Versos rockeros

08 / 08 / 2008 0:00 José María Goicoechea
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Que si es o no es poesía una letra de rock es un debate que viene de largo y van ahora, en la universidad de Cambridge, y examinan sobre las canciones de Amy Winehouse, comparándolas con las de un poeta del XVII.

Para todos los gustos

A mí, qué quieres que te diga, el cancionero de José Alfredo Jiménez me parece de tanto o más valor que el de Petrarca”, ha asegurado, tajante, el escritor Rafael Reig. Hace unos meses, se publicó en español –en la editorial Alfaguara– un grueso, pero muy grueso, volumen con las letras de las canciones de Bob Dylan (traducidas por Miguel Izquierdo y José Moreno). De hecho, es algo cíclico lo de la presentación de la candidatura del cantante estadounidense para el Premio Nobel de Literatura. Y ahora, en un examen en la Universidad de Cambridge, el ejercicio para los estudiantes de Laiteratura ha consistido en comparar un poema del escritor isabelino Walter Raleigh (1552- 1618) con las letras de tres canciones populares: Love is a Losing Game, de Amy Winehouse, Fine and Mellow, de Billie Holiday, y Boots of Spanish Leather, de Dylan. La cosa ha provocado un revuelo algo mayor del esperado por la personalidad amarillista de la Winehouse, pero no es la primera vez: en 2001, en un colegio de la misma universidad, se pidió a los examinandos un ensayo sobre la tragedia en las composiciones de los Bee Gees. Jordi Doce (Gijón, 1967) es poeta, ensayista y traductor: “Hay una distancia evidente entre la letra de una canción de rock o de pop y un poema –explica– porque en el primer caso el elemento musical, rítmico, está desplazado en parte o en su totalidad a la melodía, a la música propiamente dicha. La emoción con que uno recibe la letra de una canción está estrechamente asociada a la melodía, las armonías, los arreglos, incluso a la voz que entona esa letra.

Cuando me emociono con una canción de Neil Young o de Peter Gabriel debo ser consciente de que mi emoción está vinculada, en gran medida, a la escucha de sus voces, a la forma en que modulan y entonan la melodía. Dicho esto, hay letras y canciones que tienen un alto voltaje poético y que, en algunos casos, podrían funcionar como poemas autónomos”. Periodista, novelista y también letrista –con Javier Colis y las Malas Lenguas–, Silvia Grijalba es, además, directora del Festival Spoken Word Palabra y Música, un ejemplo de que la literatura y el rock mantienen buenas relaciones. Grijalba acaba de publicar Palabra de rock. Antología de letristas españoles (Fundación José Manuel Lara), un libro donde recoge y muestra algunos buenos ejemplos de la escritura musical española de los últimos tiempos: Nacho Vegas, Kiko Veneno, Santiago Auserón (Radio Futura), Julián Hernández (Siniestro Total), Astrud o Luis Alberto de Cuenca, entre otros. ¿Luis Alberto de Cuenca? Sí, el poeta –y doctor en Filología Clásica, ex director de la Biblioteca Nacional, ex secretario de Estado de Cultura, ensayista– tiene un pasado, en su caso vinculado a la Orquesta Mondragón, grupo para el cual escribió Viaje con nosotros o Caperucita feroz y otro buen puñado de letras. Hace un par de años, bajo el título de Canciones, se publicaron (Círculo de Estudios Bibliográficos y Exlibrísticos). Escribe De Cuenca en el prólogo: “Revisándolas he descubierto que guardaban una estrecha relación con el mundo poético de La caja de plata y El otro sueño, dos libros míos de los ochenta”.

Reflexión en la Red

En La nave de los locos, el blog del crítico literario Fernando Vals (http://nalocos.blogspot.com), la aparición de la antología mencionada más arriba de Silvia Grijalba dio lugar a una reflexión sobre el asunto: “¿Es Bob Dylan un poeta? ¿Y Tom Waits? ¿Lo es acaso Joaquín Sabina? La respuesta afirmativa se viene repitiendo con insistencia en los últimos tiempos. Sin ánimo de llevar la contraria, a mí la verdad es que no me lo parece; al menos, si entendemos por poesía, como entiendo yo, lo que escriben Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Wislawa Szymborska. Aunque la poesía pueda ser de muy distintas clases, funciona por otros procedimientos y mecanismos, persiguiendo efectos diferentes”. A pesar de la distinción que establece, Jordi Doce, quien se declara también amante de la música, sí señala algunas letras, algunas canciones destacables del ámbito del pop: “Las letras de Radio Futura en el disco La canción de Juan Perro siempre me han parecido excepcionales. En concreto, 37 grados es un intenso y hermoso poema surreal. Insurrección de El Último de la Fila. Y una línea maravillosa del primer disco de Prefab Sprout: ‘Las palabras son trenes que pasan ante lo que carece de nombre”. Las canciones de Radio Futura, cuyas letras son obra de Santiago Auserón, fueron, de hecho, objeto de interés literario para los escritores Luis Puig y Jenaro Talens, que las antologaron en un libro que publicó la editorial Pre-Textos. Leonard Cohen, Dylan, por supuesto, Jim Morrison o Nick Cave han visto sus composiciones en formato de libro; también los españoles Ángel Petisme o Javier Corcobado. El colaborador de ‘Tiempo’ José Manuel Gómez es el autor del ensayo que acompaña la edición de las letras del peculiar cantautor gerundense Albert Pla en El hombre que nos roba las novias (Lumen).

“Sublimes ejemplos de poesía”

Cuando se disparó la fama del rapero blanco Eminem, sus letras fueron objeto de polémica, pues utilizaba el habitual lenguaje áspero e incluso grosero para expresar ideas molestas, cuando no racistas y homófobas. En plena discusión, Giles Foden, a la sazón jefe de la sección literaria del diario The Guardian, se enfrentó a la canción Stan, de Eminem, con las herramientas de un crítico literario: “Un breve análisis de su último megahit, Stan, descubre que contiene toda la profundidad y la textura de los más sublimes ejemplos de la poesía en lengua inglesa. Por recurrir al propio lenguaje del rapero, tiene tanta sustancia como Robert Browning y es de esa misma maliciosa ironía del gran clásico de la época victoriana de la que está hecho el verdadero trabajo subterráneo de Eminem”. Y seguía: “Al dramatizar irónicamente dos series de cartas, Stan se amolda también a la tradición de la epístola rimada, a partir de la cual se desarrolló el monólogo dramático”. Eminem firmaba discos y narraba las canciones utilizando diferentes identidades, lo que Foden emparenta con los heterónimos de Fernando Pessoa. Así, puede que las letras de las canciones del rock y del pop no sean poesía en el sentido estricto del término, pero resisten la comparación. En el ámbito del pop en español, el peculiar dúo Astrud representa uno de los ultimísimos ejemplos de letras literarias e, incluso, plagadas de referencias literarias. La mejor muestra es la irónica mirada sobre la poesía española y sobre sus autores que cuentan en la canción Nuestros poetas, que dice así: “Qué malos son, qué malos son,/qué malos son nuestros poetas./Solo hay que leer las cartas/que Guillén mandó a Salinas,/o escuchar a Gil de Biedma/leído por Carod Rovira para verlo...”

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