Flamenco del siglo XXI
El arte flamenco se quita los complejos y asalta sus propios mitos. En Sevilla se celebra la Bienal y en Pamplona los flamencos se asoman a los balcones. Niño de Elche asalta las guaridas del pop y se estrena un documental sobre el Omega de Morente.
Arcángel ofrece un concierto en el Teatro Real de Madrid, un lugar casi sagrado para los seguidores de la ópera, de la música clásica y, más recientemente, del flamenco. “¿Qué crees que pensaría Falla si te viera tocar en el Teatro Real?”, le preguntó Jesús Quintero a Paco de Lucía en los 70, en un programa de TVE. “Creo que pensaría: ¡Qué poca vergüenza tienen estos flamencos!”, contestó Paco con una sonrisa. En realidad, Paco de Lucía abrió el Real para los flamencos, pero llevaba años llenando los grandes auditorios de música clásica de todo el mundo. El concierto de Arcángel el pasado mes de julio en el Teatro Real fue de espaldas al suntuoso patio de butacas, porque las 300 personas que asistieron se acomodaron sobre el escenario, entre cajas, y el cantaor realizó su concierto sin ninguna amplificación: a pelo, como en el siglo XIX. Un reto avalado por su compañía discográfica, Universal, una de las multinacionales que sigue apostando por grabar flamenco en un momento de vacas flacas para la industria del disco.
Darle la espalda al Teatro Real desde dentro del Teatro Real, con un concierto acústico, tiene un poder simbólico que seguramente apreciará una de las personalidades surgidas en los últimos años: Pedro G. Romero (1964), un artista que trabaja con la élite y el prestigio, desde la Fundación Tàpies a la Kunstvereim de Stuttgart. Un estudioso del flamenco y un dinamizador de la escena, ha trabajado con Israel Galván, con Rocío Márquez o con Niño de Elche. “Pedro se empeña en que cante cosas raras”, dice Tomás de Perrate, un cantaor emparentado con las grandes sagas del flamenco de Utrera y colaborador de Israel Galván; y, efectivamente, en el espectáculo FLA.CO.MEN Tomás de Perrate entona onomatopeyas que deconstruyen la estructura literaria tradicional del flamenco. Lo hace como Israel Galván deconstruye los movimientos del bailaor.
Pedro G. Romero surte de “aparato” a los flamencos, un sostén intelectual y estético que consiste en “ofrecerles material documental y conceptual necesario para sus trabajos; respaldar la proyección y realización en el flamenco de sus gestos, ideas y especulaciones; orientar mediante escritos el sentido de sus trabajos”. En resumen, un pie de foto. Lo que los antiguos llamaban intelectuales y que siempre han existido alrededor del flamenco. Recuerden Manuel de Falla o Federico García Lorca, por poner dos ejemplos conocidos por el gran público.
Pedro le pidió a Niño de Elche en 2012 que diera una conferencia “rara” en Barcelona. Francisco Contreras, que así se llama el Niño, ya llevaba una trayectoria de búsquedas y disidencias en una escena alternativa que frecuentaba más los ateneos republicanos que los antros de modernos y barbudos de Malasaña. Pedro G. Romero, el intelectual, le pasó “el aparato” y Niño de Elche escogió varios textos; si el intelectual escribía sobre el espinoso tema de los derechos de autor en el flamenco, el cantaor interpretaba una de Manuel Machado: “Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor”. En esa conferencia el Niño de Elche interpreta Las órdenes del coronel, una canción colonial que habla de la esclavitud y que acabó insertada en el disco de Rocío Márquez sobre Pepe Marchena, otro disco con “aparato” de Pedro G. Romero. La peculiar estrategia de Niño de Elche alcanzó su culminación cuando publicó Voces del extremo, disco del año para gran cantidad de publicaciones especializadas en música pop.
“Aquí no se escuchan palmas, se dan bofetás.” concluía Pedro G. Romero en su comentario al disco que se ofrecía en descarga gratuita desde la página web del Niño de Elche. El 15-M había llegado al flamenco por un camino sinuoso, un disco pop, con músicos pop y letras prestadas por poetas de conciencia: el resultado es inmediato, es portada en la revista Rock de Luxe y todo el mundo habla del Niño de Elche. ¿Todos? Hay un género que resiste, como los irreductibles galos de Asterix. El mundo flamenco mira hacia otro lado, claro que el propio Francisco Contreras no concede entrevistas a medios flamencos. Estrategias de distracción.
