En la hora de nuestra muerte
Es casi imposible morir como uno quiere ni controlar el propio funeral. Mucha gente se encarga de impedirlo.
Se ha muerto como del rayo (un infarto, de noche) Jimmy Schnieper Campos. Es muy probable que ustedes no sepan de quién les hablo. No pasa nada por eso, no era una persona conocida más allá de la gente –mucha gente– que lo queríamos. Pero quizá ustedes noten que las líneas que siguen trasudan un profundo dolor, a pesar de los esfuerzos que hago por evitarlo, porque no es fácil ponerse a escribir cuando acabas de llegar del tanatorio y cuando dentro de unas horas vas a asistir a la cremación de alguien que fue tu amigo durante 27 años. Amigo grande, amigo bueno y seguro, amigo último; de esos poquísimos a los que se recurre cuando todo el resto del mundo parece hundirse a tu alrededor. Él no. Si era yo quien se hundía, al final del desastre siempre estaba él. Si se hundía él, le sujetaba yo.



