No es lo mismo mejorar que estar bien
Hay datos que muestran una mejora temporal, pero en el fondo esconden un saldo total mucho peor
La información recogida por los medios de comunicación sobre datos económicos suele confundir el comportamiento de los flujos con la evolución de los stocks. Esto ocurre, entre otras variables, con los datos de creación de empleo y el paro, o con el déficit público y el nivel de deuda pública.
El flujo es relevante en tanto en cuanto afecta al stock, aumentándolo o reduciéndolo. Así, se presenta como una mejora la reducción del déficit público (flujo), por ser este inferior al del año anterior, aunque dicho dato implique un empeoramiento del nivel de stock de deuda: menos déficit en el año pero más deuda acumulada.
Desde los niveles actuales de stock de deuda o de paro, no será suficiente una buena evolución de los flujos para situar los stocks en niveles sostenibles. Por tanto, será imprescindible tomar otras medidas adicionales distintas de esperar a una mejora ordinaria del flujo.
En el caso de la deuda pública, pese a la reducción esperada del déficit público, seguirá aumentando por lo menos hasta 2019. De acuerdo con los objetivos de estabilidad presupuestaria, el déficit de las administraciones públicas españolas pasará del 5,1% en 2015, al 4,6% del PIB en 2016. Pese a la mejora en la reducción del déficit, el nivel absoluto de deuda pública habrá aumentado en casi 100.000 millones de euros en apenas dos años.
El nivel máximo de deuda pública admisible exigido por el Tratado de Maastricht para cumplir los criterios de incorporación al euro era del 60% del PIB. Desde los actuales niveles, en torno al 100%, no se puede aspirar a llegar a dichos ratios mediante el mero devenir de los flujos anuales de las cuentas públicas, que todavía seguirán mostrando déficits en los próximos años
En las empresas
Poniendo el foco ahora en el sector privado, las empresas tienen varias vías para reducir su nivel de deuda: en primer lugar, vender activos y en última instancia, negociar una reestructuración de los créditos con sus acreedores. Son numerosas las noticias de venta de activos para reducir deuda. Compañías como ACS, OHL, Acciona o FCC han acometido, o están acometiendo, dicho proceso, comunicándolo además como objetivo de cada una. Otras empresas, como las autopistas en concurso de acreedores, no pueden vender activos y se ven abocadas a reestructurar su deuda, con quitas y/o diferimiento de vencimientos.
Así como las empresas con elevados niveles de deuda venden activos para reducir su stock de deuda, las administraciones públicas deberían hacer lo mismo. Lamentablemente no se dispone de un balance con activos y pasivos totales de las administraciones. Se conoce su balance financiero, que incluye sus activos y pasivos financieros, pero no otros activos no financieros como, por ejemplo, los inmuebles.
Mientras los tipos de interés sigan anestesiados por la actuación del BCE, parece que no importa el stock de deuda. Sin embargo, si se quiere que dicho nivel sea sostenible en el tiempo, además de dejar de incrementarlo con nuevos déficits públicos, habrá que comenzar a reducirlo por vías extraordinarias, empezando por la venta de activos. Más vale hacerlo antes de que la única solución sea la menos deseada por todos.



