Gómez Martínez vuelve con la orquesta de RTVE

17 / 05 / 2016 Enrique Peris
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El director regresa tras 30 años en los que ha sido titular de, entre otras, la Ópera de Viena o la Sinfónica de Hamburgo.

De Miguel Ángel Gómez Martínez se sabe, y se recuerda cuando lo entrevistan, que gracias a su memoria prodigiosa dirige siempre sin partitura, porque prefiere “mirar a sus músicos a la cara” que al papel. También se cuenta que, auténtico niño prodigio de la música, tenía solo
 7 años cuando se subió por primera vez a un podio para dirigir a un grupo de profesores: la Banda Municipal de Granada, de la que su padre formaba parte. Iniciaba así una brillantísima carrera musical para la que parecía predestinado, por herencia familiar (su madre era pianista) y por su propia resolución. Asegura que desde muy niño supo que quería ser director de orquesta.

Ahora, ya de mayor, a los 66 años, tras haber dirigido muchas de las orquestas más prestigiosas del mundo y de haber sido titular de la Ópera de Viena, o de la Sinfónica de Hamburgo, entre otras formaciones de primer nivel, Gómez Martínez vuelve a la orquesta de RTVE como director titular, un puesto que ya desempeñó, aunque por poco tiempo, hace tres décadas. Va a sustituir a Carlos Kalmar, un cotizado director, uruguayo de origen austriaco, que ha llevado la orquesta, durante las cinco temporadas para las que fue contratado, con éxito y reconocimiento artístico en una etapa no exenta de problemas económicos y laborales en el día a día de la formación.

La música puede ser algo sublime, pero los músicos son tan humanos como los instaladores de gas o los peritos agrónomos, por ejemplo, y lo son también sus intereses y aspiraciones, sus temperamentos y sus querencias o antipatías, como no podía ser de otro modo. Kalmar ha mantenido y enriquecido el prestigio de la Orquesta y Coro de RTVE y ha aportado novedades interesantes y valiosas a su repertorio, aunque su método de trabajo, nada condescendiente, marcado por la exigencia y la disciplina, ha provocado expresiones de descontento entre los músicos por el “modo de ser” del maestro, su actitud y sus formas.

Nadie discute que la orquesta suena admirablemente, y que, pese a las dificultades y los problemas financieros y de modelo de la propia RTVE, la formación ha llegado a su 50 aniversario (nació en mayo de 1965, con Igor Markevitch como director-fundador) en un excelente momento artístico. Y ello por mucho que algunos aficionados de origen y casta, pretendidamente genuinos, se refieran a ella y a su público con cierta benevolencia displicente que tiene mucho de esnob.

La orquesta de RTVE tiene, sí, un público fiel, que acude a los conciertos en el Teatro Monumental y nota que aquello le suena bien y le emociona, y aplaude agradecido: no tan elitista, más informal, y que paga menos por su entrada que en otros auditorios (imprevisible, como todos los públicos en España, en cuanto a irrumpir en el concierto con toses y ruidos, pero esa es otra cuestión), lo cual es parte de la labor de la orquesta como servicio público, que justificaría por sí misma su existencia.

Su directora-gerente, Mikaela Vergara, insiste en destacar, más allá de los conciertos semanales, la función social y pedagógica que realiza el conjunto sinfónico-coral a través de la televisión, la radio, la Red o las grabaciones en CD o DVD, o su papel a la hora de llevar la gran música allí donde la gente no tiene acceso habitualmente a una sala de conciertos. “Una tarea cultural semejante a la de abrir cada día el Museo del Prado”, afirma Vergara.

Casi terminada la temporada de conciertos de abono, la orquesta de RTVE presenta oficialmente, dentro de unos días, su programación para la próxima, que promete ser interesante. Es de desear que cumpla otros 50 años más.
 Por lo menos. Eso, en unos tiempos en que las orquestas se cierran porque resultan caras (pero son necesarias), sería maravilloso. 

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