Vuelve lo que China se llevó
La subida de los costes en el país asiático empieza a provocar el regreso a España de los inversores. Es lo que se llama relocalización.
China ya no es lo que era”. Luis Berbegal no encuentra una manera más sencilla de explicar la situación actual. Es presidente de Injusa, uno de los fabricantes de juguetes españoles de mayor relevancia, con un volumen de ventas de 20 millones de euros en el último año, y sabe de lo que habla.
En 2001, Injusa comenzó a llevar parte de su producción al país asiático. “Hacíamos allí la fabricación íntegra del 35% del juguete terminado”, explica Berbegal. Se deslocalizaron a Dongguan, en el sureste de China, a la zona conocida como el corazón de la producción juguetera mundial. “Y la verdad es que no nos fue nada mal –se sincera–. Cuando nos fuimos pensábamos que era imposible que algún día pudiésemos volver, en cambio, aquí estamos”. En octubre de 2010 tomaron otra decisión importante: volvían a traer la producción completa a España.
Juguetes españoles.
Como Injusa, más empresas de la industria juguetera que se fueron a fabricar a Asia están volviendo a la zona del Mediterráneo, principalmente a España. De momento son un 3%. Aunque parezca un dato nimio no lo es, pues supone que se fabricaron aquí juguetes por valor de 40 millones de euros facturados en el último año. Además, las previsiones son alentadoras. “Es un porcentaje que irá en aumento -cuenta a Tiempo José Antonio Pastor, presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), la patronal del sector-. Quizá no mucho y poco a poco, pero se incrementará debido a que determinados factores externos hacen que sea más ventajoso producir en España que fuera”.
¿Y cuáles son estos factores? Los motivos de esta relocalización coinciden en los sectores consultados por esta revista: la subida de los costes de mano de obra, del transporte y los aranceles y de las materias primas.
“Es un tema de márgenes estrictamente –explica Berbegal–. Cuando decidimos irnos los márgenes en Europa se estaban reduciendo a un ritmo muy acelerado, y ahora, diez años más tarde, los márgenes en China son muy parecidos a los que tenemos en España, con lo cual no tiene ningún sentido estar allí”, sentencia.
Lo mismo ocurre en el sector del textil, donde un 15% de las empresas deslocalizadas han vuelto a casa. “Si sumamos el encarecimiento de la mano de obra, del transporte y de los aranceles, nos damos cuenta de que no hay tanta diferencia en estos momentos con lo que podemos hacer en España”, explica José María Municio, gerente y miembro del consejo de administración de Merletti, matriz de Dándara, la marca de ropa con que se presenta al público, y una de las empresas textiles que ha decidido volver a España después de estar ocho años produciendo en Dalian, al noreste de China.
Y es que en los últimos años los costes laborales han aumentado en China un 20%, fundamentalmente por la reforma de la ley laboral llevada a cabo por el Gobierno en 2008, que establecía la obligatoriedad del pago de las cotizaciones a los trabajadores del país.
Mientras, España se sitúa a la cabeza de Europa en reducción de costes laborales. Según el Tercer Informe sobre Industria 2013 publicado por el Consejo General de Colegios de Economistas, entre 2008 y 2011, cuando los costes laborales unitarios crecían un 6,5% en el conjunto de la Eurozona, en España descendieron un 4,3%. Y esta tendencia a la baja se mantiene, porque los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al último trimestre de 2012, revelan una disminución del 3,2% con respecto al mismo periodo del año anterior. Así, los costes laborales se sitúan actualmente en las tasas más bajas desde que comenzara a elaborarse este tipo de encuestas, en el año 2000.
Reforma laboral.
España se encuentra entre los países con unos costes laborales más bajos de la Unión Europea. Según el último estudio comparativo publicado por Eurostat en 2012, los trabajadores españoles cuestan de media (cotizaciones sociales incluidas) 20,6 euros por hora, siete puntos por debajo de la media de la Eurozona, y lejos de los 39,3 euros que cuestan los asalariados de Bélgica y los 34,2 de los de Francia, los países con los costes laborales más altos.
China se encarece y España se abarata, aunque sea ligeramente. Pastor explica que “el diferencial del factor clave, que es la mano de obra, todavía sigue siendo muy elevado”. Sin embargo, esta distancia disminuye, y eso facilita la vuelta, que no está exenta de esfuerzos. “La diferencia ya no es tan grande como antes, por lo que hemos decidido asumirla bajando nuestro margen comercial entre un 10% y un 15%”, explica Municio.
