Otoño: hojas para soñar

24 / 09 / 2010 0:00 POR ANDRÉS LAÍNA [email protected]
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Con el final de agosto llega el monzón de las novedades editoriales. Las librerías se llenan. Pero, ¿qué merece la pena y qué no? ¿Cómo elegir bien en tiempos de crisis?

Termina el verano, o al menos agosto, y se produce una inundación anual que llega con la puntualidad de los monzones en el Índico. Son hojas. Pero no sólo las de los árboles, que ya empiezan a amarillear, sino las de los libros. Las editoriales lanzan en septiembre toda su munición y los lectores lo saben. Es uno de los momentos más esperados del año, tanto por unos como por otros. Los editores preparan todas sus armas de seducción (hay que vender como sea, sobre todo con la crisis) y el ejército de lectores es cada vez mayor, más sofisticado y más exigente. Y los libros, ansiosos de una vida feliz, irrumpen en el mercado.

Esta vez va a ser complicado. Estamos no ya en crisis sino, para el mundo editorial, en tiempos de cambio. Quien no lo vea sufrirá las consecuencias. Ya nada es como antes, y ese antes es hace muy pocos años. A la recesión económica general, que pasará como han pasado otras, se añaden ahora el rápido desarrollo tecnológico del mundo editorial, Internet y otras variables incontroladas –eso diría un estadístico– que, junto a la voluntad de los lectores, determinarán lo que va a pasar este otoño... y también en el futuro, que está ahí mismo. O aquí ya. En esta montaña rusa, ¿qué leer ahora? ¿En qué formato o en qué soporte? ¿De quién se puede uno fiar y de quién no? ¿Cómo evitar que le den a uno gato por liebre?

En la parrilla de salida están los consagrados, los tenidos por seguros. Hay que distinguir el grano de la paja y no debe uno dejarse marear por las campañas, a veces carísimas, que intentan vender obras menores de autores célebres como si se tratase de joyas. Pero está claro que el lector espera este otoño, y con razón, a Mario Vargas Llosa, Almudena Grandes, Enrique Vila-Matas, Santiago Roncagliolo, Anne Rice, Anne Perry, Elvira Lindo, Jed Mercurio, Ricardo Piglia... Y a relativos desconocidos como Nam Le (Tiempo avanzó en agosto pasado unas páginas de su novela El barco) o Kim Thu, que tienen muchas posibilidades de dar una gran sorpresa. En el género negro están Don Winslow (el autor de El poder del perro en la colección Fresán y que ahora publica El invierno de Frankie Machine con Martínez Roca), Jo Nesbo, Harlan Coben, Reyes Calderón y Juan Bolea, entre otros. El género negro merece mención especial por algo evidente: está creciendo en calidad, en número de títulos y en la cantidad de autores que se lanzan a él. Pero vayamos por partes.

De teclado a teclado.

Más vale que empecemos a acostumbrarnos a hablar no de difusión de libros, sino de difusión de lectura. La implantación de la Red es decisiva e irreversible: casi las dos terceras partes del total de los seres humanos del pla-neta tiene acceso, de un modo u otro, a Internet. Eso sirve no sólo (o no tanto) para difundir o recibir libros, sino para hacerse con información, para emitir opiniones, para compartir gustos y hasta para movilizarse. El método más seguro para saber si algo merece la pena sigue siendo el boca a oreja, pero las dos, la boca y la oreja, se han transformado en teclados. La prensa de papel, y sobre todo la crítica de toda la vida, han perdido y van a seguir perdiendo fuerza en su rol de prescriptores de lectura más importantes.

Estamos ante una nueva y multitudinaria generación de lectores que consultan blogs, webs especializadas y desde luego las redes sociales de Internet. Y eso ha conseguido ya que géneros que podríamos llamar hasta ahora desacreditados, o sin apenas repercusión en los medios u oráculos tradicionales (la novela fantástica, la romántica, incluso la histórica o el mencionado género negro), sean objeto de un interés enorme que pocos esperaban. Internet mantiene al lector no ya al día, sino al minuto de lo que se publica, y le ofrece la posibilidad de intercambiar opiniones en tiempo real. Eso es ahora el boca a oreja. Y se crean tendencias y fenómenos literarios a una velocidad que nunca se había visto antes. ¿Alguien cree que Stieg Larsson habría llevado su nombre algo más allá de Escandinavia sin Internet?

El formato que podríamos llamar incorpóreo (el e-book) crece lento pero seguro. Es verdad que ferias del libro tan importantes como la de Frankfurt, con 7.000 expositores en la edición que comienza el 6 de octubre, prestan una gran atención a un soporte que empieza a hacer ruido. Pero Libranda, el consorcio que agrupa a la mayor parte de las grandes editoriales españolas, no dispone aún de más de 9.000 títulos en ese formato; y luego están las zancadillas legales y de mercado: agravios comparativos en el IVA con respecto a los libros de papel e intentos de control de los precios, porque muchos intentan evitar que los títulos en e-book cuesten más o menos lo mismo que en las ediciones de papel... de bolsillo, o sea alrededor de la mitad de lo que se paga por las de tapa dura. Eso pasa, por ejemplo, en EEUU, donde el mercado del libro está mucho menos regulado que aquí. Así que el e-book saldrá adelante, eso sin duda. Pero tardará.

