El señor de los monopolios

23 / 05 / 2010 0:00 DAVID DEL RÍO (México D.F.) [email protected]
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El control de nueve de cada diez líneas telefónicas en México, el desarme de la competencia y las altas tarifas, con roaming nacional incluido, son las bases de la fortuna del hombre más rico del mundo: el empresario mexicano Carlos Slim.

19/03/10

En México hay un dicho según el cual ningún consumidor del país puede librarse de pagarle a Carlos Slim unos pesos a diario. La mayoría de compras de bienes o servicios esenciales de un mexicano medio pasan inexorablemente por la caja del conglomerado de más de doscientas empresas de Slim que incluye telefónicas, cafeterías, aseguradoras, bancos, hoteles, restaurantes, tiendas de discos, Internet, ruedas de coche y, próximamente, petróleo. Es el hombre que ha sustituido a Bill Gates como el más rico del mundo.

Bajo la marca de América Móvil, Sanborns, Grupo Carso o Inbursa se esconde un imperio basado en las telecomunicaciones, el comercio, las infraestructuras y los servicios financieros del que la telefónica Telmex “es la joya de la corona y México el ancla de su fortuna”. Consumir en México es entregar de alguna manera un diezmo a Slim, el hombre con una fortuna estimada por Forbes en 53.500 millones de dólares (39.000 millones de euros) cuyo principal mercado es su país, de 110 millones, más que potenciales, fieles clientes, y que pese a tener más de 50 millones de pobres sustenta a la mayor fortuna global en el continente de mayor desigualdad entre ricos y pobres.

El inventor del sistema de las tarjetas prepago para móviles pesa más del 7% del PIB del país y sus empresas, un tercio de su bolsa. Es reconocido como un visionario, como un magnífico y ahorrador gestor, por emplear a 250.000 personas y elogiado por sus fundaciones filantrópicas, pero por el origen y el estilo del mantenimiento de su fortuna, Slim es considerado como el Rey del Monopoly.

El 90% de la telefonía fija.

México, dicen, es el escenario de “funestas perfecciones”. El escritor Mario Vargas Llosa calificó al Gobierno democrático del PRI en México, ininterrumpido durante 71 años, como la “dictadura perfecta” y la destacada politóloga mexicana Denise Dresser llama al emporio de Slim “el monopolio perfecto”. La periodista se inspiró para el apelativo en que Slim, con Telmex y Telcel, controla el 90% de la telefonía fija y el 70% de los móviles en México, país que parece haber pasado de un monopolio estatal a uno privado. “Llama la atención que a veinte años vista de la supuesta competencia en el mercado, nueve de cada diez líneas sean todavía de Telmex. No se explica en un marco legal esta preeminencia”, comenta a Tiempo el prestigioso economista del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM-LSE) Ernesto Piedras. Piedras considera que la privatización en 1990 de la antigua compañía telefónica pública de México no se hizo bien y que los sucesivos gobiernos han sido “complacientes” con su dueño, Slim, y le han ayudado a mantener en pie el “monopolio” de facto que se mantuvo legalmente hasta 1996. “Cuando tienes nueve de cada diez líneas lo que menos quieres es que cambien las reglas del juego. Por falta de una regulación efectiva prevalece un poder monopolístico del operador principal”, subraya el también director de la consultora The Competitive Inteligence Unit. Piedras asegura que no existen evidencias de pagos corruptos de Slim en la compra de Telmex o para mantener el statu quo, “pero sí fuertes evidencias de captura de todo tipo, financiera, política, de medios” por parte de este, accionista del diario The New York Times. “Opera de tal manera que acota la competencia”, señala.

La americana Avantel y la española Movistar han sido víctimas del “agresivo” Slim por mantener su terreno. A la primera le impuso unas tarifas de interconexión no rentables y a la segunda los distribuidores de Telmex le compraron decenas de miles de móviles en oferta para impedir su implantación en México. Su dominio se basa, más que en la lucha cuerpo a cuerpo con el competidor, en la pasividad de la Comisión Federal de Telecomunicaciones de México, la Cofetel, fruto de la relación de Slim con los últimos tres presidentes mexicanos y de sus aportaciones financieras a las campañas de todos los candidatos a presidente de las últimas décadas, según Piedras. El amigo del ex presidente español Felipe González siempre ha buscado tener buenas relaciones con el poder político y en México habría colocado submarinos.

