Frankfurt: feria del libro y de las vanidades

22 / 10 / 2010 0:00 JUAN BOLEA [email protected]
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Es una cita obligada, una batalla y un escaparate, pero sobre todo un mercado. El mayor encuentro mundial de editores acaba de concluir.

15/10/10
En la Buchmesse, o Feria Internacional del Libro de Frankfurt, todo es descomunal. El número de pabellones (8), el de países participantes (111), el de eventos (3.000), el de stands (7.533) o el del público asistente (500.000 personas), por no especular sobre el número de perritos calientes que se despachan en la plaza central o el de contratos de edición que se cierran entre agentes y casas editoriales.
Es posible, en un día, saludar a Ken Follet, escuchar a Günter Grass o, de labios de Ingrid Betancourt, oír las cuitas de su secuestro. También, en el pabellón del libro antiguo, se puede, si llega el bolsillo, adquirir un manuscrito de Jorge Luis Borges -El Aleph, por ejemplo- a partir de 60.000 euros. Todo ello, y mucho más, para demostrar que en 2010 Frankfurt volvió a ser la primera feria del mundo. También, de las vanidades.
¿Qué supone la Buchmesse alemana para el mercado español e hispanoamericano? ¿Con qué objetivos participan en Frankfurt editores y agentes, autores y comunidades autónomas, libreros y distribuidores de los países de habla hispana?
Hasta ahora, la feria de Frankfurt ha venido mereciendo el apoyo generalizado del sector del libro español, pero los tiempos cambian y el futuro no está garantizado.
Daniel Fernández, editor de Edhasa, opina que este tipo de certámenes entró en decadencia a partir del ataque a las Torres Gemelas y el progreso de las nuevas tecnologías. “Antes, en Frankfurt, hacías contactos físicos, le ponías cara a voces que sólo conocías por teléfono y participabas en subastas de títulos. Hoy, con Facebook y las videoconferencias, están perdiendo sentido, aunque nosotros seguiremos participando porque los resultados valen la pena”. Tanto, en este caso, que Daniel Fernández y Anna Portabella han vendido muy bien a uno de sus autores más originales, Mauricio Wiesenthal, y han adquirido una serie de Simon Scarrow y otra de Valerio Massimo Manfredi. “En Frankfurt se ven tendencias –añade Anna Portabella-. Y nuevas ideas para cubiertas, recursos de marketing...”.
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Una satisfacción casi eufórica mostraba en plena feria Alberto Díaz, responsable editorial de Planeta-Argentina. Su alegría residía en el hecho de que Argentina -bajo el lema “Cultura en movimiento”- ha sido el país invitado en Frankfurt, y en que la oportunidad se ha aprovechado. “La presencia argentina ha sido modesta en términos económicos, pero ha permitido traer a 60 escritores y, lo que es más importante, poner en marcha un plan de traducciones financiado por la Cancillería, a razón de 3.500 dólares (2.500 euros) la traducción. Esa ayuda servirá para dar a conocer en el extranjero más de 300 obras. Por eso, de las 15 ediciones que llevo asistiendo a la feria de Frankfurt, ésta ha sido la mejor para mí”.
Hagamos negocio.
Si es dilatada la experiencia del editor argentino, la de la agente literaria española Antonia Kerrigan, 29 años sin faltar a la cita con la capital del Estado de Hesse, le permite proyectar una mirada panorámica. “Al principio –recuerda Kerrigan-, la feria de Frankfurt era muy pequeña. Los agentes teníamos cuatro mesas, no como ahora”, y abarca con un gesto el Salón de Derechos, donde en la actualidad se disponen cientos de pupitres, en los cuales se lleva a cabo una entrevista profesional cada 30 minutos. La directora de la agencia Kerrigan tiene claro que ésta no es una feria para autores, sino para descubrir autores y títulos a través de las agencias, de los scouts (que son una especie de ojeadores de talentos) o de los propios editores, poniéndolos en circulación en diversos mercados. Víctor Hurtado, de la misma agencia, especifica que los autores españoles son competitivos y se venden cada vez mejor. “No ya sólo al mercado inglés o norteamericano, o a mercados más próximos, como el francés y el alemán, sino a cualquier país y lengua del mundo”.
