La promesa del turista chino

14 / 05 / 2014 Clara Pinar
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Los visitantes llegados desde China son los que más dinero gastan y los que más crecen cada año y, junto con los rusos, suponen la gran esperanza del sector.

Desde hace unos años hay un mantra en el sector turístico español que anima a adaptarse a la eclosión del turista chino, cada vez más numeroso, más dispuesto a pasar más tiempo en España y a gastar más dinero que otros turistas extranjeros más tradicionales en playas y ciudades españolas. 

Como una consecuencia más de su potencia económica, China es la gran promesa para el turismo mundial. Actualmente tiene entre 300 y 400 millones de habitantes de clase media, que se espera que lleguen a hasta los 600 u 800 millones en 2020. Son personas con capacidad económica para viajar y que ya empiezan a salir de su país para ver mundo. La Organización Mundial del Turismo (OMT) prevé que en 2020 China será el primer emisor global de turistas. También ha empezado a ocurrir en España, donde, según previsiones del entonces llamado Ministerio de Industria, Turismo y Comercio de 2010, en 2020 un millón de chinos visitarán España.

A día de hoy, ya son una nacionalidad de visitante tanto o más prometedora que los turistas rusos. 2013 fue un año especialmente bueno para el turismo, en el que se recuperaron cifras de antes de la crisis. En total nos visitaron 60,6 millones de turistas extranjeros, que supusieron unos ingresos totales de 45.000 millones de euros. En el primer trimestre de 2014, las cifras siguen siendo buenas –10,1 millones de turistas internacionales, 0,75% más que en el mismo trimestre del año anterior–, aunque, extrapoladas, no llegan a las de 2013. Los resultados podrían no igualarse si el turista ruso sigue una de las pautas de actuación que detectan los expertos y el conflicto en Ucrania, además de ralentizar la concesión de visados, exacerba un sentimiento nacionalista que se traduzca en la preferencia por lugares como Sochi para pasar las vacaciones.

Frente a estas incertidumbres, el turismo desde China representa una oportunidad aún modesta pero prometedora para la que el sector y muchas ciudades empiezan ya a prepararse.

Entre 2012 y 2013, el número de chinos que visitaron a España creció un 35,1% y llegó a los 252.099. Entre 2011 y 2012, el incremento fue aún mayor, del 55%. Su cuota sobre el total de los 60,6 millones de turistas extranjeros del año pasado sigue siendo pequeña, un 2,4%, frente a cuotas mucho mayores de británicos (19,1%), alemanes (17,7%) o franceses (17%). Sin embargo, el sector mide su importancia como una carrera a largo plazo que ya ha empezado a mostrar sus beneficios: el chino es el turista que gasta más dinero, que viene en cualquier estación del año, durante más tiempo y para centrarse en actividades culturales.

180 euros al día.

TURISMO-CHINO-2

Según el Instituto de Turismo de España (Turespaña), los visitantes chinos se gastaron el año pasado una media de 180 euros diarios, un 14% más de lo que se gastaron en 2012 y por encima de la media, de 122 euros. Frente al sol y playa que persiguen británicos o alemanes, el turista de China tiene su propia manera de viajar. Las claves las da Kurt Grötsch, de la Chinese Friendly International, una consultora con sede en Sevilla que se dedica a promocionar el turismo chino y a crear las condiciones para que estos visitantes se sientan cómodos.

Frente al turista europeo –en leve retroceso, según los datos para el primer trimestre de este año, pero aún de primera importancia para el sector, no limita sus viajes a España a los periodos clásicos de vacaciones, a los meses de verano. “No son millonarios, pero sí clase acomodada”, empresarios que pueden planificarse unas vacaciones en cualquier momento del año con más libertad que un trabajador asalariado, afirma Grötsch.

Durante décadas, España fue destino barato de sol y playa, sobre todo para otros europeos. Rompieron la tendencia en parte los turistas rusos, que empezaron a llegar hace años hasta que en 2012 alcanzaron los 1,2 millones. Con un nivel económico superior, sus destinos preferidos se sitúan a lo largo de toda la costa mediterránea –en 2013 fueron los principales visitantes de Cataluña, por ejemplo–, pero también aprovechan para visitar museos (el 64%), hacer deporte (32%) o ir de compras (12%), según un estudio del mayorista Muchosol.

Un turista ruso puede gastarse una media de 85 euros al día en Tenerife, subir hasta los 125 en Cataluña y hasta los 170 euros en Ibiza, lo que le sitúa casi en la media de gasto con 123 euros diarios, pero sin alcanzar el nivel de gasto del visitante chino.

Grötsch asegura que “el turista chino es tan exigente como los demás” y que la diferencia es que “crece más rápido”. Pero no es la única. Están más interesados en la cultura y en el interior del país que en la costa y el sol. Estos visitantes “son los más especiales”, afirman desde Turespaña. Sobre todo, los que viajan por su cuenta. El perfil cada vez más numeroso del turista chino es el de alguien que repite viaje a España y que ya conoce Madrid o Barcelona. En sus siguientes visitas busca actividades más especializadas y en plazas que pueden parecer secundarias pero con grandes riquezas culturales, como Toledo, Segovia o el Camino de Santiago.

“Viajes de profundidad”.

Están interesados por la gastronomía, la enología, la caza o los deportes extremos y suelen permanecer más tiempo de lo habitual en un único destino para practicar con calma estas actividades. Realizan “viajes de profundidad”, en palabras de Grötsch, cuya consultora ya ha otorgado cuatro galardones China Friendly City a otras tantas ciudades españolas –Sevilla, Zaragoza, Valladolid y Segovia– y acaba de firmar un convenio con las ciudades que son Patrimonio de la Humanidad “para ver de qué manera pueden aparecer como ciudades amigables con el turismo chino”, explica. La clave para esto está en la comunicación: que haya mapas, indicaciones, guías de proximidad o cartas en chino en los restaurantes para que estos turistas se sientan bien acogidos.

Para ello, hay ciudades como Segovia que han empezado a formar a sus guías y cada vez hay más guías chinos por las calles españolas. Este era precisamente uno de los objetivos que se marcó el ministerio de Comercio, Industria y Turismo en 2010 para atraer el turismo chino. Además de aligerar la gestión de visados y de potenciar la imagen de España en China, Turismo se planteaba “adaptar la oferta española a la demanda china”. En el ámbito de las compras, citaba la creación de departamentos de lujo especializado en los grandes almacenes o servicios para el envío de la compra desde los mismos a casa. Precisamente, el gusto por las compras es el principal punto de unión de visitantes rusos y chinos, a los que la compañía turística suiza Global Blue denomina los grandes gastadores. Según un reciente informe, en 2013 los turistas chinos ocuparon el primer puesto de gasto en compras en países extranjeros, alcanzando una media de 815 euros “por transacción”. El segundo lugar lo ocuparon los rusos, con 356 euros de media.

El plan del Gobierno español también contemplaba formar a un mínimo de 1.000 profesionales especializados en turistas chinos. Además del idioma, hay otros aspectos culturales que se pueden considerar para que la explosión definitiva del turismo chino coja a España bien prevenida. Man Yee, experta en comunicación con los turistas chinos, afirmaba en un reciente congreso sobre este sector en Zaragoza: “Hay que ir más allá, por ejemplo, ofreciéndoles la posibilidad de hacerse un té en el hotel o tener sopa de fideos en la hora del desayuno. Son detalles diferenciadores que hacen que el turista se sienta como en casa”.

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