NIÑO DE ELCHE, EN EL SONAR
Las vanguardias y la música popular no suelen ir de la mano, pero Niño de Elche ha conseguido romper la barrera entre una cosa y la otra. Con estimulantes presentaciones en las dos últimas ediciones del festival Sonar de Barcelona dedicado a la música electrónica. Y todo sin aliviarse, sin rebajar ni mensajes, ni continentes, ni contenidos. A lo bestia. La modernidad proclama su concierto como “lo mejor del Sonar” dos años seguidos. No es la barrera del sonido la única barrera que ha roto el Niño. Francisco Contreras es un militante contra el maltrato animal, tal y como demuestra en Cante a Fadjen, un vídeo en el que aparece junto a un toro (bravo de apariencia) con el que ha roto el vínculo histórico entre flamenco y toros.
¡Anatema! ¡Heterodoxo!, gritó el árbitro y eminencia del flamenco José Luis Ortiz Nuevo, a un boxeador-cantaor en un singular espectáculo que se presentó hace unos años en el circo Price. Un experimento en el que varios flamencos se enfrentaban a varios premios nacionales de danza. Entre ellos Israel Galván, que en diciembre de 2012 estrenó “lo Real” en Madrid con una sonora división de opiniones. Una obra con el trasfondo de la masacre de los gitanos a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial en la que, según un crítico, se mezclaban John Cage; Hitler in my heart, de Anthony and The Johnsons; Karawane, de Hugo Ball; La Gran Vía, de Chueca y Valverde; Iannis Xenakis; Mario Maya; Nietzsche; Steve Reich; Paul Celan; Juan de Mairena; Ángel Guimerà; Pastora Imperio; Slavoj Žižek; el psicoanálisis y el tango; el hip-hop y el dadaísmo. Lo resumió mejor el artista del grafiti Suso33: “A mí, Israel Galván me pone cachondo”.
“No sé qué vamos a hacer cuando no estén Paco de Lucía y Enrique Morente”, dijo un día Javier Limón cuando las dos grandes figuras estaban en activo. Javier Limón fue productor discográfico de ambas luminarias que siguen teniendo un poder descomunal gracias a sus influyentes carreras, pero Limón se equivocaba al analizar el panorama después de la muerte de los dos titanes. Nunca tanta gente se atrevió a tanto en tan poco tiempo.
Ahora se estrena un documental sobre el Omega de Morente, veinte años después de su alumbramiento, convertido en un hito para la vanguardia y para el rock. En aquellos días turbulentos en los que Enrique Morente disfrutaba como un gamberro ante las reacciones de los airados defensores de las esencias, recomponía con sensatez su discurso. “Todo lo que hago es desde un punto de vista flamenco”, y luego sacaba a relucir su irónica sonrisa y añadía orgulloso: “Está claro que me he equivocado”.
Alberto Manzano fue el traductor de las letras de Leonard Cohen para el Omega: “Yo hice las traducciones para ser leídas, no para ser cantadas”, explica el hombre que fue cabeza de puente entre Cohen y Morente. Así que Omega es tan imperfecto como aquel retrato de Picasso, cuando la dama protestó porque “no se le parecía en nada”. No sabemos si la respuesta es apócrifa. La leyenda dice que dijo: “Tranquila, ya se le parecerá”. Y así nos enteramos por Diana Zaforteza, amiga y colaboradora de Lou Reed, que el rockero neoyorquino sintió celos de Leonard Cohen cuando escuchó el Omega. Lo cuenta en la revista de arte flamenco El canon.
LA URGENCIA Y EL JAZZ
El flamenco es un territorio creativo y así lo han entendido las huestes del jazz-flamenco empeñadas en inventar cada noche, tal y como viene ocurriendo en las jam-sessions de Diego Guerrero en el café Berlín de Madrid. En una de ellas vimos la siguiente escena: el guitarrista Rycardo Moreno ensaya un bolero con Sandra Carrasco; en el descanso, la cantante repasa la letra en su móvil. La música se pone en marcha y aparece el saxofonista Perico Sambeat, que hace un solo inspiradísimo. La cantante aún no ha memorizado la canción así que sale al escenario con la chuleta electrónica. El resultado es espectacular, Sandra ha interiorizado la armonía de la canción probablemente ayudada por el saxofonista. Otra obra de arte que se hubiera esfumado en la memoria de la noche si no fuera porque alguien del grupo ha tenido la feliz idea de dejar un móvil grabando, y al día siguiente el resultado está colgado en el Facebook.
“Todo va muy deprisa”, explica Ángel, el hombre de confianza de Jorge Pardo, y así, han editado un disco de 26 minutos que lanza lo que puede ser una nueva etiqueta: metaflamenco, que bien puede significar después de un juego con los límites del flamenco y que suena a flamenco y a jazz y funky recién horneado. Y que, finalmente, ha salido bajo el título de Djinn (Manantial de músicas).
