Alejandro Amenábar
Tiempo habla con el director español de su última película, de la vida, de la muerte y de la naturaleza humana.
“Esta película me ha convertido en ateo”
Pocas veces (por no decir ninguna) un director español ha sido capaz de hacer una película tan espectacular como interesante. Porque eso es precisamente Agora: una superproducción a lo bestia que combina el diseño y los decorados de las mejores cintas de romanos con la sustancia de Yo, Claudio. Agora es un filme colosal y, al mismo tiempo, personal. Ambientado en la Alejandría del siglo IV, con Egipto bajo la dominación del Imperio romano, narra en paralelo dos historias: la de Hipatia (Rachel Weisz), filósofa y astrónoma enamorada del conocimiento, cuyo amor se disputan dos de sus discípulos, y la lucha religiosa llevada a cabo entre paganos y cristianos primero, y cristianos y judíos después. Rodada en Malta, en inglés y con capital 100% español, Agora es la película más cara jamás producida en nuestro país. Con motivo de su próximo estreno, Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) atiende a Tiempo. Es un gusto comprobar que a pesar de sus éxitos (Tesis, Abre los ojos, Los otros, Mar adentro), no ha perdido un ápice de la humildad y amabilidad que transmitía en sus primeras entrevistas.
¿Por qué tanto tiempo desde Mar adentro? Parece usted Kubrick, que entre película y película se tiraba años...
(Sonríe) Bueno... espero que no. Yo he tardado cuatro años. Todo empezó con la astronomía. Yo estaba desesperado porque quería hacer una película. Me fui de vacaciones y me empecé a interesar por la astronomía. Jamás me habían interesado las matemáticas o la física, y, de repente, empecé a leer sobre la relatividad y todos esos personajes de la historia que habían desarrollado algo relacionado con la astronomía. Llamé a Mateo Gil, mi coguionista, y encontramos personajes muy interesantes: desde Galileo a Einstein, y eso nos llevó como un año, leyendo y viendo documentales. Y encontramos a Hipatia. Fue cuando decidimos hacer la película. Y también dependió de conseguir el dinero, que no es fácil.
Desde luego que no. Imagino que el presupuesto fue enorme.
Fueron 50 millones de euros, con total libertad creativa para mí y montaje final, lo cual, insisto, no es fácil de conseguir.
Así que se enganchó con la astronomía.
Totalmente. Porque tendemos a pensar que esto es la vida real y, de hecho, es falso. Sólo a oscuras, de noche, uno puede ver de qué va todo esto. De día, estamos cegados por la luz solar y no vemos qué es todo esto, el universo, y también la polución de la luz en las ciudades nos impide ver las estrellas, sólo vemos cinco o seis puntos. Pero cuando uno es capaz, como me pasó a mí estando en un barco en mitad del mar, sin luz artificial y sin la luz de la luna, de ver toda la galaxia, el milagro de todo eso, eso te hace pensar y te hace sentirte parte de ese misterio. Es muy emocionante, y cuando vi eso pensé: “Quizá es lo que le ocurrió a Galileo (quien en 1609 mejoró el telescopio). Quizá experimentó algo así y en ese momento decidió utilizar esa lente apuntando al cielo y fue capaz de ver los montes de la luna. Para él debió de ser muy emocionante”.
La película narra la historia de Hipatia y las luchas religiosas en la Alejandría del siglo IV. ¿Es fiel a los hechos históricos?
Yo diría que bastante. Cuando empezamos a investigar sobre los hechos históricos, sentí que quería ver el pasado. Como si mirara a través de un agujero y pudiera ver lo que realmente pasó, cómo era la arquitectura, así que volver al pasado se convirtió en mi obsesión.
Por tanto, es realista.
Muy realista. Yo quería mantener el sentimiento de experimentar el pasado porque los hechos eran interesantísimos tanto desde un punto de vista dramático como intelectual, con muchas teorías y temas interesantes. Cómo fue asesinada Hipatia, la destrucción de la biblioteca de Alejandría... Cómo un pequeño acontecimiento llevó a otro, y a otro...
¿Y todos los personajes son reales?