“Para vender a un autor –explica Kerrigan- debes saber qué tipo de editor tienes delante y ofrecerle algo que encaje en su catálogo. No siempre el acuerdo contractual, al que el autor debe mostrar su conformidad, se cierra en el momento, pero muchas veces fructifica”. Los españoles María Dueñas o Félix J. Palma y la mexicana Sabine Berman han sido tres de los autores que esta agencia acaba de exportar a numerosos países. Si de México hablamos, habrá que referirse a la feria del libro de Guadalajara (Jalisco), competidora de Frankfurt. Yeana González (Ediciones B), buena conocedora de la cita jalisqueña, sin duda el principal certamen del libro hispanoamericano, suscribe, sin embargo, que Frankfurt sigue siendo el principal punto para la compra y venta de los derechos mundiales de autor. “Hay autores mexicanos –afirma-, como Carlos Fuentes, Jorge Volpi, Mónica Lavín o Pedro Ángel Palau que se venden muy bien. A nivel global, lo más importante es que el mercado editorial tiene en Frankfurt una oportunidad única para hacer buenos negocios con los libros, y hay que saber aprovecharla”.
En el mismo parecer, pero en sentido contrario, de España a América, cruza con frecuencia el charco el editor e impresor José Vela (Aqua), para quien “Frankfurt supone una ocasión inmejorable de establecer relaciones comerciales y, muy en particular, de aumentar los canales de distribución para nuestras publicaciones. Se facilita al libro creativo o al técnico su difusión, desde España, en diversos países sudamericanos”.
De ahí que los editores partan hacia Frankfurt pertrechados de abundantes catálogos y cifras que, en los últimos años, se habrán dejado algunos ceros en la cuenta o en la cuneta de la crisis. Una vez en la moqueta de la Buchmesse, deberán aprender a jugar sus cartas en la lucha por hacerse con el libro caliente o con el libro de la feria. Oficioso título que este año no recayó en ninguno. Porque, pese a que la feria de Frankfurt es muy ordenada, germánica, siempre hay lugar para la improvisación y algún descubrimiento.
En el fondo, a Myriam Galaz, editora de Espasa, no hay nada que le agrade tanto como una sorpresa. “El editor es entusiasta por naturaleza y aquí deja que su adrenalina, incluso su paranoia, se activen”. Galaz es de las editoras que eligen con calma, pero su método está abierto a la improvisación. “Reconozco que no siempre sé lo que vengo a comprar y eso es emocionante. Suelo hablar con los scouts y con otros editores. De esa manera obtienes segundas opiniones de un mismo libro o concedes una segunda oportunidad a otro por el que no te habías decidido. Creo en los encuentros casuales con los libros”.
La bendición de Vargas Llosa.
No se debió a la casualidad la concesión del premio Nobel a Mario Vargas Llosa, y en eso hubo general coincidencia. Jesús Egido, editor de Rey Lear, sacaba punta a la decisión de la academia sueca: “Para un mercado tan pequeño como el español ha supuesto un revulsivo universal, y para la feria internacional de Frankfurt, una inesperada celebración de la literatura en castellano”.
José Luis Acín, director del Centro del Libro de Aragón, dependiente del Gobierno aragonés, ofrecía una visión más institucional de lo que hacían allí los españoles este año: “Frankfurt supone una gran oportunidad para dar a conocer a nuestros autores y editores. Cada año aumenta el número de interesados en asistir porque conocen a proveedores o distribuidores y asimilan novedades. Nosotros colaboramos económicamente, ayudándoles en los desplazamientos. Es una inversión muy rentable”.
Fernando Diego, de la editorial Libros del zorro rojo, ha recibido ayuda del ISIC (Instituto Catalán de las Industrias Culturales). En Frankfurt buscaba salidas para sus colecciones de libros ilustrados, con textos de clásicos como Poe o Lovecraft, y dibujos de Scafatti o Carnero, entre otros. “En mi sector, que es muy específico, no se ha notado la crisis –aseguraba Diego-. El esfuerzo de venir aquí nos compensa. Hemos ido a más”.
Como los libros. Ojalá.

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