Más dudas que certezas en bolsa

18 / 02 / 2016 José María Vals
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Cuando las bolsas suben y bajan sin motivos categóricos se habla de volatilidad y de dudas. Este es uno de esos momentos, en los que mantener la calma parece la opción más adecuada.

Las cuentas de algunos bancos y los rumores han alimentado vaivenes en las primeras semanas de 2016.

De la ansiedad al pánico solo hay un paso. De hecho, quienes saben de esto dicen que un ataque de pánico es una crisis de ansiedad muy intensa. Y algo de eso hay en lo que viven las bolsas desde que comenzó enero. Los inversores han asistido a una avalancha de noticias y rumores no muy positivos con el pie cambiado. Para remate, una de las referencias que todos buscan en casos como este (la versión china del peligro) estaba de vacaciones entre el 8 y el 12 de febrero por la celebración del nuevo año, el del mono rojo, que dejaba cerradas las bolsas del gigante asiático durante una semana.

Pero, ¿qué es lo que realmente ha desencadenado la histeria colectiva de los inversores que hicieron caer las bolsas mundiales en un lunes y martes negros (8 y 9 de febrero), para después dar paso hacia comportamientos más moderados aunque rodeados de miedo por todas partes? Hay una coincidencia casi global en hablar de una posible nueva desaceleración de la economía mundial. También hay una especie de consenso generalizado en que la crisis del petróleo pasará factura. Y si a eso se suman los datos que demuestran que la economía de Estados Unidos no crece al ritmo esperado y que en Europa se vuelve a hablar de problemas en algunos bancos, pues solo hay que agitar el cóctel, prender la mecha y esperar a que explote.

Los técnicos en incendios siempre buscan entre los rescoldos la existencia de algún acelerante, de alguna sustancia que haya hecho propagarse las llamas de manera mucho más rápida y violenta. Y en el caso de las bolsas ese elemento singular puede ser, por paradójico que parezca, la relativa estabilidad al alza que vivían los mercados de acciones en los últimos meses. Las bajas rentabilidades de la renta fija, y especialmente de la deuda pública de los países desarrollados, había ido empujando al dinero hacia las bolsas en busca de algún beneficio. Además, quienes habían preferido mirar al tendido económico preservando su liquidez (guardando el dinero contante y sonante, aunque no proporcione rentabilidad alguna, a la espera de mejores tiempos) tampoco han acudido esta vez como los buitres salvadores a comprar en los momentos bajos. Siguen prefiriendo la liquidez y por ello la corrección al alza de los mercados ha tardado algunas horas más de la cuenta.

Problemas serios. No se puede negar, sin embargo, que en medio de todo esto hay problemas que no pueden obviarse. Uno de ellos es el de la solvencia de algunos bancos europeos, que ya no son los españoles, aunque hayan sido castigados con dureza en la bolsa. “Antes la probabilidad parecía cero, pero ya no es así”. Esta afirmación, realizada por un alto directivo bancario español al ser preguntado por una posible crisis bancaria en algunos lugares de Europa es muy gráfica.

“Todos tenemos claro –añade– que nunca más va a volver a ocurrir algo como lo que pasó con Lehman Brothers en septiembre de 2008. Pero quizás esa es una de las pocas lecciones que hemos aprendido, que dejar caer un banco grande es más caro que sujetarlo. Aunque ya se nos ha olvidado que ocultar los problemas tampoco es un buen negocio”. De eso, de ocultar una mala situación, es de lo que algunos analistas internacionales han acusado al gigante financiero alemán Deutsche Bank, que ha visto como su cotización se acercaba a pérdidas cercanas al 50% en poco menos de un mes y medio, desde el inicio de 2016.

El banco germano ha reconocido en 2015 unas pérdidas históricas de 6.800 millones de euros, provocadas entre otras cosas por ajustes contables a la baja en el valor de sus activos. El rumor de que podía tener problemas para pagar a los inversores los intereses de algunas emisiones de bonos corrió como las llamas en un reguero de gasolina sobre madera seca. De nada sirvieron, al menos en las primeras horas, las afirmaciones del consejero delegado de la entidad, John Cryan, que aseguró que el Deutsche tiene ya disponibles mil millones listos para pagar intereses, que el primer pago (350 millones) vence a finales de abril, que la capacidad de pago del banco este año es superior a los 4.300 millones de euros y que, por tanto, no hay noticia.

Un poco más al sur, en Italia, la Bolsa de Milán sufría los efectos de más rumores sobre al menos seis de los bancos del país, para los que el propio Gobierno busca una solución que garantice su estabilidad mediante un rescate pactado con Bruselas. Aquí sí parece claro que las entidades financieras afectadas tienen en sus balances 200.000 millones de euros en activos tóxicos a los que hay que dar una salida para limpiar las cuentas y dejar expedito el futuro.

En Italia, oír hablar de un banco malo que recoja activos tóxicos pone de los nervios a más de un analista. La cotización de las entidades afectadas tira a la baja hasta el punto de que en la jornada del lunes 8 de febrero las autoridades bursátiles tuvieron que suspender la cotización de seis bancos. Y además no parece que haya muchas más soluciones a corto plazo. Un rescate puro y duro, con dinero público para capitalizar los balances de los bancos, obligaría al Estado italiano a emitir deuda para tapar el agujero. Todo un problema cuando el nivel de deuda pública en Italia está en estos momentos en el 134,6% de su PIB. Un diseño parecido al español de banco malo, en el que los fondos necesarios no computen como deuda pública y pueda apartar de las cuentas bancarias el peligro de intoxicación masiva parece la solución más cercana, por mucho que los analistas se pongan nerviosos.

A todo este panorama se une, además, la difícil situación que vive el sistema bancario occidental con unos tipos de interés tan bajos que hacen imposibles niveles de rentabilidad como los previos a la crisis y obligan a las entidades financieras a reinventar su propio negocio. Los bancos de EEUU, sin ir más lejos, han estado urgiendo durante las últimas semanas a la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, a que mantenga un calendario acelerado de subidas de tipos que garanticen la rentabilidad de su negocio.

Sin embargo, las dudas sobre el ritmo de la recuperación de la economía estadounidense no propiciaba precisamente muchas alegrías en las subidas del precio del dinero por parte de una Janet Yellen que se presentaba el miércoles 10 ante las Cámaras Legislativas en mitad de un mar de dudas. 

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