“Pero no me gustaría que se pensase que volvemos solo por los salarios”, dice Ángel Asensio, presidente de la Federación Española de Empresas de Confección (Fedecon). Aunque la subida de los costes hace de China un país cada vez menos competitivo, en lo que respecta a la confección hay otro factor clave que explica la vuelta: “Trabajando fuera no podemos dar la agilidad que el mercado requiere actualmente –dice Municio–. El consumo ha caído y nuestros clientes ahora compran en cantidades más pequeñas. Si la venta de un producto va bien, es necesario que haya agilidad de repetición para que un segundo pedido esté en tienda en quince o veinte días”, un plazo que puede hasta triplicarse si la fabricación se hace fuera.
Algo parecido ocurre en el sector del juguete. “El punto de inflexión lo ha marcado el descenso del consumo por la crisis. No podemos quedarnos con stock y para ello lo mejor es encargar la producción a un proveedor local, que permite más flexibilidad e inmediatez”, corrobora Pastor.
El mercado chino es en ocasiones muy rígido y tiene sus propias normas de producción (grandes cantidades de pedido, largos tiempos de espera y pago por adelantado con carta de crédito), y no resulta fácil cumplir estas exigencias en plena crisis económica, con un consumo en recesión y una financiación cada vez más cara. La falta de controles de calidad y la inestabilidad del personal subcontratado son otros motivos que, según Berbegal, han propiciado la vuelta de Injusa al conocido como Valle del juguete, en la localidad alicantina de Ibi.
El verdadero problema.
Pero las consecuencias de una deslocalización generalizada no atañen solamente a la pérdida de competitividad en el mercado mundial. Para Valentí Pich, presidente del Consejo General de Colegios de Economistas, el concepto común que se tiene del término deslocalización “es una falacia”, y explica que no solo ha consistido en el traslado de la producción a otros países. “Lo que de verdad ha ocurrido es que se ha destruido un tejido industrial, una red que ha cerrado y que es complicado que pueda volver a crearse”.
Pocos datos.
Los datos referentes al número de empresas desaparecidas en España con motivo de la deslocalización son prácticamente inexistentes, aunque son patentes las consecuencias de esa desaparición industrial. En el sector del juguete hay partes de obligada importación. “Hemos traído toda la producción a España excepto un 2%: los componente electrónicos y las baterías, que no podemos producir aquí porque ya no existen fabricantes”, afirma el presidente de Injusa
Y quizás esto es motivo también para que las cifras de relocalización crezcan tan lentamente. “No vuelven tantas empresas como nos gustaría porque no tienen dónde volver”, cuenta Berbegal, y explica cómo las parcelas que ocupaban antiguos fabricantes españoles que actualmente producen en China ahora son edificios de viviendas.
Pero parece que no está todo perdido y, aunque se haya destruido una parte importante del tejido industrial, actualmente se abre un atisbo de recuperación gracias al soplo de “una brisa exterior favorable”, asegura Pastor. Este aire que viene de fuera proporciona cierto respiro dentro de las fronteras españolas. Con su regreso, Dándara, la marca comercial de Merletti que llegó a fabricar entre el 60% y el 70% de su producción fuera, ha creado dos nuevos puestos de trabajo directo y 300 indirectos, “dando la posibilidad de que talleres que estaban cerrados se abran en forma de cooperativas”, explica Municio. Es lo que él mismo llama “hacer patria”: ayudar a la recuperación del país poniendo su granito de arena.
Creación de empleo.
Injusa también es un “caso atípico”, en palabras de su propio presidente, dentro de este huracán de destrucción de empleo que es la crisis: han hecho 30 nuevas contrataciones para poder absorber la producción que trajeron de China. Y la brisa parece que sopla más fuerte cuando en las ferias internacionales el made in Spain es un valor añadido. “En Rusia les encanta que en las cajas de nuestras muñecas ponga bien grande ‘100% hecho en España”, cuenta con sorpresa Pastor. Pero aún queda mucho por hacer. “Lo que sería necesario es que dentro se nos diesen también mayores facilidades para que esto se convierta en algo estable”, dice el presidente de la AEFJ, señalando la falta de financiación como uno de los principales motivos de asfixia de la industria española.
Para el economista Pich es necesario hacer un replanteamiento de la estrategia industrial. “No se trata de fabricar mucho, sino de fabricar bien, con un valor añadido y con productos y personal especializados”, explica. Apunta hacia un cambio de mentalidad significativo, pero no completo, y ante la falta de productos con valor añadido, las políticas económicas parecen estar dirigiéndose hacia el abaratamiento de los costes. “Si no tenemos productos con valor añadido hay que competir por precio, con unos costes más bajos”. “¿Y cómo se reducen los costes?”, se pregunta retóricamente, para enseguida dar él mismo la fulminante respuesta: “Perdiendo derechos. Todos”.



