yo creo que sí, porque en la isla hay una alegría muy grande. Y cuando hay alegría uno lo expresa por el movimiento. No solamente en Cuba, sino en el mundo entero. Y el cubano quiere ser feliz.

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