Lo que les faltaba a los fondos
Las crisis de la deuda y la más reciente de las bolsas han llevado a los fondos de inversión a una difícil situación, con muchos de ellos generando rentabilidades negativas para sus partícipes
Terminaba el primer trimestre de 2015 y la bajada de tipos decretada seis meses antes por el Banco Central Europeo comenzaba a surtir efecto. Los bancos habían seguido la estela de la autoridad monetaria de la Eurozona y comenzaban a no dar prácticamente nada por los depósitos a plazo fijo. Algo había que inventar para satisfacer a los clientes que querían ahorrar.
Surgió entonces una fiebre entre las entidades financieras por colocar entre la clientela los fondos de inversión. Y ello por dos causas: la primera, y más importante para los bancos, es que la rentabilidad no la pagan ellos en tipos de interés, sino que depende de la propia evolución del fondo. La segunda, que se podía ofrecer a los clientes una rentabilidad teórica mayor que la que ofrecían los depósitos, con más riesgo, eso sí, pero tampoco mucho.
La gran estrella del momento fueron los fondos mixtos, que son los que colocan el dinero de los partícipes repartido entre varias formas de inversión: generalmente, un porcentaje en renta variable (bolsas) y otro en renta fija (deuda pública y bonos de empresas). La estrategia de venta se basaba en que si una de las dos partes iba mal, la otra compensaría, porque normalmente cuando las bolsas van de capa caída el dinero se refugia en la renta fija (fundamentalmente en la deuda pública) y viceversa.
El patrimonio de los fondos seguía aumentando (ver gráfico) y en marzo de 2015 daba un salto cuantitativo importante para situarse en 205.335 millones de euros, que suponían un avance de más de 20.000 millones en un solo trimestre. Todo iba sobre ruedas. Pero llegó la crisis griega y la cosa comenzó a cambiar. Los países con una economía más estabilizada comenzaron a emitir deuda pública a tipos irrisorios y en algunos casos negativos. España ha llegado a vender letras a tres meses a tipos por los que los inversores pagan en lugar de cobrar, cosa que hasta entonces solo había conseguido Alemania.
La baja rentabilidad de la deuda pública metió a los fondos de renta fija en zona de pérdidas. Los inversores buscaban mejores sitios donde invertir sus ahorros y las ventas masivas de deuda hacían caer los precios y la rentabilidad de los fondos. Menos mal que las bolsas aguantaban y lo que se iba por un lado se ganaba por otro, al menos en el caso de los fondos mixtos. Pero la alegría duró poco.
Cuando la crisis griega había entrado en vías de contención y ya no era un problema acuciante a corto plazo, llegó de repente la crisis china. El Gobierno del gigante asiático devaluó su moneda varias veces seguidas sembrando dudas entre miles de analistas y expertos de todo el mundo. En el mundo de las finanzas las dudas son siempre el paso previo a las ventas y estas son la antesala de las pérdidas. Y así pasó, las caídas en las bolsas occidentales se generalizaron y los fondos han sufrido las consecuencias en sus carnes.
En pérdidas. Los datos recopilados por la patronal del sector (Inverco) para la elaboración de su avance de agosto muestran cómo en este mes, ni uno solo de los tipos de fondos que se comercializan en España ha tenido rentabilidad positiva. La caída de las bolsas ha provocado que los fondos de renta variable nacional pura (los que solo invierten en la bolsa española) han tenido una rentabilidad negativa del 8,62% en agosto. Los que invierten en bolsas internacionales tampoco han salido mejor parados, puesto que han perdido en el mes un 8,08%.
¿Y los mixtos? Los que invierten un mayor porcentaje en bolsa (renta variable mixta) han visto cómo su rentabilidad era negativa en un 4,19%. Los que dejan más dinero en renta fija (renta fija mixta) han perdido un 2,35% en el mes. Incluso los garantizados tan tenido rentabilidad negativa del 0,81%. Esta cadena de pérdidas ha desembocado en una pérdida de patrimonio de los fondos, en su primer descenso desde diciembre de 2012. La pérdida de valor de sus activos (5.100 millones en un mes) y las salidas de dinero de los partícipes que han decidido llevarse su dinero a otra parte no han podido ser compensadas con las nuevas suscripciones, que solo sumaron 666 millones en el mes de agosto.
¿Y ahora qué? Los vaivenes que viven las bolsas amenazan con transfundir a los fondos de renta variable un índice de volatilidad al que no están acostumbrados. Es verdad que este tipo de inversiones (los fondos) son por su naturaleza ahorro a medio y largo plazo, pero como a nadie le gusta ver cómo sus ganancias acumuladas entran en barrena, los movimientos de dinero se generalizan y los ahorradores pierden una parte de su confianza en este tipo de instrumentos financieros.
Los bancos se encuentran entonces con el problema de tener que buscar alternativas para sus clientes que cuando dicen que no quieren dejar su dinero en un fondo, tampoco encuentran en su entidad financiera productos más o menos conservadores que aseguren una cierta rentabilidad. Los depósitos siguen en mínimos históricos y no parece que vaya a haber guerra para ganar clientes pagando más.
Los propios asesores financieros están recomendando a los inversores poner su dinero en sitios más seguros aunque con ello pierdan rentabilidad y los fondos, que quieren dejar de perder dinero arrastrados por las crisis bursátiles, apuestan en las últimas semanas por mantener posiciones muy altas de liquidez. Es decir, prefieren tener el dinero de sus partícipes sin invertir en ningún sitio para garantizar que al menos no van a generar rentabilidades negativas.
Se está dando el caso de que algunos de esos fondos mixtos están invirtiendo ahora el dinero de sus partícipes en depósitos bancarios y en títulos de renta fija a muy corto plazo y muy líquidos como títulos de deuda de países que, siendo seguros, dan algo de rentabilidad en sus letras o bonos.
Y todo esto que ocurre con los fondos de inversión se ha trasladado también a los fondos de pensiones. Según los datos recopilados por la consultora internacional Mercer, los fondos de pensiones españoles han mantenido una rentabilidad media del 3% negativa en el mes de agosto último.


