Música para la Semana Santa (y las otras)

11 / 04 / 2017 Enrique Peris
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En estas fechas del año prolifera, además de Ben Hur, la música considerada sacra o religiosa.

Si ponen Ben-Hur en la televisión, probablemente estemos en Semana Santa, aunque quizá no: la versión de William Wyler, con Charlton Heston, es un magnífico espectáculo en cualquier época.

Lo mismo podría decirse de la música religiosa, que suena y se programa especialmente en estas fechas, aunque cualquier mes es bueno para escuchar El Mesías, de Haendel; o La creación, de Haydn; o La Pasión según San Mateo, de J.S. Bach. El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por Podemos, es uno de los que más interés está poniendo en asociar Semana Santa y música sacra, o religiosa, a través de un amplio y muy atractivo programa de conciertos que estos días se desarrolla en iglesias, parroquias y basílicas (también auditorios, mercados o centros culturales) de la ciudad y sus distritos.

¿Música religiosa? Hay quien sostiene que sería más exacto hablar de música sobre tema religioso, o sobre textos sagrados o litúrgicos. En puridad, música sacra sería aquella que ha sido compuesta para ser interpretada en un acto o un contexto religioso, o al servicio de una liturgia. Aunque no necesariamente. Y no solo en relación con la religión cristiana, como se suele entender en Occidente. El director de orquesta Cristóbal Soler, responsable artístico de la Semana de Música Religiosa de Cuenca (que llega a su edición número 56 como una de las citas más representativas del mundo en este género), le da un sentido más amplio: lo religioso, tanto en el ámbito cristiano como en el árabe y en el judío, y también lo místico, lo trascendental, lo elevado y espiritual.

Músicas antiguas y modernas

Es lo que refleja la programación de Cuenca este año, que incluye no solo música antigua y gregoriano, sino también nueva creación y obras de encargo, junto a otras tan representativas como Las siete palabras de Cristo en la Cruz, de Haydn, o Lazarus, la célebre cantata inacabada de Schubert, además de la presencia de Amancio Prada con su muy reconocida versión del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz y acompañado del Coro de Radio Televisión Española. Hablando de lo que hay que entender por música religiosa, Cristóbal Soler recuerda que J. S. Bach escribió toda su música “como servidor de Dios” y para su gloria, pese a lo cual está claro que no hay que ser creyente o religioso para gozar con La Pasión según San Mateo o las partitas o las suites, porque “la música es un lenguaje universal y el gran alimento del alma”.

El maestro Miguel Ángel Gómez-Martínez, director de la Orquesta y Coros de RTVE, que este año tiene un papel destacado en la Semana de Cuenca, con la interpretación del Requiem de Brahms y el Stabat Mater de Rossini, defiende que hay música religiosa (“es el carácter, el ambiente de la propia música lo que la hace religiosa”) y hay también música “supuestamente religiosa que, aunque vaya sobre textos bíblicos o sagrados, es menos religiosa que dramática”. Y pone como ejemplos de esto último, el propio Stabat Mater rossiniano o el Requiem de Verdi en algunos o muchos de sus pasajes.

En cambio, cierto fragmento de la Sinfonía fantástica, de Berlioz, es sin duda música religiosa; de hecho, el propio compositor anota: “Religiosamente”, en la conclusión de Ensueños y pasiones, el primero de los Episodios de la vida del artista. Por el contrario, la popularísima cantata Carmina Burana es otra cosa: se nos indica claramente que son “cantos profanos”, por si no nos damos cuenta.

Creyentes y no creyentes, agnósticos o ateos, idealistas o materialistas, religiosos, laicistas y... profanos: para todos, la música es, en efecto, el idioma común. Y la Semana Santa es una época tan buena como cualquier otra para regocijarse con ella. 

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