Los ángeles del agua son españoles
Apenas 48 horas después del desastre de Filipinas, varias potabilizadoras españolas abastecían de agua a más de 30.000 personas.
Viernes 8 de noviembre de 2013. Vientos huracanados de una velocidad de 315 kilómetros por hora tocan tierra en la provincia filipina de Sàmar, destrozando y arrasando todo lo que encuentran a su paso.
14 de noviembre de 2013. Las autoridades del archipiélago declaran las regiones de Sàmar y Leite zonas de destrucción total. El tifón Haiyan, o Yolanda en la designación de Pagasa (la institución filipina de detección de tifones), ha provocado 4.460 muertos y 12 millones de afectados. El escenario es desolador: miles de kilómetros cuadrados arrasados y cientos de miles de ciudadanos sin comida ni agua potable.
16 de noviembre de 2013. Dos potabilizadoras portátiles están ya operativas en la zona abasteciendo de agua potable a 16.000 personas. Son las primeras del mundo en llegar, y son españolas.
Con los bomberos.
“En total, han ido cuatro potabilizadoras a través de Bomberos Unidos sin Fronteras y Bomberos sin Fronteras, pero dos estaban ya en marcha a las 48 horas. La ventaja que tienen nuestros modelos es que son las únicas homologadas por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) para ser transportadas en las bodegas de cualquier avión comercial, el resto tienen que esperar a un avión de mercancías. Por eso, nuestras potabilizadoras están listas para salir desde el mismo momento en que puede despegar un avión comercial. En este caso, dos de nuestras potabilizadoras estaban operativas en 48 horas, mientras que las que salieron desde Madrid en aviones de mercancía tardaron 4 días”, explica David Reyero, director general de la empresa de ingeniería de aguas sevillana Dinotec, fabricante de las mismas.
Estas potabilizadoras portátiles miden apenas 1x1 metro y son capaces de potabilizar cuatro metros cúbicos por hora de agua, tanto salina como salobre, lo que se traduce en que puede atender a unas 8.000 personas cada día. “Son las más ligeras y fáciles de transportar del mercado”, y Dinotec es la única empresa del mundo que fabrica este modelo, de la que tiene la patente desde el año 1999-2000. “En aquella época hicimos el primer prototipo porque detectamos una necesidad de agua en Bolivia y de aquel proyecto surgieron las 13 primeras plantas”. Su primer contacto con las potabilizadoras, sin embargo, se remonta a hace 25 años, cuando empezaron a enviar plantas potabilizadoras a Canarias. Poco a poco fueron creando imagen de marca y en el año 2001 comenzaron a desarrollar proyectos solidarios, en este caso con el Sáhara Oocidental, “donde, a través de la ONG Solidaridad Internacional, enviamos plantas desalinizadoras que abastecen a 90.000 personas”.
Después vino un proyecto cooperativo con un conjunto de empresas de construcción que se lanzaron a levantar el proyecto Flor de Andalucía en Honduras y El Salvador, donde cada empresa ponía su especialidad y “en nuestro caso nos tocó todo lo relacionado con la depuración del agua y la gestión de las aguas residuales”. Pero todos eran modelos más voluminosos. “Hace unos años un bombero que conocía nuestras potabilizadoras vino a vernos para proponernos una operación conjunta, que al final devino en el desarrollo de estas potabilizadoras portátiles, diseñadas para garantizar su máxima eficacia y efectividad en situaciones de emergencia. Se trataba de hacer modelos pequeños y sólidos que en muy pequeño espacio tuviesen capacidad para potabilizar una gran cantidad de agua”, señala Reyero. “Al principio las trasladábamos en helicóptero pero se dañaba la estructura. Poco a poco, las ONG iban proponiéndonos mejoras y gracias a ese trabajo de campo pudimos perfeccionar el modelo. Hoy, además, le hemos incorporado una segunda ventaja, y es que funcionan con energía solar, lo que les proporciona una autonomía total para trabajar en zonas devastadas donde no llega la electricidad o puede haber problemas de carburantes”.
Una historia de colaboración.
