Las cooperativas van bien
La crisis de Fagor es un accidente dentro del cooperativismo español, que goza de una salud envidiable en sectores como el agroalimentario o los servicios.
La quiebra de Fagor Electrodomésticos es grave, pero no empaña el éxito del cooperativismo en España. Las cooperativas aportan, el 5% del PIB español. Dan trabajo a 367.000 personas según la Universidad de Valencia o a 290.000 según el registro del Ministerio de Empleo. Un dato revelador: desde 2008, año de inicio de la crisis, hasta hoy, se han creado en España 20.000 nuevas cooperativas y 16.000 nuevos puestos de trabajo, según la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (Cepes), la patronal de economía social.
Dentro de estas historias de éxito hay nombres concretos y muy conocidos. Cajamar, por ejemplo, es una caja rural y cooperativa de crédito y se sitúa en el puesto 16 de las entidades financieras españolas por tamaño de balance. Anecoop, de Valencia, es el primer exportador de cítricos del Mediterráneo. Dcoop-Hojiblanca, de Antequera (Málaga), es el líder mundial de exportación de aceite de oliva virgen. Consum es otra cooperativa valenciana, que ha escalado hasta la séptima posición entre las cadenas de distribución alimentaria, con presencia en media España. Multiópticas, otra cooperativa, es la primera cadena de ópticas nacional, con el 11% de cuota de mercado, por encima de las multinacionales del sector. Con nombres menos conocidos hay también cientos de cooperativas industriales, comerciales o farmacéuticas que pueblan la geografía nacional, sobreviven, crean empleo y proporcionan prosperidad a las zonas donde están ubicadas.
Un sector saludable.
“El cooperativismo está sano en España, incluso con la crisis. Que una gran cooperativa haya tenido un accidente no quiere decir nada. El cooperativismo es fuerte, flexible, resistente y pierde menos trabajadores que las sociedades anónimas. Estamos entre 8 y 12 puntos mejor que las sociedades mercantiles respecto a mortalidad empresarial y pérdida de empleo”. Así de contundente se muestra Juan Antonio Pedreño, presidente de Cepes.
En la economía social, donde tienen cabida, además del cooperativismo, las sociedades laborales, los centros de autoempleo, las sociedades de ayuda a discapacitados y otras formas asociativas, hay 2,5 millones de empleos, un ejército de empresas, pero el grueso de este sector son las cooperativas, que copan entre el 50% y el 55% del total. Y ello a pesar de que solo la ONCE, que se encuadra en la economía social aunque no es una cooperativa, cuenta con 19.000 empleados.
Las claves de por qué las cooperativas han aguantado mejor la crisis comienzan por la flexibilidad en las condiciones salariales y de empleo: si hace falta se bajan o congelan salarios, se ajustan jornadas y no se despide. El control de costes es muy estricto y a ello se suma la vigilancia de los directivos por parte de los socios, la escasa o nula dependencia del crédito y de la banca, así como la reinversión de todo el beneficio, ya que no hay reparto de dividendos. Muchas cooperativas se han bajado los sueldos hasta en un 40% y no ha sido el único sacrificio. Juan Antonio Pedreño subraya que las cooperativas son regidas por sus trabajadores, socios a su vez de la empresa, con “máxima prudencia”, no hay incentivos al riesgo, como ocurre con los directivos de banca o de sociedades anónimas, enfocadas al beneficio. “Los accionistas son los trabajadores y los directivos no hacen barbaridades, como ha pasado en las cajas de ahorros”, dice el presidente de Cepes.
La constitución de cooperativas entre 2008 y 2012 se ha mantenido bastante estable, siempre en torno a mil por año, variando las cifras de socios entre los 7.500 de 2011 y los 12.300 de 2010. Un estudio académico de Beatriz y Juncal Calderón Milán, señala que un 23,5% de las cooperativas disminuyeron los salarios, frente al 25% de las sociedades anónimas y limitadas. Y entre las que no padecían la crisis, un 33,1% de las cooperativas subieron los sueldos, cosa que ocurrió solo en el 22,8% de las sociedades anónimas y en el 28,5% de las limitadas.
Cajamar y Anecoop.
Los éxitos cooperativos se dan en todos los sectores, incluso en el más difícil. como es el financiero. Cajamar es un grupo de cajas rurales (cooperativas de crédito) que agrupa ya a 40 cajas rurales en su perímetro empresarial. Nació hace 50 años como caja rural de Almería y tras absorber cajas ha sobrepasado ya el listón de los 30.000 millones en activos (tiene 43.000), lo que la incluye dentro del grupo de entidades financieras sistémicas y, por ende, en la futura supervisión del Banco Central Europeo.
Su tamaño actual es equivalente al de un banco mediano y su implantación es nacional. A septiembre de 2013 tenía unos activos de 43.800 millones de euros y un volumen de negocio de 63.700 millones. Su coeficiente de solvencia es del 11,46%, por encima de la media de bancos y cajas. Tiene 1.362 oficinas y 6.748 empleados.
