El hundimiento del cine español
Los rodajes se han reducido, la taquilla ha caído a la mitad, el pobre grifo de las subvenciones se ha cerrado y, para colmo, el IVA sube 13 puntos. ¿Tiene futuro nuestro cine?
Los últimos datos, facilitados a finales de abril por la Federación de Asociaciones de Productores de Audiovisuales Españoles (Fapae), no dejan demasiado lugar al optimismo. Entre primeros de año y el 20 de abril solo se habían notificado 33 rodajes frente a los 63 del mismo periodo de 2011. Pero cuidado: no todos son largometrajes. En este apartado también se incluyen los de anuncios publicitarios y la grabación de series televisivas. Si nos limitamos a las películas producidas en ese periodo de cuatro meses, el total de filmaciones también ha mermado de un modo alarmante: pasa de los 55 largometrajes del primer cuatrimestre de 2011 a los 35 de 2012. Hay diferentes puntos de vista sobre el particular. Pero se mire como se mire, se debe concluir que la producción cinematográfica ha caído, en lo que va de año, más o menos un 40% respecto al 2011.
“El descenso en la producción venía notándose desde antes de 2012. Es fruto, como pasa en cualquier otro sector de la economía, de la situación general”, señala Susana de la Sierra, directora general del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA). “El ICAA ha sufrido recortes que han tenido un impacto en la producción. Sin embargo, el grueso de ayudas dirigidas a la industria, las denominadas ayudas a la amortización, se han respetado en su integridad”, asegura.
En efecto, el sistema de subvenciones sigue siendo igual que en la anterior legislatura, aunque ahora el descenso de la producción ha sido drástico. De modo que “también está previsto que se prorrogue el incentivo fiscal ya existente y se ha sacado la tradicional línea de crédito ICO para la producción cinematográfica -continúa la responsable del ICAA-. Quiere esto decir que las condiciones para producir las cintas que entran en el esquema de la amortización, la mayoría, no han variado”.
Respecto a las desgravaciones fiscales, que los productores tanto anhelan, de la Sierra recuerda: “En la actualidad se está procediendo a elaborar un borrador de norma que regule de manera más atractiva los incentivos fiscales, sin eliminar las ayudas directas, en especial para el cine, que no tiene una dimensión empresarial de tal magnitud como para poder beneficiarse del sistema de incentivos. Más allá de las condiciones económicas generales y de la situación del ICAA, la delicada situación de las televisiones justifica también buena parte de la inquietud del sector. De hecho, la línea ICO que hemos sacado tendrá problemas para llevarse a la práctica si las televisiones no formalizan sus contratos de producción. Hacer hoy una película sin una televisión es una empresa harto complicada”. Pero las televisiones, por norma general, a excepción de las públicas y eso en algunas ocasiones, son tan reacias a implicarse en la producción del cine español como a incluirlo en sus programaciones.
Enrique González Macho, presidente de la Academia, también reconoce con inquietud el dramático descenso de los rodajes. “Es lógico en un momento de incertidumbre como en el nuestro. Yo lo vengo diciendo, con todos mis respetos, desde hace más de un año. Estamos a punto de dar un salto en el vacío muy peligroso. Tenemos un pie en lo que existe, la ley de 2007, la que aún está vigente, y el otro en el aire, viendo dónde lo apoyamos. Todavía no está definida cuál va a ser la desgravación fiscal y vamos a la pata coja”.
Al día de hoy, la desgravación está cifrada en el 18%, lo que, a decir de Pedro Pérez, presidente de la Fapae, “está demostrando no ser lo suficientemente atractivo para que el capital privado invierta en cine. Siempre hemos hablado de subir el porcentaje al 40% de desgravación sobre las bases imponibles. Además este Gobierno, cuando estaba en campaña electoral, habló de que quería cambiar el sistema, reducir la subvención directa y aumentar la desgravación”.
Sobre este punto, en verdad peliagudo, Susana de la Sierra estima: “En los países de nuestro entorno la deducción está cifrada alrededor del 20% o 25% y las deducciones en otros sectores de la economía, en especial en las circunstancias actuales, no parece que se acerquen a la cifra propuesta por el cine. Estamos estudiando con el Ministerio de Hacienda las razones por las cuales ha podido fracasar el anterior modelo”.
“Lo de las subvenciones no está bien contado” considera Pérez, consciente de lo indignantes que resultan las ayudas al cine español para el común de los ciudadanos. Pero es que son muchísimas las industrias que están subvencionadas de una u otra manera. “Al final, toda la subvención que llega al cine español es el 16% del total de la inversión. El año pasado, en concreto, fueron algo más de 40 millones de euros. Solo las energías renovables eólicas superaron los 7.200 millones. Casi 200 veces lo que se lleva el cine. Nuestras películas a la gente le gustarán más o menos. Finalmente, lo que tenemos que hacer es exportarlas bien”.
Destrucción de empleo.
Con tales datos, no es de extrañar que, de los 36 gremios que integran el sector servicios en el INE, la industria audiovisual sea la cuarta más afectada por el desempleo. Nadie diría que, hasta épocas aún recientes, había conseguido, más o menos, mantenerse frente al desmoronamiento económico. Aunque la contratación también ha caído considerablemente en las televisiones, el cine desciende más a prisa por la cuesta abajo.
Susana de la Sierra no oculta su preocupación ante el asunto: “Seguimos con inquietud estas cifras. De hecho, más allá de la amortización, que está garantizada y protege a un determinado tipo de cine, nos preocupa la pervivencia de los otros. Nos preocupa la situación de los jóvenes cineastas, y también los proyectos de educación audiovisual. Consideramos, y así lo hemos propuesto, que un programa específico de empleo juvenil tendría que tener en cuenta estos datos”.
