Las reglas de Roncagliolo

24 / 04 / 2013 13:02 Daniel Jiménez
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El escritor peruano se pasa al humor en su nuevo libro, Óscar y las mujeres, una sátira sobre el mundo de las telenovelas.

En el cambio de milenio un joven llamado Santi salió de Perú con dirección a España. Tenía 25 años, muchas esperanzas y poquísimo dinero. Había aprendido de García Márquez y Cortázar que para triunfar en la literatura había que cruzar el charco. Una vez aquí descubrió con pesar que por cada escritor que triunfaba había cientos, quizá miles, que no lo harían jamás. Cuentan los que le conocieron entonces que algunos días Santi no tenía ni para comer. Frente a las adversidades caben dos opciones: dejarse vencer o pelear para superarlas. Santi optó por lo segundo y hoy es uno de los mejores escritores de su generación. Además colabora en Tiempo.

Buen hacer y versatilidad.

Antes de lograrlo Santi escribió decenas de artículos y traducciones alimenticias. Logró publicar una novela, Pudor, que sería llevada al cine con cierta repercusión. Pero el reconocimiento masivo llegaría tras ganar el premio Alfaguara con la novela Abril rojo, sobre la cruenta realidad de su país. A partir de ahí empezaron a traducirle a él y su talento como articulista le llevó a colaborar en medios nacionales. La última novela de ese joven llamado Santi, convertido ya en Santiago Roncagliolo, Óscar y las mujeres (Alfaguara), confirma su buen hacer y su versatilidad de estilo, y enuncia algunas reglas sobre el género de la telenovela que merece la pena destacar.

Regla uno: la buena es virgen y el galán es viril. Óscar, guionista de telenovelas, está escribiendo una nueva historia de amor y traición. Hace años tuvo dos éxitos memorables pero en estos momentos sufre una crisis creativa. “Las telenovelas han sido una gran escuela de narrativa para mí –afirma Roncagliolo, quien, como Óscar, ha sido guionista de algunas de ellas–. Hace falta mucha imaginación para mantener a una protagonista virgen durante 120 capítulos. La gente real ya no es virgen durante más de tres”.

A lo largo de la novela se suceden enredos, fraudes y desventuras amorosas que provocan la hilaridad del lector. Pero además del sentido del humor el libro de Roncagliolo también esconde ciertas abstracciones. Su autor lo explica así: “Sospecho que la literatura sirve para sacarte de la realidad. Pero la buena literatura te devuelve a la realidad mejor preparado, con algunas reflexiones nuevas. En el caso de Óscar y las mujeres, se trata de una reflexión sobre la masculinidad y su decadencia. El varón es una especie en extinción”, apunta Roncagliolo.

Regla dos: la mala es muy mala. En el tórrido ambiente de Miami los personajes se mueven entre chantajes, prostíbulos y escándalos de todo tipo. “Siempre he pensado que Miami es un gran escenario para una comedia”, confirma Roncagliolo. ¿Hay en la novela tintes autobiográficos? “Siempre parto de mi vida personal. Óscar se parece mucho a mí: un narrador obsesivo que encuentra más fácil la ficción que la vida real. Vive inventando mujeres porque no se atreve a amar a una mujer de verdad”.

Sorprende que un escritor afincado en España no trate, aunque sea de manera superficial, la grave situación del país. “Con el tema de la crisis, la gente en España está de muy mal humor. He pensado que lo mejor que podía hacer por ellos era ayudarlos a olvidar esa crisis –señala, no sin razón–. Ya tendrán tiempo de reflexionar sobre ella cuando cierren el libro y vean su nómina”.

Regla tres: la mala no puede morir. Los problemas de Óscar en la vida real se mezclan con la ficción que está tratando de escribir, la telenovela Apasionado amanecer. En esa lucha resulta imposible que los problemas reales no afecten a los protagonistas ficticios. “Lo más difícil fue tejer las historias. Había que cruzar las narraciones de muchos personajes con la historia de la telenovela”. Roncagliolo lo resume claramente: “Es mi novela más fácil de leer, pero ha sido la más difícil de escribir”.

En el libro hay escenas paródicas donde hay ecos de otros grandes escritores satíricos, como Woody Allen o Eduardo Mendoza. ¿Ha sido algo intencionado? “Woody ha sido una influencia enorme. Y también el Jack Nicholson de Mejor imposible. En Eduardo Mendoza no pensé, pero si mi libro se parece a los suyos, me siento muy honrado”.

Regla cuatro: todos los personajes cargan con secretos del pasado. La identificación del lector con el protagonista aumenta a lo largo del libro. Sus manías, sus secretos y sus carencias conmueven, pero también asustan. ¿De verdad se parece Óscar a Santiago, por ejemplo, cuando sufre una parálisis creativa? ¿Qué hace Santiago en esos momentos? “Lo mismo que Óscar: sufrir y ser insoportable. No puedes hablar ni moverte ni respirar cerca de mí. Ahora escribo fuera de casa y le ahorro mis neurosis a la familia”.

El secreto, o la carga, de los jóvenes escritores latinoamericanos sigue siendo cómo asimilar la herencia de los escritores del boom. Roncagliolo se vale de la ironía para analizar este asunto: “El boom me arruinó. A mí me habría gustado escribir novelas comerciales y ser rico. Pero nunca leí literatura comercial. Cuando yo era chico, los autores considerados comerciales eran Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez... Así que yo me acostumbré a trabajar mucho en el lenguaje, la manera de escribir. Creo que sin ellos ganaría más dinero, pero gracias a ellos escribo mejor.”

¿Dónde está el muerto?

Regla cinco: Los cadáveres nunca se encuentran. En un momento del libro se puede leer la siguiente sentencia: “Óscar apreciaba las telenovelas porque tenían un orden y un sentido”. ¿Ahí radica el verdadero atractivo de la ficción? “Para mí, sí. Dios es un mal guionista. La realidad está llena de diálogos inconexos, historias mal resueltas y páginas aburridas. Los escritores, de literatura o televisión, nos dedicamos a enmendarle la plana a Dios. Es un placer”.

Por construir esas realidades el autor de La cuarta espada ha sido considerado por la revista Granta como uno de los mejores escritores jóvenes en castellano, al lado de nombres como Patricio Pron y Alberto Olmos. ¿Cómo afecta ese hecho a su labor como escritor? “Es muy halagador, porque en las listas de Granta ha habido grandes autores como Ian McEwan o Salman Rushdie. Pero para mí, lo más importante de mi carrera es que tengo lectores. Al final, se trata de que la gente disfrute con tu trabajo, se ría, llore, se asuste, se emocione. Eso es lo más importante”, concluye.

Regla seis: los buenos tienen final feliz y los malos se pudren en el infierno. Estaría bien que así fuera, es cierto, pero no siempre pasa. Santiago peleó y lo ha conseguido. ¿Qué queda hoy de aquel joven que vino a España y sufrió y se desesperó hasta que le llegó su oportunidad? “Lo más importante de venir a España fue vivir una vida nueva. No siempre perfecta, pero diferente de la anterior. Porque lo que haces como escritor es precisamente eso: inventar vidas nuevas”, sentencia. Tal vez sea así. Necesitamos la literatura porque se ciñe a unas normas, a un rectángulo lleno de hojas y palabras. La vida, en cambio...

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