Ana Botín, un año de sorpresa en sorpresa
La presidenta del Santander cumple un año al frente del banco jalonado de noticias sorprendentes
Fue el 10 de septiembre de hace un año. La repentina muerte de Emilio Botín aupaba a la presidencia del Santander a Ana, la hija a la que él mismo había estado preparando como sucesora, pero que pronto rompió con la tradición paterna.
En noviembre, también por sorpresa, Ana Botín cambiaba al consejero delegado del grupo. José Antonio Álvarez, hasta entonces director financiero, sustituía al joven Javier Marín, que había actuado como segundo de a bordo en los últimos meses de vida de Emilio Botín.
Álvarez había tomado posesión el 25 de noviembre y el 8 de enero (menos de un mes y medio después) el consejo del Santander anunciaba una macroampliación de capital de 7.500 millones de euros justificada por el banco como acopio de recursos para crecimientos futuros y que algunos analistas vieron sencillamente como un reforzamiento de la solvencia del grupo.
Ana Botín recuperaba después la capacidad de sorpresa paterna y el banco lanzaba la famosa cuenta 123, con la que revolucionaba la forma de mantener a una clientela cada vez más insatisfecha con lo que les pagan los bancos por sus depósitos. Los beneficios trimestrales del banco van bien y en febrero presentará su primer ejercicio completo. Será el verdadero primer examen de Ana Botín como presidenta.