Es el caso de uno de sus antiguos altos ejecutivos, Pedro Cerisola, nombrado ministro de Comunicaciones y Transportes durante todo el sexenio del presidente Vicente Fox (2000-2006), durante el cual Telmex no se vio inquietada. El sindicato de Telmex, que se privatizó durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), reconocido amigo íntimo de Slim, tiene además en la propia cámara de diputados mexicana un escaño que ocupa su líder, miembro de la comisión de Comunicación.

Los tiempos parecen estar cambiando sin embargo para Telmex desde 2006 con el Gobierno de Felipe Calderón, quien instó a Slim a que acepte más competencia. Las autoridades de la competencia acaban de acusar por primera vez a Telmex de abuso de posición dominante. Con cierto sarcasmo Slim reconoció que la situación indica que “se está infringiendo la ley” aunque le convenga y aseguró que “la competencia es buena porque te hace ser mejor”. “Sin ella no podríamos haber entrado en otros países. La no competencia es cuando no te dejan entrar”, dijo en consuelo de los operadores que sufren para engancharse a la red fija. Para Slim “no hay monopolio, en todo caso cárteles” y es más recomendable que haya pocas empresas que muchas y que no bajen los precios. Según Forbes, Slim escaló al liderato de su lista de multimillonarios gracias a los buenos resultados de América Móvil, la mayor compañía de telefonía celular de América Latina, con más de 200 millones de clientes, cuyo valor accionarial creció un 35% en 2009, año en que Slim ganó 18.500 millones de dólares (unos 13.500 millones de euros) más que en 2008 pese a la crisis.

Roaming nacional.

Los precios de las llamadas y las condiciones tarifarias de Telmex y Telcel denotan también falta de competencia o la preeminencia de un monopolio oculto que Slim niega. Imagínese viajar de Madrid a Segovia, a Toledo o más cerca todavía, a Guadalajara, y pagar como si fueran a Finlandia. En México un cambio de provincia, en el caso mexicano de Estado, le haría estar en situación de roaming nacional, pagaría la recepción de llamada, más cara la emitida e incluso tendría que marcar prefijos extras. En México también existe la larga distancia... nacional, hasta el punto de que puede resultar más barato llamar desde Internet mediante telefonía IP que usando la red fija de Telmex. Las llamadas internacionales rondan el dólar por minuto (75 céntimos de euro) desde las líneas fijas y son impermitibles para el sueldo del mexicano medio. Hasta hace pocos años, la filosofía telefónica residía en que el que llama paga y el que recibe la llamada también... “Así no me extraña que Slim sea el hombre más rico del mundo”, comenta un turista español. La percepción no engaña. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que dirige un mexicano, ha denunciado en varios informes el coste por encima del promedio de la telefonía en México. “Aquí hablamos relativamente poco porque es muy caro. En los precios se ve lo que los economistas denominamos poder monopolístico. Es decir, tener la capacidad de llevar las tarifas por niveles muy superiores a los de equilibrio o de eficiencia de mercado”, insiste Ernesto Piedras.

Temor de la prensa.

Piedras también se queja del precio de Internet, que supera los 20 euros mensuales para una conexión de un mega de Prodigy, la filial de ADSL de Telmex, “que en realidad alcanza una velocidad de bajada de un tercio de lo contratado”, según el experto. También está constatado que a través de su cadena de cafeterías y tiendas Sanborns, Slim vende equipos tecnológicos como cámaras o impresoras descatalogados en el extranjero a precios de último modelo fuera de México. También se rumorea que, a cambio de financiar la reconstrucción del centro histórico de México, pidió al Gobierno local exclusividades comerciales. La prensa teme publicar algo negativo sobre Slim por miedo, no confesado públicamente, a que ordene su retirada de las estanterías de sus centenares de tiendas-cafetería Sanborns.

