Silencio del Ibex hasta nuevo aviso

31 / 03 / 2016 José María Vals
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Los integrantes del Consejo Empresarial para la Competitividad van a mantener el silencio colectivo hasta ver qué ocurre con la situación política española. La tensión interna aconsejaba un periodo de reflexión.

El Consejo Empresarial para la Compe- titividad, en una reunión en el palacio de la Moncloa con Mariano Rajoy, en 2014.

El Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) acaba de superar su quinto cumpleaños (nació en febrero de 2011) en un momento poco propicio para que los empresarios interfieran en la actividad política. El presidente de la institución, César Alierta, ha impuesto un periodo de silencio, “hasta ver qué pasa con la formación del nuevo Gobierno o si hay elecciones anticipadas”. Esta es la justificación que se da en fuentes cercanas al CEC consultadas por TIEMPO, que no ocultan las tensiones vividas en los últimos meses a raíz de los resultados electorales del 20-D y “las diferentes sensibilidades” que se respiran entre los empresarios que lo conforman.

El último de estos momentos de tensión se vivió en las horas previas al pasado 18 de enero, día en el que el Consejo iba a celebrar una reunión que finalmente quedó desconvocada in extremis. El problema no fue de agenda de los participantes ni que no estuviera prevista la presencia de ningún cargo público, porque el Gobierno estaba en funciones. La tensión se había ido acumulando durante las semanas anteriores debido a las peticiones de unos y otros sobre lo que debían hacer y decir los empresarios
 reunidos ante la actual situación política.

De los quince presidentes de empresas que están en el CEC, una gran mayoría son partidarios de mantener la más estricta y escrupulosa neutralidad ante los acontecimientos políticos, “porque mande quien mande en el próximo Gobierno tenemos que convivir”, señalan las fuentes consultadas. Sin embargo, hay algunos que mantienen posiciones algo más combativas y también están representados quienes creen que además de ser neutrales hay que decirlo.

Esta diversidad de opiniones fue la causa principal de que la primera reunión prevista por el Consejo tras las elecciones generales quedara suspendida. El acto había sido programado para el 22 de diciembre, pero los resultados de los comicios habían abierto un periodo de incertidumbre “que era necesario madurar” para no tomar decisiones o redactar comunicados que pudieran volverse en contra de este grupo de empresarios a los que muchas voces identifican genéricamente con el Ibex.

La reunión quedó pospuesta inicialmente para el día 11 de enero, después de las fiestas navideñas, con un doble objetivo: dar tiempo a los asistentes para pensarse muy bien los argumentos con los que acudirían a la misma y dar tiempo también a los grupos políticos para avanzar en alguna dirección para la formación de Gobierno. Todavía faltaba por ver también cuál sería el primer encargo del rey Felipe VI en busca de candidato, pero los movimientos de los partidos posiblemente habrían dado una pista para entonces.

Una vez más, y con un frenético ritmo de llamadas cruzadas, el director del CEC, Fernando Casado, tuvo que desmontar la reunión en pocas horas. “Parece que algunos de los asistentes insistían en redactar un comunicado reclamando estabilidad y continuidad en las reformas”, en clara alusión a los peligros de un Gobierno formado por un pacto de izquierdas. Entre los partidarios más vehementes de esa postura figuraba, según las fuentes consultadas por TIEMPO, el presidente de BBVA, Francisco González, defensor a ultranza de una toma de posición clara de los empresarios ante la opinión pública.

Neutralidad anunciada

  Otros de los integrantes del Consejo eran más partidarios, sin embargo, de mantener la neutralidad y de seguir con las reuniones periódicas (en teoría debe haber una cada mes) al margen de la situación política. Un tercer grupo, en el que se encontraría el propio presidente, César Alierta, defendía la necesidad de hacer patente esa neutralidad empresarial, ya que reunirse sin decir absolutamente nada sobre la situación política podía ser contraproducente, porque podía ser interpretado como pasotismo empresarial y no están los tiempos para manchar innecesariamente la imagen de las grandes compañías españolas.

La reunión volvió a quedar aplazada, esta vez para el 18 de enero. Nuevamente tuvo que ser desconvocada pocas horas antes, porque las posturas seguían siendo las mismas. Fue entonces cuando desde la presidencia del Consejo se dio la instrucción de que habrá silencio empresarial, no habrá comunicado explicitando la neutralidad del CEC, pero tampoco los habrá de otro tipo, y mucho menos habrá reuniones ordinarias como si nada estuviese pasando en España.

A raíz de esta suspensión del 18 de enero, no pocos espectadores de la situación han apostado por una muerte lenta del Consejo Empresarial para la Competitividad. “Si no es un servicio de estudios que haga sesudos informes económicos ni es una patronal al uso, como la CEOE, muchos dan por finiquitada la función del Consejo, pero eso está por ver”, comentan las fuentes consultadas. El silencio impuesto es más una medida de prudencia que una eutanasia. Una desaparición abrupta del CEC tampoco sería beneficiosa para la imagen de los grandes empresarios españoles, que podrían ser vistos como un grupo que se disuelve cuando aparecen dificultades en forma de incertidumbre política.

El CEC nació en otro momento político convulso, el 21 de febrero de 2011, pocos meses después de que el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hubiera iniciado la adopción de las medidas de ajuste exigidas por el BCE tras explotarle en las manos la crisis económica que se había negado a reconocer hasta ese momento.

Zapatero se llevaba muy mal con la CEOE y creía tener rotos los puentes de diálogo con el mundo empresarial. El presidente del Gobierno había convocado en noviembre de 2010 a 44 empresarios para tratar de la situación política y volvió a hacerlo en marzo de 2011, a pesar de que desde la CEC habían llamado a La Moncloa para aclarar a Rodríguez Zapatero que el Consejo no había sido creado en su contra.

No es la primera vez, pues, que este grupo de reflexión, como fue definido en su inauguración, ha atravesado por tensiones con la situación política de por medio. Su fin fundacional es el de aportar ideas a la sociedad y que las empresas recaben información de sus respectivos gabinetes de estudios para ponerlas en común. El tiempo dirá si el cambio político que ha tenido lugar en España acaba con el CEC o le da más fuerza

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