INTERNET: inventa, que siempre queda

01 / 03 / 2016 Luis Algorri
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Las redes sociales funcionan como el espacio. Están llenas de cometas: rumores, calumnias o patinazos que terminan volviendo antes o después.

Ajubel

Un ventarrón de dolor, nostalgia y cariño llenó las redes sociales a mediados del pasado mes de diciembre. El titular de la noticia que se reproducía era casi cruel: “Fallece a los 83 años Paul Newman”. Y el subtítulo no dejaba lugar a la esperanza: “El portavoz del actor ha confirmado su muerte”. Nada que hacer, pues. El texto, publicado en la web del diario El País, lo firmaba Miguel Mora. La foto, en blanco y negro, mostraba a un Newman de unos treinta y tantos años, con barba y gesto triste. Qué pena más grande.

Tanto en Facebook como en Twitter cundió la desolación. La noticia fue retuiteada y/o compartida cientos, miles de veces. Los comentarios de los lectores, numerosísimos, eran pura lágrima: “Nunca habrá otro como él”, “he visto todas sus películas, incluida la última, que ya estaba muy mayor”, “mi madre y yo hemos estado siempre enamoradas de él”, “nunca olvidaré el papelazo que hacía en Espartaco”, y por ahí seguido.

Todo correcto salvo por un detalle sin mayor importancia: la noticia es del 26 de septiembre de 2008. Fue entonces cuando murió el protagonista de La leyenda del indomable (que no de Espartaco), como bien escribió Miguel Mora en su día. Hace siete años y medio.

¿Qué pasó? ¿Mentía El País? No, decía la verdad y su comportamiento había sido intachable. Justo encima del llamativo titular aparecía el término “Hemeroteca”. Y algo más abajo, muy cerca de la firma del periodista, se podía leer (en color gris muy clarito) la fecha correcta.

Pero, evidentemente, hubo muchísima gente que no vio eso. Lo que estaba escrito en letras negras y muy grandes era el titular. Para leer lo demás había que hacer un esfuerzo de atención suplementario (lo que en términos sencillos se llama fijarse), y eso no lo intenta demasiada gente. Y no lo vieron. Lo razonable es pensar que en septiembre de 2015, algún fan del actor estadounidense puso en las redes sociales la noticia que apareció el día de su muerte, como un homenaje. Pero aquello se viralizó sin remedio y una ingente cantidad de lectores (que no sabían o no recordaban, es obvio, que Paul Newman había muerto mucho tiempo atrás) se llevaron un tremendo disgusto de espoleta retardada al creer que el fallecimiento se acababa de producir.

Lo mejor de todo fueron algunos comentarios en las redes sociales: “Querida Angelines, esa noticia es de hace casi ocho años”. Respuesta: “Me da igual. Sigue siendo una pena que se haya muerto”.

Si todo sucede como de costumbre, no es nada difícil adivinar que la muerte de Paul Newman experimentará el conocido efecto cometa que aqueja, en Internet, a numerosos hechos, tanto ciertos como falsos: durante un tiempo se perderá en el espacio exterior y luego, quizá dentro de dos o tres años y a lo mejor coincidiendo de nuevo con el 26 de septiembre, volverá a aparecer; otro montón de personas sentirá un gran dolor por la muerte de Newman, de la que no se habían enterado; Facebook se llenará una vez más de emoticonos de besos con corazones, perritos animados llorando y florecillas diversas, y Angelines volverá a decir que le da igual cuándo se murió, caramba, que lo terrible es que se haya muerto.

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