El primer secuestro aéreo

23 / 04 / 2012 13:09 Luis Reyes
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Espacio aéreo entre Mallorca y Argel, 22 de octubre de 1956 · El Ejército francés secuestra el avión de Ben Bella, líder de la independencia argelina recientemente fallecido.

“Disparen sobre el motor derecho si el avión intenta huir”. El piloto del DC-3 marroquí oye cómo los cazas franceses que le escoltan reciben esta orden por radio. Si le queda alguna duda, esto la disuelve, y enfila hacia Argel como le han mandado poco antes. Ese vuelo de la compañía Air Atlas se ha convertido en la primera víctima de un secuestro aéreo.

Desde el 11-S identificamos piratería aérea con el más perverso de los terrorismos, pero el primer secuestro de la Historia fue obra de un gobierno legal y democrático, el que presidía en Francia el socialista Guy Mollet. Mollet había ganado las elecciones de 1956 con la promesa de restablecer la paz en Argelia, que desde hacía dos años ardía en una insurrección armada a la que se enfrentaba un ejército francés de 250.000 hombres.

Con este propósito Mollet forma un gobierno de coalición con radicales, gaullistas y la tendencia socialista que dirige François Mitterrand. Enseguida comienzan las conversaciones “exploratorias” con los dirigentes de la rebelión que, capitaneados por Ahmed Ben Bella, se hallan exilados en El Cairo, aunque para guardar las formas el que negocia no es oficialmente el gobierno francés, sino el Partido Socialista (entonces llamado SFIO) del primer ministro.

En Argel los militares no ven con buenos ojos esa “falta de patriotismo” del gobierno. ¡Ellos saben cómo tratar la rebelión! Comienza a oírse el ruido de sables que condicionará la política francesa en los años siguientes, acabará con la IV República y llevará al poder a De Gaulle, aunque no logrará impedir la independencia argelina.

Espionaje eficaz.

Desde mediados de octubre de 1956 el espionaje francés sabe que Ahmed Ben Bella y la plana mayor de Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino ha abandonado su refugio seguro de El Cairo y se encuentra en el vecino Marruecos, manteniendo conversaciones con el rey Mohamed V. Y saben que van a trasladarse a Túnez para sumar al presidente Burguiba a sus maniobras diplomáticas, que intentan convencer al gobierno francés. El mando militar galo acaricia la esperanza de que el avión que los traslade pase sobre Argelia, cuya inmensa masa territorial separa Marruecos de Túnez. Entonces se apoderarán de él.

Mohamed V ha pensado llevar a los dirigentes argelinos en su avión personal, pero finalmente se decide que viajen en un vuelo especial para ellos solos, que evite precisamente sobrevolar Argelia. En la mañana del 22 de octubre, un avión DC-3 de Air Atlas despega de Marruecos con destino a Mallorca, llevando como únicos pasajeros a Ben Bella, Aït Ahmed, Boudiaf, y Mohamed Khider, la cúpula del FLN, más un militante de menor rango. Air Atlas/Air Maroc es una compañía marroquí, pero la tripulación del DC-3 es francesa porque los marroquíes, que acaban de lograr la independencia, no han formado todavía pilotos.

En Argel los generales se ponen en movimiento, exigen del gobierno que dé las órdenes para capturar a Ben Bella y compañía. Casualmente esa mañana se ha producido un vacío de poder político. El jefe del gobierno, Guy Mollet, está en un departamento del Norte, el ministro de Defensa, en Londres. La máxima autoridad política en Argelia, el llamado ministro residente, Robert Lacoste, también está ausente, se ha ido a su pueblo en Francia.

En esa época no es fácil localizar a las personas de viaje, aunque sean miembros del gobierno. Los militares logran solamente el visto bueno del número dos de Defensa en París, y en Argel la colaboración del secretario del ministro residente, que firma una “instrucción general permitiendo interceptar, para verificación de identidad, los aparatos extranjeros que sobrevuelen sin autorización territorio argelino”.

El avión de Ben Bella no va a sobrevolar territorio argelino, pero el Ejército no se detiene por formalismos. Tan pronto abandona el espacio aéreo español, el piloto del DC-3 recibe desde Argel una orden escueta por radio: “Aterrice en Argel”. “¿En nombre de quién habla?”, preguntan desde el avión. “Del gobierno francés”. “Somos una compañía extranjera, esas órdenes no nos conciernen”. Desde Argel les replican de forma airada: “¡Queremos a los fellouzes (moracos)!”.

El piloto se da cuenta de lo serio que es el juego, varios cazas franceses le siguen, pero aún pone pegas. Su familia vive en Marruecos y teme represalias.

–Nos ocupamos inmediatamente, los pondremos a salvo.

-¿Y si los rebeldes van armados?

-Tomen precauciones.

Los militares no atienden a razones y, bajo la amenaza real de ser derribado, el piloto aterriza en Argel.

Ben Bella y sus compañeros van confiados, al ver las luces de Argel la azafata les dice que es Túnez. Después desaparece, se encierra en la cabina con el resto de la tripulación, piloto, mecánico de vuelo y radio. Tras aterrizar ruega por el altavoz “permanezcan en sus asientos”, y luego salta con los demás por la salida de emergencia de la cabina, torciéndose un tobillo. Pero, ¿qué es eso comparado con el riesgo que han corrido?

Los pasajeros notan que sucede algo raro aunque no tienen tiempo para reaccionar. Les han cortado la luz pero desde fuera enfocan con proyectores que los ciegan. La puerta se abre y entra un coronel de Aviación metralleta en mano, seguido de una tropa de hombres armados. Ben Bella intenta sacar un revólver, pero sus compañeros le piden que se esté quieto para que no los maten a todos. La cúpula de la rebelión levanta las manos. Los generales ya tienen a sus fellouzes.

Terremoto político.

La operación ha sido un éxito desde el punto de vista militar, ha salido bien hasta lo más difícil, sacar de Marruecos esa misma tarde a las familias de los tripulantes del DC-3, que encuentran a sus mujeres e hijos esperándoles en Argel. Sin embargo, desde el punto de vista político es un seísmo de fuerza 9.

El rey de Marruecos llama al Eliseo al presidente de la República Francesa, René Coty, apela exaltado a su honor: “¡Se ha violado mi hospitalidad, los argelinos son mis huéspedes! ¡Estoy dispuesto a entregar a mis hijos como rehenes!”, dice Mohamed V. Coty convoca al jefe del gobierno, Guy Mollet, que no se ha enterado del asunto hasta después de culminada la operación.

El presidente de la República recibe en pijama y furioso a su jefe de gobierno, que ha pasado del estupor a la desolación y lanza un lastimero “¡Estamos deshonrados!”. Sin embargo van llegando los ministros a la reunión y la mayoría está satisfecha con los acontecimientos. El presidente Coty les dice a gritos que hay que liberar a Ben Bella, pero varios ministros le responden que ni lo sueñe. En la IV República el presidente no tiene poderes ejecutivos, la decisión corresponde solo al jefe del gobierno. Guy Mollet está lívido, guarda un largo silencio antes de expresar su decisión: lamenta y condena el hecho, realizado a espaldas del gobierno, pero “no podemos volvernos atrás”. “Si soltamos a los prisioneros el gobierno caería mañana”.

No el gobierno, sino el régimen de la IV República, caerá año y medio después, cuando los militares, descontentos con la “falta de patriotismo” del gobierno, den por fin su temido golpe en Argel.

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