Microteatro por dinero
Las grandes salas siguen en crisis, como siempre, pero ha aparecido algo nuevo que atrae mucho público.
La menos creativa de todas las preguntas que se le puede hacer a un empresario teatral es si el teatro está en crisis. Tópico entre tópicos, redundancia construida ya sobre un pleonasmo, el mal entrevistador siempre recurre a ella. El entrevistado responde con evasivas a algo que es como preguntar si el Sol sale por el Este. Pocos recuerdan momentos en los que el teatro no haya estado en crisis, o en los que ningún empresario haya encontrado una solución imaginativa para salir adelante. El objetivo es el sueño de vivir de una pasión.
El todavía joven siglo XXI podría pasar a la historia del mundillo de las tablas como el siglo del microteatro. Al menos, en las grandes ciudades. El subgénero consistiría en ofrecer pequeñas piezas teatrales de unos quince minutos de duración en un espacio tampoco superior a los quince metros cuadrados.
Todo ello, empleando un número de actores que no sobrepasaría los diez pero generalmente sería muy inferior, y que determinaría mucho el coste del montaje. Uno o dos actores significan montaje barato y además se puede optar entre pagarles o buscar algunos de los que trabajan por amor al arte. Nunca mejor dicho.
Todo esto no significa mediocridad, sino a menudo lo contrario. Como el ingrediente imprescindible de sazón es realmente la brillantez, en Madrid asistimos a pequeños montajes teatrales que realmente merecen la pena. Obras que se paladean con deleite, que cuestan algo más del doble del precio de una caña y que atraen a las tablas a un público que en parte es nuevo.
Motivar al espectador
La cosa no es tan sencilla como encontrar espectáculos baratos de producir. La idea va mucho más allá: se trata de motivar a un espectador que quizá no pueda pagar los 15 o 20 euros de una entrada de las de antes. Las ganas de crear algo nuevo y viable son el combustible que está haciendo que el teatro permanezca vivo aquí, sobre todo en Madrid. Los empresarios han reaccionado ante la carestía combatiéndola con ideas e ilusión, y ahora nos permiten ir al teatro por ese precio de unos 4 euros. Cuando el local alberga varias salas, el espectador puede optar incluso por asistir a tres o cuatro obritas encadenadas invirtiendo algo más de tiempo y de dinero. Un montaje micro de quince minutos puede representarse hasta seis veces durante una tarde de sábado.
La otra ventaja del microteatro es que puede representarse en espacios inicialmente no previstos para hacer teatro y además sin que el empresario se arriesgue a sufrir grandes pérdidas porque los alquileres son baratos. Un buen lugar para representar microteatro, si pueden coordinarse los horarios, son los museos y salas para exposiciones de pintura. También se han hecho varias pruebas en algún restaurante con condiciones especiales y lo cierto es que ya teníamos una larga tradición de representación de monólogos en restaurantes. Durante los próximos meses podría ponerse en marcha en Madrid un montaje modesto que se desarrollaría en una habitación de hotel. Eso no significa pagar una habitación, sino solo algunas horas de alquiler de
la misma.
La frase publicitaria “microteatro por dinero” de la empresa http://microteatromadrid.es/ resulta muy efectiva, porque profesionaliza el concepto. El reto que se le presenta al teatro español es averiguar si todas estas ideas nuevas serán suficientes para atraer a nuevos públicos y para no dejar escapar al que ya tenían. Es lo que están intentando hacer salas como Artespacio Plot Point, El Esconditeatro, Coolturetas y Microteatro. Y muchas otras que dentro de algún tiempo veremos si han logrado salir adelante. De lo que ya no cabe duda es de que lo han intentado con ilusión e inteligencia.



