El sultán de las montañas
Montañas Yebala, protectorado español de Marruecos, 26 de abril de 1913 · El Raisuli inicia la guerrilla contra los españoles a raíz de un secuestro, tras haber sido candidato a jalifa.
Santo y bandido, guerrero y filósofo, sultán de las montañas y miserable cautivo encadenado a una pared durante años, pesadilla del ejército español y su principal aliado en la última Guerra de África... Todos esos contrarios se encuentran en la personalidad del muley Ahmed ben Mohamed ben Abdallah el Raisuli, pretendiente al trono de Marruecos, pirata y secuestrador de proyección internacional.
El Raisuli era un príncipe, como indica el título muley (príncipe en árabe) antepuesto a su nombre, pues era cabeza de la aristocrática tribu Beni-Arós, toda ella descendiente del santón muley Abdesalam el Mexix, máxima figura de la religiosidad berebere en el Norte de África, aunque en realidad era considerado su caudillo por todos los pueblos montañeses de la Yebala o Bajo Rif. También contaba El Raisuli entre sus antepasados al profeta Mahoma, lo que le confería el título de jerife, el más importante de los que ostenta la realeza marroquí -en el islam la nobleza es siempre de origen religioso-. Como exigían estos antecedentes, recibió una educación de taleb (letrado musulmán) y aprendió el árabe clásico en el que su nombre se pronunciaba Raisuni, pero tan pronto terminó sus estudios, empujado por la situación de ruina de la nobleza jerifiana, se convirtió en salteador.
Sus fechorías tenían un elemento de rebeldía contra el sultán de Marruecos, que para los norteños de raza berebere no era más que un déspota extranjero, de modo que El Raisuli se convirtió en un mito popular y podía movilizar muchos seguidores. El sultán muley Hassán empezó a ver en él una seria amenaza, alguien que podía incluso disputarle el trono, y ordenó al bajá de Tánger, Abdelsedak, que acabara con El Raisuli a cualquier precio, añadiendo a su orden una frase que no admitía dudas: “Rsec urasu” (Tu cabeza o la suya).
El bajá tuvo que emplear la traición y para ello recurrió a un hombre con fama de santo, Hach el Larbi, jeque de Wad Ras. El Hach le contó al Raisuli que el bajá había adquirido tres rifles maravillosos. El Raisuli sentía por las armas de calidad la misma fascinación que una mujer de mundo por los brillantes, de forma que cayó en la trampa: aceptó una invitación para ir a casa del bajá a ver los rifles, en la esperanza de comprar alguno. Una vez allí, mientras era agasajado con un espléndido banquete, sin respetar su sagrada condición de huésped, fue hecho preso.
Encadenado.
Lo enviaron lejos, a la costa atlántica meridional, a la cárcel de Mogador, donde estuvo encadenado a una pared durante cinco años, aunque lograra fugarse para ser capturado de nuevo. Su suerte fue el fallecimiento del sultán, cuyo sucesor, muley Abdelaziz, otorgó una amnistía y le puso en libertad. Sin embargo, El Raisuli se sentía un fuera de la ley y comenzó a practicar en serio la piratería y el bandidaje.
Y, sobre todo, un siglo antes de que la actual Al Qaeda en el Magreb utilizara la captura de rehenes occidentales como arma de propaganda y financiación, El Raisuli descubrió el filón que suponía el secuestro de extranjeros de países poderosos. La primera de sus víctimas fue un inglés, William Harry, que canjeó por un grupo de sus secuaces presos. Pero cuando el nombre del bandido saltó a la escena internacional fue cuando en 1904 se apoderó de un rico heredero americano, Ion Hanford Perdicaris, por quien pidió 70.000 dólares de rescate.
El presidente Theodore Roosevelt pretendía la reelección y maniobró interesadamente para transformar el suceso en un auténtico casus belli. Envió una flota de guerra y amenazó al sultán con embargar las aduanas de Marruecos –su principal fuente de ingresos- si no lograba la liberación de Perdicaris. En la convención de su partido, que no tenía intención de nominarlo para la reelección, hizo una exhibición de su demagógica ideología del big stick (gran garrote), proclamando: “Este gobierno quiere a Perdicaris vivo o al Raisuli muerto”.
La astucia sin escrúpulos de Teddy Roosevelt tuvo éxito en todos los frentes. En EEUU fue reelegido, mientras que en Marruecos el sultán hizo todo lo humanamente posible por seguir el diktat americano. Primero mandó a su ejército a las montañas, pero El Raisuli era un guerrillero nato y lo derrotó. Entonces negoció la liberación de Perdicaris con el rebelde, haciendo tales concesiones que le convirtió en soberano de hecho de la Yebala, “el sultán de las montañas”, como titularía su biografía la escritora inglesa Rosita Forbes (véase recuadro). Lo más pintoresco del caso es que Perdicaris había renunciado a su ciudadanía americana 40 años atrás, cosa que Roosevelt mantuvo en secreto y no se supo hasta los años 30.
Durante el resto de su vida El Raisuli sería un poderoso señor de la guerra en el norte de Marruecos, aliándose o enfrentándose a las diferentes potencias que intervenían en la política del país, ejerciendo de gobernante o de bandido según le venía bien. Precisamente en esa época España había entrado en el tablero marroquí, a raíz de la Conferencia de Algeciras, que en 1906 le adjudicó el regalo envenenado del Protectorado del Norte de Marruecos, que incluía el Rif y la Yebala.
El Raisuli se entendió bien con una de las figuras de la colonización española, el coronel González Silvestre, un típico militar africanista con el que pactaba correrías en contra de los intereses franceses. En 1913 González Silvestre acudió a Madrid a defender ante el Gobierno español la candidatura del Raisuli para máxima autoridad nativa en el protectorado español, jalifa o virrey, pero la cabra tira al monte y El Raisuli cayó en la tentación de secuestrar a unos vecinos de un pueblo bajo la autoridad española y pedir 250.000 pesetas de rescate. Eso supuso la ruptura de relaciones con España, y González Silvestre se dedicó a perseguir al Raisuli.
El final.
La guerra de guerrillas duró más de 8 años, pero tras la pérdida de sus tierras y la derrota de sus tropas, El Raisuli hizo otra pirueta política de las que habían llenado su vida, y ofreció su adhesión a España, convirtiéndose en el principal de los llamados moros amigos en la fase álgida de la Guerra de África, precisamente cuando su amigo/enemigo González Silvestre, ascendido a general, era masacrado con sus 3.000 hombres en el Desastre de Annual.
La razón de este alineamiento con los españoles, que reafirmó tras el golpe de Estado de Primo de Rivera, aparte de la esperanza de convertirse en jalifa, es que el caudillo indiscutible de la rebelión del Rif era Abdelkrim, con quien El Raisuli mantenía una feroz rivalidad. Y sería Abdelkrim quien puso el epitafio a la aventurera existencia del Raisuli.
A principios de 1925, en un momento en que el viejo guerrero estaba gravemente enfermo, parece ser que de hidropesía, los hombres de Abdelkrim asaltaron el palacio del Raisuli y lo hicieron prisionero. No está claro si lo mataron o si se murió cuando lo llevaban prisionero. Parece que lo enterraron en el campo, junto a un río del Rif, aunque naturalmente corrieron rumores de que seguía vivo, pues su leyenda era demasiado formidable para aceptar una muerte anónima.