Buenos tiempos para comprar.

Pero en el mundo del libro de papel, al que todos auguran aún una larga vida, las cosas están cambiando, y eso sí que se llama crisis. Precios y tiradas se ajustan para hacer los libros más atractivos, competitivos y seductores. Ahora mismo, con la crisis, podemos decir que el mercado es estrecho pero hondo. No hay dinero, pero sí hay lectores. Nadie olvida que en la pasada feria del libro de Madrid, termómetro de las ventas en toda España, estas cayeron alrededor del 10% sobre las cifras del año anterior.

¿Qué hacer? Lo que está haciendo todo el mundo: lanzarse a por las ediciones de bolsillo. La venta de este formato de segunda está aumentando en las cadenas de librerías y en las librerías generales; se resiente, sin embargo, en las grandes superficies, donde los lectores ya no se dejan seducir con tanta facilidad como antes.

El hecho es que los editores se reinventan los libros y los vuelven a enviar al mercado más estrechos, más baratos, con una cubierta diferente o como parte de una campaña. Pero siempre en mejores condiciones para el lector avisado y algo corto de fondos, que es la tónica general. Así que quizá estemos viviendo uno de los mejores momentos para perderse en las librerías, donde hay obras excelentes a mejor precio que nunca, aunque no sean lecturas de moda. Quien está imponiendo el formato bolsillo es el lector, que ha aguzado el ingenio y que cada vez es más consciente de que quien manda en este negocio es él. Quien se lo ponga más fácil, más a mano y desde luego más barato, se llevará el gato al agua.

El libro más esperado del otoño, sin duda, es El sueño del celta, la última novela de Mario Vargas Llosa que publica su editorial de toda la vida, Al-faguara. La campaña de promoción ha sido inteligentísima y, con la habilidad del autor y de la editorial, el libro se ha hecho esperar, que es lo mejor que le puede pasar a cualquier nuevo título. La historia de un hombre extremo y apasionado, Roger Casement, sirve al escritor peruano para relatar los excesos de la colonización europea en África. Es posible que Vargas Llosa, abandonada ya (al menos por el momento) la tentación de la política, vuelva a des-lumbrar a muchos como lo hizo con La fiesta del chivo.

Grandes proyectos.

Junto a él, otro título que ha causado expectación: Inés y la alegría, el primer libro que publica Almudena Grandes en cuatro años. Tusquets pone en las librerías este volumen de más de mil páginas que será el primero de un enorme proyecto narrativo: seis novelas distintas que se reunirán bajo el epígrafe común de Episodios de una guerra interminable. Algo así como los Episodios nacionales de Galdós, pero con el eje común de relatar la lucha contra el franquismo. Para muchos –hay que meterse en el hervidero de Internet y distinguir el grano de la paja, que la hay a patadas–, esta Inés bien podría ser la gran novela de su autora, la definitiva, por su innovación y su fuerza.

Ya está en las librerías Tan cerca de la vida, de Santiago Roncagliolo, que publica Alfaguara. Este joven peruano, que no ha hecho en su vida dos libros que se parezcan entre sí y que ya es el autor vivo de su país más conocido después de Vargas Llosa y de Bryce Echenique, parece haber terminado ya el annus horribilis de sufrimiento judicial y de presiones un tanto inde-centes que sufrió tras Memorias de una dama. Ahora lleva al lector al Japón y a una convención sobre inteligencia artificial. Allí llega Max (esto sí es una constante en las novelas de Roncagliolo: sus protagonistas casi siempre están llegando de otro sitio) para ver el modo de hallar sentido a un mundo y a una vida que parecen no tenerlo. Tan buena como todas las demás del autor, lo cual es decir muchísimo.

La vida misma.

Atención a Elvira Lindo con Lo que me queda por vivir, la historia de una joven de 26 años que se queda sola y con un crío de 4 años en el Madrid de los 80: puede que sea lo mejor que ha escrito su autora hasta el día de hoy. Atentos también al consumado creador de best-sellers Ken Follet, que vuelve a la batalla con La caída de los gigantes (Plaza & Janés). El lanzamiento mundial es el 28 de septiembre y estamos, como en el caso de Almudena Grandes, ante la primera entrega de una obra de varias partes (tres, en este caso) que se llamará The Century y en la que contemplaremos los destinos entrelazados de cinco familias a lo largo del siglo XX. Y sería un error perder de vista a Anne Perry, la reina del crimen victoriano, que esta vez cambia de registro y publica en Ediciones B El brillo de la seda. La autora nos lleva a Constantinopla y vuelve a la novela histórica, el género que cultivó en sus comienzos.

En Anagrama, Jed Mercurio nos ofrece Un adúltero americano, sugestiva novela que se mete en la vida (y casi en la cama) del presidente Kennedy a través de tres rendijas: su compulsiva sexualidad, su complicado historial clínico (Mercurio es médico de profesión) y su personalidad política.

Hay muchas más (sería imperdonable olvidar la electrizante El último paciente del doctor Wilson, de Reyes Calderón, que publica Planeta, o las Orquídeas negras de Juan Bolea, en el género del mismo color), pero al final, en un soporte u otro, en tapa dura o en bolsillo, quien tiene la palabra es el lector. Se enfrenta a un otoño lleno de hojas... de libros. Son las hojas que más hacen soñar. Con crisis y sin crisis.

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