Ni inflación ni deflación: desinflación
El autor critica el empecinamiento de los bancos centrales en combatir la baja inflación con más dinero.
Cuando los mercados financieros entran en un periodo de convulsión y elevada volatilidad, la información económica copa las portadas de los medios escritos y los minutos principales de los noticiarios. La información se transmite dando por hecho que determinados conceptos económicos son conocidos por el gran público, cuando realmente no es así.
El 10 de marzo el Banco Central Europeo (BCE) volverá a tomar medidas no convencionales para lograr que la inflación se acerque al nivel fijado como objetivo por la entidad: cercano pero por debajo del 2%.
La inflación recoge la variación de precios de una cesta de la compra predeterminada en un mes respecto al mismo periodo del año anterior. Dicha cesta pretende ser un reflejo del gasto medio del conjunto de hogares de una economía. Tradicionalmente los bancos centrales han luchado contra niveles elevados de la inflación. La subida generalizada de precios provoca un empobrecimiento de la mayor parte de la población y una pérdida de competitividad internacional de los productos fabricados en dicha economía. Cuando existe un riesgo cierto de inflación los bancos centrales suben los tipos de interés.
Actualmente asistimos a una situación inédita, en la que los niveles de inflación son negativos a nivel europeo (-0,2%). Los precios no solo no suben, sino que en conjunto el Índice de Precios al Consumo baja. Esta situación en sí no tiene necesariamente que ser perniciosa, pero despierta los temores a una deflación, o bajada continuada y generalizada de precios. Se considera que la deflación es nociva porque si los consumidores y los inversores prevén que los precios van a descender continuamente, diferirán sus decisiones de consumo o inversión provocando una caída de la actividad económica.
El petróleo.
Pese a la situación actual de inflación negativa (-0,2% en la Eurozona, y -0,8% en España) es absurdo hablar de deflación. De no ser por la brusca caída de los precios del petróleo la inflación se situaría en niveles positivos. La caída de precios no está generalizada entre los 90 componente que integran la cesta de la compra del Índice de Precios (español). Se concentra en los sectores muy vinculados con el precio del petróleo como transporte, electricidad o gas. Para que la inflación siga en niveles negativos a lo largo del tiempo, sería necesario que el precio del petróleo siguiera bajando de forma permanente. Simplemente con que se mantenga en los niveles actuales, al cabo de un año deja de drenar al nivel de la inflación. Cualquier subida desde los niveles más bajos provocará inflación al cabo de un año, al comparar con los niveles existentes un año antes.
La globalización provoca que la competencia en precios sea cada vez mayor en cualquier sector abierto a los mercados internacionales. Esto provoca una continua presión “desinflacionista” o de baja inflación. Tomar medidas extremas como provocar que los tipos de interés sean negativos provocará más efectos perniciosos que beneficiosos.
El Banco Central Europeo previsiblemente volverá a bajar los tipos de interés, situándolos más en negativo, con la excusa de lograr una subida de la inflación. Adicionalmente ampliará la cantidad de bonos adquiridos e incluso anunciará la compra de bonos corporativos. Previsiblemente no logrará subir el nivel de la inflación, pero lamentablemente distorsionará aún más la valoración de los activos.


