Alberto Vázquez Figueroa
‘Coltan’ (Ediciones B) es una novela repleta de acción, intrigas y tramas paralelas. Este periodista/escritor lleva ochenta libros publicados traducidos a veinte idiomas.
Ha escrito sobre la violencia islamista contra las mujeres. ¿Está de acuerdo con la ministra de Igualdad en sus críticas al uso del velo?
Sí. Las civilizaciones, cuando llegan a un lugar, deben respetar sus costumbres. De la misma forma, cuando he ido a Dubai, mi mujer no se ha paseado con minifalda. Y voy más allá. Ningún país africano aceptaría a un blanco en la presidencia de un país; ningún país musulmán acep taría que un no musulmán fuera presidente de un país musulmán. Sin embargo, tenemos a un candidato negro que puede llegar a ser presidente de Estados Unidos. Todo ello indica que los blancos somos los menos racistas del mundo.
Hablando de literatura, ¿cómo siente que le han valorado?
Los lectores muy bien, puesto que llevo vendidos 25 millones de libros. A los críticos ni me molesto en leerlos.
¿No lee las críticas sobre sus libros?
Leo las opiniones de mis lectores. Agradezco especialmente las críticas que resaltan los aspectos positivos como aquellas en las que debería mejorar. Éstas, para mí, son las más útiles.
Mario Vargas Llosa sostiene que escribir una novela equivale a hacer striptease al revés. ¿Está de acuerdo?
No. Es como hacer el amor con una señora que te encanta y encima te pagan.
¿Cuánto tarda en escribir un libro?
El que menos tardé, El perro, lo hice en un fin de semana, y Tuareg, en un mes. Si tardo más me aburro como un enano.
Está claro que no le cuesta escribir…
Me sale fácil, lo difícil es que me salga bien. A veces se acierta y otras no. Es como hacer el amor con una mujer, que no siempre se tiran cohetes sino que puede quedarse en una faena de aliño.
Cuando no trabaja, ¿qué hace?
Me divierten tres cosas: escribir novelas, hacer el amor y jugar al dominó.
¿En ese orden?
Depende del horario.
‘Coltan’ se desarrolla en Estados Unidos, Brasil, Congo y Cuba. ¿Conoce bien esos países?
En África viví 21 años, fui corresponsal de La Vanguardia en Brasil durante un año y a Estados Unidos voy con frecuencia, aunque volveré el día que se marche Bush.
¿Están de moda las novelas de acción?
Yo las empecé a escribir hace cincuenta años, pero el objetivo no es escribir libros repletos de intriga, sino hacerlo bien, que es lo único que funciona. En Coltan he querido contar una historia, pero era imposible hacerlo linealmente; había que utilizar el recurso de las tramas paralelas.
¿Las multinacionales tienen mucho que esconder en el Tercer Mundo, como usted denuncia?
Las multinacionales machacan hasta a su propia gente. No les importa hacerlo a blancos o a negros. Ellos van a ganar dinero, caiga quien caiga