Sí, todos menos el esclavo, Davos (interpretado por Max Minghella, hijo del desaparecido director de El paciente inglés y El talento de Mr. Ripley, Anthony Minghella). El esclavo era un personaje clave porque nos ayudaba a ver el mundo pagano y la situación de los esclavos, y luego, convirtiéndose al cristianismo, el mundo cristiano. Las teorías científicas que aparecen en la película son muy complicadas y supongo que usted y Mateo Gil tuvieron que documentarse muchísimo. Sí, y hemos intentado contarlo de la forma más visual posible. Todo el viaje de la evolución de la astronomía, estos 2.000 años, es fascinante. Cogimos los conceptos de Kepler y se los dimos a Hipatia. Pero siempre encuentras a alguien que descubre algo, y parece que todo encaja, y luego siempre hay un detalle que no encaja. Y otra persona, 200 años después, decide investigar lo que tú habías hecho. Y lo resuelve, pero hay otra cosa, así que nunca llegas al final. Una de las cosas que dice la película es que la teoría heliocéntrica (la que sostiene que la Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol), se había desarrollado unos 400 años antes de Hipatia. Alguien había pensado que la Tierra se movía alrededor del Sol, y luego, 2.000 años después, Galileo lucha por la misma idea. Así que es asombroso cómo esas teorías van atrás y adelante.
Cuando pensó en la historia, ¿qué le resultaba más importante, el drama intelectual y las luchas religiosas de esa época o la comparación con lo que ocurre en la actualidad?
En realidad, todo. En ningún momento quise dejar a un lado la parte de la astronomía, porque todo empezó por ahí, pero nos dimos cuenta de que íbamos a hacer una película sobre el Egipto romano y al investigar vimos que hay muchos elementos parecidos a hoy en día. Así que pensé: ¿por qué no? No es que forcemos el espejo, pero ayudamos al espectador a verse a sí mismo reflejado en el pasado. Cuando miras a otra época, dices: “Esto es lo que teníamos hace 2.000 años y no ha cambiado tanto”.
¿La naturaleza humana no cambia?
Claro que cambia, pero es casi como una estrella errante. No hace un círculo perfecto, va dando giros, hacia atrás y hacia delante, hacia atrás y hacia delante. En esa época, la cristiandad siempre se ha presentado como algo muy bueno para la gente, pero su película muestra lo contrario. Bueno, es una parte de la historia que no se ha contado en las películas. Tienes la Edad Media y las historias de la Inquisición y, obviamente, algo salió mal.
Pero la Inquisición ocurrió 1.000 años después...
Sí, pero por eso digo que algo debió de salir mal cuando nos contaron las historias de los cristianos siendo perseguidos y comidos por leones, y todas esas cosas sobre la compasión... y luego saltas a la Edad Media y ves la Inquisición. La película cuenta eso. Cuando la Iglesia comenzó a estar asociada con el poder, la política y la violencia. Y comenzó a ser impuesta. Lo mismo que otras religiones en el pasado. Cuando empezó a ser otra religión más, salió mal. Yo no quería que la película fuera anticristiana. Es antifundamentalista, lo que significa en contra de cualquier grupo que intenta imponer sus ideas con la violencia.
En Agora, la revolución cristiana es parecida a la revolución comunista.
En el mundo cristiano uno sabe que si se porta bien, se ganará el cielo después de la vida y no habrá diferencias entre aristócratas y esclavos, y eso era algo muy atractivo para los esclavos. Los esclavos fueron un gran motor para la cristiandad. Esa idea debió de ser muy atractiva y eso ocurre con el comunismo.
Antes decíamos que lo que se muestra en cuanto al fundamentalismo religioso y la guerra de religiones desgraciadamente sigue siendo muy actual. ¿Cree usted que hay solución?
Yo soy optimista por naturaleza y creo que la civilización debería alcanzar un estatus mejor, así que creo que llegaremos a un punto en el que este tipo de disputas serán menos y menos, pero... la verdad es que no lo sé.
La actriz británica Rachel Weisz, ganadora del Oscar por El jardinero fiel, está fantástica. ¿Fue su primera opción?
Las caras en el cine son tan importantes como el vestuario y los decorados. Te dan realmente la idea del pasado y de la geografía, y creo que Rachel tiene la cara perfecta para el papel. Además, tiene un bagaje intelectual que le permite comprender la parte intelectual del personaje y todo lo relacionado con la astronomía, y tiene pasión, y luminosidad.
Mar adentro narraba un tema muy íntimo y ahora ha pasado a una película enorme, con muchísima gente... ¿Le ha resultado difícil trabajar así?
No, intenté estudiar como si estuviera preparando un examen. Excepto eso, el rodaje fue mucho más suave de lo que había imaginado. No tuvimos ningún gran problema, lo hicimos todo a tiempo y no ha sido mi rodaje más complicado.
Hay escenas espectaculares. ¿Cuántas son imágenes generadas por ordenador?