“Durante la crisis –señala Juan de la Cruz Cárdenas, su presidente– hemos sido muy prudentes y eso ha garantizado nuestro crecimiento”. En breve creará el Banco de Crédito Cooperativo, un banco instrumental con todas las de la ley, con ficha bancaria del Banco de España. Se trata de un instrumento para acceder a los mercados y garantizarse la liquidez, y estará operativo en marzo de 2014.
Anecoop es una gran cooperativa de raíz valenciana y se ha convertido en el primer exportador de cítricos del Mediterráneo, además de verduras y vinos. Integra 79 cooperativas en 11 provincias y comercializa cerca de 700.000 toneladas anuales de productos agrarios, por valor de 600 millones de euros. A pesar de la crisis, el volumen comercializado ha crecido este año un 10% y las ventas subirán en torno al 16%. Juan Safont, el presidente, resume el éxito de la cooperativa: “Estamos mejor preparados para afrontar las crisis. En época de vacas flacas incluso nacen más cooperativas por la falta de respuesta del sector privado”.
“La crisis nos ha afectado menos que a otros –dice Safont–, porque estamos en un sector básico como la alimentación, el impacto que hemos sufrido ha sido mínimo”. Incluso en la campaña 2012-2013 han batido el récord de ventas, mantienen el empleo (más de 200 puestos de trabajo), y van a abrir una filial en China para vender los vinos de sus bodegas asociadas.
Safont reconoce, sin embargo, alguna debilidad, como “la atomización de la oferta frente a la gran concentración de demanda (grandes superficies). Somos los más débiles de la cadena de valor”. Entre las fortalezas destaca la internacionalización: “Somos un referente por nuestra red de almacenes y filiales en los grandes mercados mundiales, con una oferta amplia y variada, y suministramos los 12 meses del año”.
Hojiblanca, líder mundial.
En Antequera (Málaga) reside la central de la cooperativa Dcoop (antes se llamaba Hojiblanca). Es el mayor exportador mundial de aceite de oliva virgen. Vende en 60 países del mundo e integra 121 cooperativas de productores de aceite y aceituna de mesa de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Ha cambiado su nombre al comprar el 10% del grupo Deoleo (antes SOS- Cuétara), un gigante alimentario al que han aportado como activo exclusivo la marca Hojiblanca, y la planta aceitera de Antequera, a cambio del paquete accionarial. Esteban Carnero, portavoz de la firma, tiene clara su fortaleza: “No hemos dejado de crecer durante la crisis, nos defiende el estar en el negocio de la alimentación, que es de primera necesidad”. Las ventas se situarán este año en algo menos de 600 millones de euros, tras comprar Tierras Altas Aceites de Granada, y en 2014 esperan superar esa cifra.
“Estamos internacionalizados al máximo. Nos hemos diversificado y cada vez damos más valor añadido, las aceitunas de mesa van todas envasadas”, señala Carnero, quien añade que otra de sus fortalezas es no depender del crédito bancario. “Los bancos, cuanto más lejos, mejor –dice gráficamente–. Los agricultores llevamos en la sangre la aversión a las deudas, el apalancamiento en el campo produce rechazo y esa es una tabla de salvación”.
Consum, el súper que resiste.
En Valencia nació también Consum, la cooperativa de supermercados que ya es la séptima cadena de distribución de España. Con 610 tiendas y 11.000 trabajadores, está extendida por toda la franja mediterránea, Comunidad Valenciana, Cataluña, Murcia, Andalucía, Aragón y Castilla-La Mancha. Hasta el año 2004 estuvo asociada con Eroski, cooperativa de supermercados del grupo Mondragón, pero rompió para seguir sola su camino. Decidió ser grande sin ayuda.
En 2012 facturó 1.764 millones de euros, un 0,5% más que el año anterior, y los beneficios ascendieron a 32,1 millones, un 9.8% menos que en 2011. Han ajustado el crecimiento y la sostenibilidad en medio de la crisis con bastante soltura y no han dejado de invertir y extenderse por España.
El modelo Consum ha crecido sobre la base de compras de lotes de tiendas de otras cadenas, como Supersol, Caprabo, Dinosol, Sabeco y Vidal. Comprando Caprabo ha crecido espectacularmente en Cataluña, donde tiene ya el 24% de su mercado. Lo ha hecho utilizando su generación de caja anual, que oscila entre 85 a 90 millones de euros en los años buenos.
“Hemos pasado la crisis con nota –señala Javier Quilis, director de Relaciones Corporativas–. Desde el año 2007 vimos el cambio de hábitos de consumo que se estaba produciendo y nos adaptamos. Se han impuesto el precio y la marca blanca, y se vende más pero con menos margen. Nuestras ventas, pese a todo, han crecido un 12% desde la crisis, y también hemos crecido en tiendas, territorio y empleados todos los años”. La clave de Consum, según Quilis, es la prudencia. “Resistimos –dice– porque nos adaptamos. Los últimos tres años los salarios están congelados, hay flexibilidad laboral y la dependencia financiera es mínima. No acometemos proyectos que no seamos capaces de digerir y financiar con recursos propios”.



