Bolsas: adiós a la magia de los bancos centrales
Los sustos de las bolsas en las últimas semanas tienen explicaciones más profundas de lo que parecen.
Las fortísimas caídas de la bolsa española en lo que llevamos de año nada tienen que ver con la incertidumbre política existente en España tras las pasadas elecciones generales. El comportamiento del IBEX 35 es similar al del DAX alemán o el CAC francés y sensiblemente mejor a la evolución del índice MIB italiano. La caída de las bolsas está siendo un fenómeno global. Ello no quiere decir que los inversores sean indiferentes ante las dispares políticas que eventualmente se puedan aplicar en función de la composición del nuevo Gobierno español, sino que las cotizaciones actuales no descuentan un giro significativo respecto a la actual política económica.
Son numerosos los analistas y medios de comunicación que consideran que las cotizaciones de las bolsas mundiales han caído con fuerza descontando una brusca desaceleración de la economía mundial. Los distintos datos económicos conocidos no avalan, a día de hoy, tal explicación de las caídas. A pesar de la revisión a la baja del crecimiento global del Fondo Monetario Internacional, la economía mundial crecerá más en 2016 que en 2015, incluso considerando la desaceleración de China y la recesión de Brasil y Rusia. La caída del precio de las materias primas y el petróleo perjudica a los países productores, pero beneficia a Europa y EEUU como importadores netos de dichos inputs.
El descenso de las bolsas es más achacable a una cuestión de flujos y de pérdida de confianza en la capacidad de los bancos centrales para generar crecimiento que a un deterioro significativo de las expectativas económicas. Los bajos niveles del precio del petróleo y de otras materias primas provocan déficit fiscales cuantiosos en los países emergentes muy dependientes de la exportación de estos productos. Muchos de estos países cuentan con fondos soberanos a través de los cuales han ido invirtiendo en los mercados financieros internacionales sus excedentes de ahorro generados durante el boom del precio de las commodities. Ahora llega el momento de utilizar parte de dichos recursos para cuadrar sus cuentas. A modo de ejemplo, Arabia Saudí ha registrado un déficit público del 15% de su PIB, equivalente a 89.000 millones de dólares (80.000 millones d euros), cubierto con la venta de posiciones de su fondo soberano. Lamentablemente no existe una información transparente de todos los fondos soberanos para cuantificar con exactitud el mencionado efecto.
Reservas. Por otro lado, los bancos centrales de los países emergentes se están viendo forzados a vender parte de sus reservas de divisas para defender el tipo de cambio de sus monedas. En el caso del Banco Central de China, la caída de reservas se estima en casi un billón de dólares (900.000 millones de euros). En definitiva, algunos de los principales compradores netos de activos financieros de los últimos años, fondos soberanos y bancos centrales emergentes, no solo han dejado de comprar, sino que están deshaciendo parte de sus posiciones.
Adicionalmente, la capacidad de los bancos centrales de provocar subidas en las bolsas mediante medidas adicionales o incluso con declaraciones de sus responsables cada vez es menor. Mario Draghi ha vuelto a prometer medidas contundentes el próximo 10 de marzo. Sean cuales sean, sus efectos en las cotizaciones serán temporales si no van acompañadas de un incremento de los beneficios empresariales. La magia de los bancos centrales se ha acabado.