Me interesaba recuperar algunos de los elementos de las viejas películas de romanos y, a veces, con las imágenes generadas por ordenador tienes tantos elementos que es como si fuera una pintura, algo falso. Quería que los actores interactuaran con los decorados y tuvimos muchos actores reales, y las imágenes generadas por ordenador las utilizamos de una forma muy orgánica. A veces sólo haciendo la parte superior de los edificios o en el ágora, donde tienes un plano muy abierto. Pero no queríamos imágenes bonitas e impresionantes pero falsas, preferimos mostrar algo lo más real posible. Y la multitud, ¿es real o no? Tenemos algunas multitudes hechas por ordenador, pero la mayoría son reales.
¿Y cómo se ruedan esas escenas del cosmos, con el universo de lejos?
Es ordenador, pero también ahí intentamos luchar contra la tendencia de lo que se hace hoy en día: mostrar todo muy bonito, pero con movimientos de cámara virtualmente imposibles. Pensé: “Vamos a imaginar que estamos en un satélite y vamos a explorar el universo con un telescopio muy potente. Pero sólo podemos acercarnos con el zoom o alejarnos”. Así es como están hechas.
Sé que es admirador de Spielberg, Hitchcock... Para esta película de romanos, ¿en quiénes se inspiró?
Vimos todas las películas de romanos que pudimos encontrar. Espartaco, Ben-hur, La caída del Imperio romano, Cleopatra, Faraón, Gospels, de Pasolini, y películas como La lista de Schindler, una obra maestra, porque te coloca en el gueto, y como yo estaba intentando volver en el tiempo a Alejandría, me fijé mucho en cómo fue rodada. También una serie de Cosmos, 2001: Odisea en el espacio, por supuesto...
Cada una de sus películas parece estar hecha por un director distinto. Entre ellas son muy diferentes.
Como espectador, a mí me gustan todo tipo de películas. Una comedia que me haga reír, un drama o una de terror. Todo tipo de cine, así que como director me gusta explorar distintos tipos de películas. Creo que muchas de las cosas que cuenta Agora están también en Los otros y Mar adentro. Los grandes temas pueden ser tratados de distintas formas y yo siempre intento ver las cosas desde una perspectiva humanística.
¿Después de esta película volverá a hacer películas en español en España o seguirá con el cine internacional?
Si encuentro una buena historia, intentaré hacerla de la forma más correcta posible. Mar adentro sólo podía hacerse en español. Creo que el idioma adecuado para Agora era el inglés; la única alternativa hubiera sido rodarla en cóptico o griego y latín, y eso la hubiera convertido en algo realmente difícil.
Bueno, el actor Mel Gibson lo hizo para La pasión de Cristo.
Pero es una historia que todo el mundo conoce, y aquí hay elementos muy complejos que necesitan ser contados en el latín del siglo XXI, el inglés.
Hablábamos del Oscar que ganó por Mar adentro. ¿Sintió la presión del éxito con el siguiente proyecto?
Siento presión una vez que la película está acabada y tienes a los inversores que han apostado por ti y no quieres decepcionar a nadie, y en este caso, son 50 millones de euros... Lo que me gusta es ser libre y sorprenderme a mí mismo, pasármelo bien y escribir la película que me encantaría ver en los cines.
Y haciéndola, ¿ha aprendido algo sobre usted mismo?
Yo aprendo de todas mis películas. Cuando hago una película aprendo porque tengo que investigar, y definitivamente con ésta he aprendido muchísimo. Además, simplemente hablando de astronomía he hecho nuevos amigos. El asesor de astronomía de Agora ahora es uno de mis mejores amigos. Hacer Mar adentro me hizo pensar muy seriamente y de una forma muy relajada acerca de la muerte. Y asumirla. Y creo que en ese momento, o tal vez con esta película, me he dado cuenta de que ya no soy agnóstico, sino ateo.
Agnóstico, ateo... ¿Ha cambiado su idea sobre la muerte?
No, no es que haya cambiado mi idea sobre la muerte, realmente no creo que haya nada después de la muerte, pero ha cambiado mi idea de que como persona con experiencias, cuanto más vivimos, más nos tenemos que enfrentar a la muerte y afrontarla. Uno tiene que aprender a vivir con la idea de la muerte. Creo que es bueno encararse a ella, como hizo Ramón Sampedro. En mi caso, procuro mirar a la muerte desde el punto de vista de la vida. Por eso la vida es tan importante para mí e intento hacer todo lo que quiero explorar.
Es una persona muy calmada. ¿Nunca se cabrea y pierde los nervios?
Generalmente no (sonríe).
¿Tiene ya un nuevo proyecto?
(Sonríe) Asustar a la gente es muy divertido, así que es posible que vuelva al terror.



