Nace una fábrica de empresas
El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha puesto en marcha unas nuevas instalaciones en Valencia con la idea de convertirlas en una auténtica “fábrica de empresas” dedicada a los emprendedores
Cuenta Juan Roig, presidente de Mercadona, que un entrenador de baloncesto le enseñó que los fracasos no son el fin del mundo, que lo que se necesita para ganar es lograr que el porcentaje de aciertos sea mayor. Esto, trasladado al mundo de la creación de empresas, es lo que quiere ahora transmitir a los emprendedores.
La última iniciativa de Roig, inaugurada hace poco en Valencia, ha sido la de convertir la antigua marina de la ciudad levantina en una “fábrica de empresas”, con la que el presidente de Mercadona asegura que se empieza a hacer realidad uno de sus sueños: “Ayudar a otros emprendedores a que consigan los suyos”.
La sede de este ecosistema de emprendedores, que conforman EDEM, Lanzadera y Angels, se enmarca dentro del compromiso del empresario por dejar un legado a la sociedad. La Marina de Empresas se ubica en la Marina Real Juan Carlos I, en tres antiguas bases de la Copa América, y cuenta con una superficie aproximada de 18.000 metros cuadrados construidos. Un total de 9.000 metros se destinan a la escuela de empresarios EDEM, fundación sin ánimo de lucro cuyo patronato está formado por más de 27 empresas de reconocido prestigio que se ubica en la antigua base de BMW-Oracle. Su misión es la formación de empresarios, directivos y emprendedores, así como el fomento del liderazgo, el espíritu emprendedor y la cultura del esfuerzo.
En los 9.000 metros restantes se sitúan Lanzadera, aceleradora de empresas que genera las condiciones necesarias para contribuir a que los emprendedores puedan crear empresas eficientes, que aporten valor a la sociedad e implanten un modelo empresarial sólido; y Angels, sociedad de inversión que invierte en líderes emprendedores para desarrollar empresas sostenibles dentro de una gestión basada en el Modelo de Calidad Total. Ambos proyectos, ubicados en las antiguas bases de Shosholoza y +39, están impulsados con la implicación personal y capital privado de Juan Roig.
El proceso de ejecución de las obras, en las que Roig ha invertido 30 millones de euros, ha tenido una duración de 13 meses y ha contado con la participación de más de 30 pymes. Desde el punto de vista arquitectónico, el complejo es resultado de un proceso de reciclaje urbano y aprovechamiento de las antiguas bases. Se ha mantenido la estructura, a la que se han añadido un millón de kilos de acero, se ha dotado a las instalaciones de la última tecnología y se han utilizado materiales innovadores en su exterior para mejorar su durabilidad.
Para Roig, el objetivo último de estas instalaciones es crear una auténtica fábrica de empresarios. “Nosotros –dice– lo que hacemos es poner el caldo de cultivo”. En su discurso de inauguración, el presidente de Mercadona dejó clara la meta: “Queremos impulsar a empresas, empresarios y ejecutivos para crear entre todos una cultura empresarial cada vez más amplia, más sólida y más ejemplar, porque la iniciativa empresarial es clave para la prosperidad de nuestro país”. Aprovechando la situación física de las instalaciones, frente a las aguas del Mediterráneo, Juan Roig dijo que la aventura de empresarios y directivos tiene mucho que ver con la salida al mar de un barco. Y volviendo a lo de los porcentajes de éxito y fracaso, señaló que algunos se hundirán en el empeño, pero que otros se convertirán en trasatlánticos.
Teoría y práctica. Quizás una de las señas de identidad que más definen a esta escuela de negocios es la implicación de los empresarios en transmitir sus experiencias a los alumnos. No todo es teoría. Y para ello se desarrollan algunos másteres entre los que ya se ha hecho famoso en los últimos años el llamado quince por quince, un curso en el que los alumnos pasan quince jornadas de trabajo con quince empresarios que les enseñan cuál es su realidad diaria.
Pero aparte del efecto dinamizador que estas instalaciones tendrán en la dársena valenciana, para Juan Roig, este proyecto hecho realidad es, según sus propias palabras, la contribución que quiere hacer al mundo empresarial para devolver a la sociedad parte de lo que ha recibido a lo largo de su vida. “He recibido mucho de mi familia, de la empresa que presido y de la sociedad”, dijo en la inauguración, para añadir después que desea “dar a los empresarios para que luego ellos a su vez den a la sociedad”. Tras insistir en que la honestidad, la ética y la persistencia son valores clave para cualquier empresario, el presidente de Mercadona insistió en que “hay que ganar dinero respetando a la sociedad, a los trabajadores y a todo el mundo porque si no, no vamos a conseguir bienestar para la prosperidad del país”.
Para Roig, un emprendedor es “alguien que sabe ver oportunidades que otros no ven”, alguien que asume riesgos, “algo que a nadie le gusta”, y que además de concentrarse en las necesidades de los clientes, “debe ser inconformista y radical”. Él mismo fue un emprendedor y en cuanto tiene ocasión suele repetir que “si hay emprendedores, hay empresas, si hay empresas, hay empleo, si hay empleo, hay riqueza, y si sabemos gestionarla y somos honrados, hay bienestar”.
Sobre la extensión de todos estos valores entre los nuevos empresarios que salgan de las aulas de este proyecto Roig señala que hay que inculcar dos lecciones: “Primero hay que dar y después pedir y exigir, y si recibes tienes que devolver sin preguntar si otros lo están haciendo”. Y algo fundamental: “No vale todo. Hay que respetar los valores y contribuir a la sociedad. Hay que pagar los impuestos que a cada uno le toque pagar”.
Las tres fases de Lanzadera. Las nuevas instalaciones acogerán también las dependencias de la incubadora de empresas Lanzadera, que en el curso 2014-2015 ha celebrado ya su tercera edición y que impulsa proyectos novedosos hasta convertirlos en empresas de éxito. Su objetivo es dejar en la sociedad 200 nuevas empresas en funcionamiento en diez años y ya ha dado pasos para lograrlo (ver gráfico).
En todas las ediciones, las tres fases son idénticas. Tras la selección de los proyectos entre los cientos que llegan, se constituye el vehículo jurídico que da cuerpo legal a la nueva empresa, se elabora un plan de negocio, se inicia su desarrollo y todo ello con una financiación de hasta 100.000 euros. En la segunda fase, las que hayan superado la primera elaboran nuevos proyectos de desarrollo y cuentan con financiación de hasta 200.000 euros. Y así se llega a la tercera, denominada “mar abierto”, en la que el proyecto ya puede ser autosostenible o necesitar nueva financiación, que la lanzadera le ayudará a encontrar.


