La perversidad del euríbor
La política monetaria del Banco Central Europeo y sus tipos de interés tienen un efecto perverso sobre el euríbor que, a su vez, tiene su particular efecto perverso sobre la rentabilidad de las hipotecas para la banca.
El Banco Central Europeo (BCE) no tiene la más mínima intención de subir los tipos de interés y eso aboca casi irremediablemente a un euríbor cercano a cero e incluso, como ha pasado en febrero, negativo. Lo que ha pasado este mes era cuestión de tiempo y ahora, con el euríbor a un año en cifras bajo cero, se plantea la gran duda metódica de si las hipotecas pueden llegar también o no a tener tipos negativos y cómo se traduciría eso en los recibos mensuales.
Para ver hasta dónde pueden llegar las cifras es fundamental entender cómo se ha llegado al punto en el que está ahora el euríbor. Este vocablo, al que todos nos hemos acostumbrado en los últimos años, es en realidad el acrónimo del European Interbank Offered Rate, que en castellano significa “tipo europeo de oferta interbancaria”. O lo que es lo mismo, el interés que se ponen unos bancos a otros cuando se piden dinero prestado dentro de la Eurozona. La media la calcula la Federación Bancaria Europea y se publica diariamente. El BCE la aprueba definitivamente cuando publica el dato al final de cada mes.
Lo que se cobran los bancos entre sí no tendría la más mínima importancia para el común de los mortales si no fuera porque es el tipo de referencia más utilizado para calcular el coste de las hipotecas, cuyo interés real suele ser el que resulte de sumar al euríbor un diferencial fijo. En concreto, a 31 de diciembre últi-
mo, el tipo medio al que se pagan las hipotecas en España es el del euríbor más dos puntos.
Política monetaria. Todo esto es fruto de la política monetaria llevada a cabo por el BCE, cuyo presidente, Mario Draghi, ya anunció hace pocos días que no solo va a mantenerla, sino que puede ampliarla. En resumen, y por lo que respecta a los tipos de interés, el propio BCE tiene una ventanilla abierta para los bancos de la Eurozona en la que pueden pedir prestado dinero al 0,05%, es decir, casi sin coste. En esa misma ventanilla, los bancos que tengan dinero ocioso, es decir, que no tengan a quiénes prestárselo con las debidas garantías, pueden dejarlo a buen recaudo, pero en este caso tienen que pagar el 0,3% por ello.
La idea del consejo del BCE al cobrar por estos depósitos de los bancos de la zona es forzarlos a que busquen alternativas más rentables para el dinero que les sobra, como por ejemplo prestárselo a empresas y familias para que la economía coja brío. Pero para el euríbor esto tiene un efecto perverso. Si los bancos tienen que pagar el 0,3% por dejar su dinero en el BCE, siempre podrán prestárselo a otros bancos a un tipo mejor. Y así, cualquier cosa que no sea un tipo negativo del 0,3% siempre es más rentable que dejarlo depositado en el BCE y esto explica que el euríbor haya llegado a tipos negativos.
“No es fácil que el euríbor llegue a tipos de interés tan negativos que acaben superando al diferencial de las hipotecas –señala un directivo bancario– y el BCE siempre tiene en su mano acercar a cero el tipo de los depósitos y revertir la tendencia si hiciera falta”. Pero mientras tanto, la gran pregunta es cómo puede afectar esto a los recibos de las hipotecas.
Sistema francés. Las hipotecas se amortizan normalmente con el denominado sistema francés, que equivale a mantener una cuota constante en la que al principio se pagan más intereses y al final se amortiza más capital. Casi todas las de interés variable, que son la mayoría, van ajustando los recibos en función de la evolución del euríbor, normalmente cada doce meses, aunque algunas establecen periodos de revisión más amplios. A la hora de recalcular la cuota, se aplica el nuevo euríbor y el diferencial pactado y se fija la nueva cantidad a pagar.
Con las cifras negativas actuales del euríbor, muy cercanas al cero, la variación en la cuantía de las hipotecas sería mínima, casi inexistente. Por ejemplo, con un tipo del euríbor negativo de -0,05%, para 60.000 euros a diez años la revisión a la baja sería de 25 céntimos al mes. Pero detrás hay más una cuestión de concepto que de cifras.
Para los bancos, como ha dicho recientemente el presidente de la patronal del sector (la Asociación Española de Banca), José María Roldán, “pagar por prestar dinero es un contradiós”, algo que no tiene sentido. “Pero tampoco lo tiene –señala a TIEMPO un alto directivo bancario– tener que pagarle al BCE por dejarle el dinero en depósito”. La situación es compleja y la resistencia de los bancos les lleva a buscar soluciones, tanto para las hipotecas actuales como para las que se van firmando.
Para las nuevas, los bancos están incluyendo la denominada cláusula cero, que consiste básicamente en que sea cual sea el tipo negativo que pudiera alcanzar el euríbor, la cifra mínima que se tendría en cuenta para sumarle el diferencial sería el cero. Esto se parece mucho a las cláusulas suelo, que fijaban un tipo mínimo que cobrar independientemente de cuál fuera el euríbor, y que ahora están anuladas por los tribunales de justicia, por lo que algunos departamentos jurídicos de bancos tienen dudas sobre qué hacer. Una solución es subir los diferenciales a cifras poco previsibles de euríbor negativo, pero eso reduce el margen de maniobra comercial.
Fórmulas. Para las hipotecas vivas, las que más preocupan ahora a los bancos, algunas entidades han comenzado a estudiar posibilidades como la de reducir, de acuerdo con los clientes, la cuota mensual a pagar en la misma cuantía en la que se reduciría si se aplicara un interés negativo, pero deduciendo el importe del principal (subiendo la amortización).
De cualquier manera, la situación es difícil, sobre todo en un momento (ver cuadro) en el que los bancos ven cómo los ingresos por intereses de los créditos han ido bajando en los últimos cinco años sin haber logrado reducir en la misma cuantía lo que pagan por los depósitos. Eso ha estrechado el margen de las entidades financieras y ha llevado a casi todas a buscar en las comisiones la fuente de ingresos que asegure su negocio futuro.
Algunos bancos que habían comenzado en las últimas semanas una nueva guerra comercial con las hipotecas como arma principal han empezado a dar marcha atrás hasta ver cómo queda el mercado y si el BCE sigue con su laxitud monetaria. La reunión de marzo será crucial a la vista del euríbor.