En términos muy parecidos viene a expresarse Enrique González Macho, que, además de presidente de la Academia, también es productor y exhibidor cinematográfico. A su entender, esta destrucción de empleo es especialmente grave porque el cine, al ser una profesión muy especializada, con las estrecheces, podría quedarse sin cantera. “Con el parón se está marchando mucha gente. Luego reconstruir su hueco no será un problema de días, sino generacional. Es muy difícil y muy caro formar técnicos cinematográficos. Ahora los tenemos muy buenos. Si un nuevo técnico procede de la escuela, tiene que hacer sus estudios y luego años de prácticas. Si procede de la propia profesión, su formación requiere aún más años. Sería una lástima que se nos fuera el potencial humano que se nos puede ir”.
En lo que a la taquilla se refiere, los ingresos muestran un descenso en consonancia al de estas cifras. De los 43,5 millones de euros recaudados por las cintas de producción nacional en los cuatro primeros meses de 2011, se ha pasado a los 23,5 de ese mismo periodo en este año. Y en el sector se escuchan los peores augurios después de que el Gobierno haya subido el IVA para el cine del 8% al 21%, lo cual espantará a numerosos espectadores y, en palabras de representantes de Fapae, podría significar “el fin del cine español”.
Pero la elocuencia de las estadísticas siempre es dudosa y Pedro Pérez tiene una explicación a estos datos, que su propia federación hizo públicos en abril. “En ese tramo del año anterior ya estaba estrenado Torrente IV, que fue un fenómeno. Al día de hoy no tengo los datos delante, pero nos hemos recuperado un poquito respecto a los datos de abril”.
Aunque en la pasada primavera no hubo ninguna cinta que recaudara los 19.575.444 millones obtenidos por la última entrega de Santiago Segura tras su estreno en marzo de 2011, “Tengo ganas de ti, con una semana en cartel, estaba en 5 millones euros de recaudación”, apunta Pérez. “La taquilla, sobre un buen año, el pasado, ha caído un poco. Pero no es un tema relevante. El cine español no se ha desplomado”.
Mejor en el extranjero.
Habrá que esperar que no suceda lo mismo en México, que junto con Francia es donde más gusta nuestro cine. En el país azteca, en 2011, se estrenaron 36 películas españolas de las que solo tres eran coproducciones. Al otro lado de los Pirineos se pudieron ver 25; en Argentina, 24; en Italia, 19; en Brasil, 17 y en Estados Unidos y Canadá, 16. Cifras todas ellas impensables antes de los primeros reconocimientos internacionales de nuestros técnicos y actores, pero que no han hecho otra cosa que ir en aumento desde entonces. Así, en 2011, el cine español recaudó 185 millones de euros fuera, frente a los 93 obtenidos en casa. Casi el doble si las matemáticas no fallan. Huelga apuntar que el extranjero es un mercado mayor. Pero también es verdad que, más allá de la sempiterna crisis, se verifica un rechazo innegable por parte de no pocos españoles a la pantalla autóctona.
“Existe una cierta desconexión del público español con su cine que podría justificarse atendiendo a varias razones”, reconoce Susana de la Sierra. “Por una parte, es cierto que el descenso en la taquilla guarda una relación directa con la crisis. Sin embargo, por otra, esta desconexión procede también de un desconocimiento del cine que se produce en la actualidad en nuestro país”.
La directora del ICAA subraya otros aspectos del sector audiovisual que no suelen contemplarse desde la perspectiva del cine. “Las series de televisión funcionan muy bien: para verlas no es necesario desplazarse y el público que lo hace ha permitido que se consolide su éxito. En lo que respecta al cine, hay cine español que se ve, pero no siempre de manera legal”.
Y finalmente, a decir de Susana de la Sierra, hay una suerte de prejuicio, de círculo vicioso: “El público en muchas ocasiones no va al cine porque existe una idea preconcebida de lo que es una película española, una idea que no siempre se corresponde con la realidad. Y como las películas no se ven, no hay manera de desterrar el estereotipo. Como en cualquier país, en el nuestro se producen películas de diversa calidad: algunas es posible que sean mejorables. Pero otras son buenas, tal y como atestiguan los reconocimientos recibidos, al igual que las críticas positivas de quienes sí van a verlas”.
González Macho prefiere referirse a la encuesta del CIS de 2010, según la cual, “el 72% de la población española se encuentra satisfecha, o razonablemente satisfecha, de su pantalla. Frente a ellos hay un 28% que la rechaza sistemáticamente. Lo que pasa es que ese 28% es muy activo”. Naturalmente, al presidente de la Academia le gustaría que la cifra de detractores del cine patrio fuese menor.
Por lo demás, el dato le resulta halagüeño. Se explica: “No me parece bien que guste más fuera que dentro. Esto es algo malo. Pero que se exporte, que se vea mucho fuera, es estupendo. La imagen de España, respecto al interés por nuestro cine, es muy importante. Es como si a Fernando Alonso le reconocieran más fuera que dentro. Sería mala suerte. Pero nada más. ¡Ojalá que ese interés del extranjero haga reflexionar un poco al 28%!”.
Pedro Pérez considera el asunto desde otro punto de vista. Recuerda que el exterior representa el 96% del mercado potencial de la producción cinematográfica española. “Nosotros tenemos el territorio y los habitantes que tenemos. Por lo tanto, es más fácil que una película obtenga mayores ventas en el mercado mundial. Pero no deja de ser significativo que las películas españolas vendan más entradas en el extranjero que en casa. La conclusión, exagerando un poco, es que nos quieren más fuera de lo que nos queremos aquí”.