Diego Carrasco ha montado una banda de rock con su hijo y sus sobrinos para interpretar un disco, Hippytano, que lleva unas temporadas escondido en las pocas tiendas de discos que aún existen. Diego posee uno de los secretos más preciados del flamenco, el soniquete característico del barrio de Santiago, en Jerez, y que en su caso conecta con el periodo glorioso del rock de Bob Dylan y el jazz de Miles Davis y John Coltrane. Su música no desmerece al lado de esos nombres y cuando se le pregunta si ahí, en su barrio, hay gente que no domina el compás, llega su sobrino Tomasito y cuenta que “como en todos lados, hay gente que no da una a derechas”. Tercia Carrasco entre risas y confirma que los niños del barrio juegan por bulerías desde pequeños y que no hay otro secreto. Sale Carrasco a cantar con el pañuelo de San Fermín porque estamos en Pamplona y se celebra la tercera edición del festival Flamenco on Fire. Allí se han inventado una nueva manera de presentar el flamenco desde tres balcones emblemáticos. El del chupinazo en San Fermín, el de la calle de La Mañueta, donde está la casa en la que nació Agustín Castellón, más conocido como Sabicas: renovador de la guitarra flamenca y vecino de Nueva York durante décadas sin hablar una palabra de inglés. “Ni Dios quiera”, dijo el maestro en una visita a Madrid. El tercer balcón está en la plaza del Castillo y es el del hotel La perla, desde donde Sarasate solía tocar su violín hace un siglo.
Todo está en su sitio, el sonido, los cantaores y guitarristas templan sus instrumentos... pero hace un sol de justicia y el personal busca la sombra. “Te vas a quemar al sol”, le dicen a uno que se ha quedado al pie de Montse Cortés, y el interpelado muestra el escalofrío que le provoca en la piel el cante a esas horas.
TACONES
El festival Flamenco on Fire se dedica a la memoria de Sabicas y este año también a la de Juan Habichuela, recientemente fallecido, que en 1965 fue a la feria mundial de Nueva York y se trajo en la maleta los discos con los que Sabicas estaba triunfando en Estados Unidos. Por eso fue tan emocionante el concierto que Pepe Habichuela ofreció en el balcón de la calle de La Mañueta, porque ahí se escenificaban viajes cruciales para el flamenco. Sabicas se embarcó con Carmen Amaya hacía América y Pepe Habichuela lo resume en una taranta dedicada a su hermano y unas alegrías de Sabicas, tocadas a su manera. Para que lo entiendan lo seguidores del rock: Bruce Springsteen tocando enfrente del balcón de Graceland, la casa de Elvis Presley.
Desde hace años la popularidad del flamenco se extiende por el tacón. Es decir por el baile. Si la guitarra vive un momento de esplendor y el cante honra las pérdidas de Lebrijano o Menese, en el baile se concentra el trance y la vanguardia. Belén Maya recupera la escuela de su padre, Mario Maya. En Pamplona ofreció su vertiente para el circuito flamenco. Excepcional en cada una de sus facetas pero además monta espectáculos por el lado vanguardista que le acercan al abismo del baile contemporáneo que representan Marta Graham o Pina Bausch. En los últimos tres años ha estado colaborando con Niño de Elche en el circuito alternativo. Una experiencia que no ha tenido especial eco mediático.
Pero sí tendrá grandes titulares la irrupción de una nueva estrella. Se llama Alba Heredia y ha crecido en la cuevas del Sacromonte granaíno. Un lugar de paso para duquesas y turistas donde se ha forjado una personalidad avalada por su tío Juan Andrés Maya. Es fácil encontrar paralelismos en la forma de bailar de esta mujer de 21 años. Escucharán hablar de Carmen Amaya, verán similitudes en gestos y movimientos, pero lo esencial es que Alba Heredia tiene un don que consiste en dejarse poseer por el baile mismo. Así que sus espectáculos son la puerta de entrada a un trance antiguo, otra dimensión donde viven los mitos y las leyendas. Y eso ni se entrena ni se aprende.
Hasta el 2 de octubre se celebra la Bienal de Sevilla con una programación mastodóntica que atrae a miles de aficionados. Entre las novedades en el cante merece la pena fijarse en La Negra, una cantante peculiar que creció entre Alicante, São Paulo, México DF, Nueva York y Alicante. Desde hace años vive en Córdoba y en su tercer disco, Colores, muestra una manera de cantar cercana al soul, el 5 de octubre inicia su gira en Madrid. En fin, el flamenco se ha tirado por el balcón y ahora vuela más libre que nunca.