“Hay quien compra al precio de venta normal, hay quien espera a las rebajas y hay quien regatea en las liquidaciones. Luego están Carlos Slim y sus directivos”, comenta el editor de la publicación de referencia entre los ejecutivos mexicanos, la revista Expansión, el español Alberto Bello. La cita ejemplifica la estrategia que ha llevado a Slim a la cima, la compra de empresas con potencial en tiempos de crisis, cuando su precio está muy por debajo de su valor. No es extraño que Slim se haya convertido en el hombre más rico del mundo en el año de la peor crisis desde 1929, durante el cual no dejó de invertir. El empresario comulga con aquella máxima china que dice que las crisis son grandes oportunidades. “Cuando menos riesgo hay es en los momentos de crisis”, comenta.

En 1982, el año de la crisis de la deuda y de la nacionalización de la banca en México que provocó la huida despavorida de capitales del país, aprovechó la coyuntura y compró docenas de empresas a precio de ganga, al 1,5% de su valor contable en algunos casos. El hombre que nunca ha hecho un negocio compitiendo en campo abierto ha seguido esta estrategia reiteradamente para comprar la mayor parte de las más de doscientas empresas que posee y la más importante, Telmex, que adquirió en 1990 a un precio de amigo para muchos observadores. La mayoría de las sociedades que compra en rebajas las reflota con éxito aplicándoles la férrea cultura corporativa de Telmex. De las pocas que vende obtiene una fuerte plusvalía, como la tabaquera British American Tobacco, que adquirió por cinco millones de dólares (unos 3,5 millones de euros) y vendió por cuarenta millones (cerca de 30 millones de euros).

Slim, el austero.

Pese a tener una fortuna personal superior a la cantidad que estafó el financiero Bernard Madoff o al PIB de Bolivia, el ingeniero civil de origen libanés no la luce. Carece de jet privado, alquila aviones para sus viajes o se los pide prestados a sus amigos. No se lo ha comprado ni siquiera para impresionar o facilitar sus encuentros con la reina Noor de Jordania, con la que mantiene un romance. Tampoco se ha mudado de casa en los últimos 37 años, durante los cuales ha creado su imperio, ni cambia a menudo de coche. A veces se pone un reloj de plástico y se compra las corbatas en sus grandes almacenes. Gasta en arte y posee la colección privada de obras del escultor francés Rodin más importante del mundo, pero no es dado a los lujos. Su despacho es pequeño, se ubica desde hace años en un sótano, no tiene ventanas y la decoración parece anticuada. Sus lujos conocidos son pocos y no muy pomposos, un teléfono de alta gama Blackberry, camisas hechas a medida y bordadas con sus iniciales y los puros Cohiba Lanceros. Compra en subastas de Christie’s y una vez al año organiza un banquete con familias de otros multimillonarios latinoamericanos. Pero nunca parece excederse y tiene fama de regatear por defecto, incluso ya de multimillonario, aunque no de tacaño.

Una libreta siempre a mano.

Lleva siempre una libreta, como el tendero que fue, y cuenta cada peso que ingresa y gasta. “La filosofía humana de Slim es no dilapidar en gastos suntuarios e inútiles”, explica el director de la Universidad Corporativa de Telmex, Intelmex, Javier Elguea. La misma política de austeridad franciscana emplea en sus empresas. La sede de la poderosa Telmex se ubica en una antigua fábrica de llantas de un distrito popular.

El papel se recicla, no se paga gimnasio, los coches oficiales son pequeños, las comidas de negocios se hacen en restaurantes de la empresa y las secretarias trabajan para varios ejecutivos. A cambio, Slim ofrece seguridad laboral a sus empleados, aunque salarios modestos, y si se trabajan 12 horas y se atienden llamadas profesionales durante todo el día se puede ascender.

Slim, para quien “la búsqueda de lo material es un camino equivocado”, ha sido insensible a su liderazgo en la lista de Forbes. El eterno aspirante a entrar en el mercado español rechaza las acusaciones de monopolista, que en México, donde impera el capitalismo imperfecto y un “oligopolio de cuates”, según Denise Dresser, provoca que los consumidores paguen un 40% más por los productos básicos. “No voy a pensar en lo que dirán de mí cuando me haya muerto”, dijo recientemente.

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