Que la propuesta funciona lo demuestra el hecho de que estas potabilizadoras modulares han ayudado a la población en las últimas grandes catástrofes naturales que han devastado grandes zonas del Tercer Mundo, como el deslave de lodo y barro de Colombia de 2002; el maremoto de Indonesia, en 2004; el huracán Stan en Honduras o el Mitch en Centroamérica, ambos en 2005; el terremoto de Pisco, en Perú, en 2007; el terremoto de Haití, en 2010, o el tifón Haiyan, ahora, en Filipinas.
Anualmente fabrican unas 50 unidades, aunque están ampliando la capacidad de producción con vistas a poder dar salida a cuatro unidades por semana. De forma permanente tienen cuatro plantas stockadas en Torrejón de Ardoz y otras siete en Sevilla, listas para despegar hacia cualquier rincón del planeta donde se produzca una tragedia. Además, tienen un stock de piezas suficiente como para fabricar de forma inmediata otras diez unidades en caso de que de repente coincidiesen en el tiempo varias emergencias. “De hecho, la plantilla está siempre lista. Si el huracán tocó Filipinas el sábado, el domingo estaba todo el personal en la planta sevillana de Dinotec poniendo a punto las potabilizadoras portátiles que iban a llevarse los bomberos en su acción solidaria”.
Normalmente las envían a través de Bomberos Unidos Sin Fronteras, Bomberos sin Fronteras y Bomberos en Acción. “Las plantas suelen permanecer en los lugares de las catástrofes el tiempo que permanecen allí los bomberos, aunque hay excepciones como en Pisco, donde se quedaron tres de las cuatro potabilizadoras que enviamos. En el caso de Filipinas lo más seguro es que las plantas se queden operando allí durante uno o dos años, hasta que consigan llevar la normalidad a toda la zona”. De momento, las autoridades tagalas han conseguido restablecer el suministro de agua potable para 200.000 habitantes de la zona, aunque todavía queda mucho camino por andar.
En la actualidad, tienen plantas portátiles repartidas por todos los rincones del mundo, aunque los beneficios empresariales que obtienen de esta línea de negocio son prácticamente nulos: “Representan una parte minoritaria en nuestro negocio y es fundamentalmente la vinculada al aspecto solidario. Para nosotros es un verdadero orgullo que nuestras plantas recorran el mundo ayudando a los que lo necesitan y trabajar codo con codo con las ONG”.
Sin embargo, minoritaria o no, esta actividad solidaria les ha permitido situarse a la cabeza mundial de este sector de las potabilizadoras modulares y darle un renombre internacional. Hoy por hoy, Dinotec factura 15 millones de euros de los que el 50% procede del exterior, fundamentalmente de países como Rumanía o Perú, donde cuentan con sedes abiertas, o Argelia y Colombia, donde desarrollan numerosos proyectos. “Aunque todavía nos queda mucho recorrido en España, donde tenemos sede en Canarias, Madrid y Sevilla, es indudable que gran parte de nuestro futuro está fuera, sobre todo en aquellos países que puedan asemejarse a la España de hace 40 años, porque es aquellos en los que más podemos aportar con nuestro Know how”, un conocimiento que, como señala Reyero, les permite autodefinirse como “especialistas del agua”.
Desde hace casi 40 años.
Dinotec arrancó en 1975 por iniciativa de José Reyero, el padre del actual director general. En sus inicios surgió como una empresa de tratamiento de piscinas y poco a poco fue especializándose en todo lo relacionado con el agua: la filtración, la depuración, el reciclado, la potabilización. Ahora su mercado abarca cualquier sector donde se puedan producir aguas. Por eso sus clientes son tanto públicos como privados. En el primer caso, desarrollando programas de gestión de comunidades, de regadíos, de tratamiento de aguas residuales, de depuradoras, de potabilizadoras. En el segundo, gestionando gran parte de las aguas del sector agroalimentario y energético español.
Dos ejemplos ilustrativos: tratan el 80% de las aguas que se producen en los mataderos del país y un buen porcentaje de la que se utilizan en las conserveras, así como el 65% de las que se producen en las plantas de biodiésel, en las termosolares y en las de ciclo combinado, un área, la de las energías renovables, que ya representa el 70% de su contratación.



