Al Qaeda se ceba con África
La milicia Al Shabab ataca una base militar cerca de Mogadiscio causando la muerte a decenas de personas.
El lunes 21 de marzo varias decenas de milicianos de Al Shabab, la franquicia de Al Qaeda en Somalia, atacaron una base militar cercana a Mogadiscio, causando la muerte a 35 soldados e hiriendo de gravedad a otros 23. Se trata del último zarpazo del terrorismo islamista en un continente golpeado con atentados similares cada vez con mayor frecuencia.
Sin ir más lejos, el 13 de marzo 21 personas perdieron la vida en una playa cercana a Abiyán, una de las principales ciudades de Costa de Marfil. El ataque, tan espectacular como el asedio al hotel Radisson Blu de Bamako (Malí) en noviembre o los ataques en varios establecimientos de Ougadougú (Burkina Faso) en enero, es un calco de la matanza de Sousse, en Túnez, donde 38 personas murieron el pasado julio. Seis hombres armados con AK47 y granadas de mano se valieron del factor sorpresa e irrumpieron en la turística playa al grito de “Allah Akbar” (alabado sea Dios) y dispararon en tres hoteles. Las fuerzas especiales del Ejército marfileño se trasladaron junto a soldados franceses a la zona y aseguraron el perímetro después de matar a los terroristas. Catorce víctimas fueron civiles y dos pertenecían al aparato militar. Pocos eran extranjeros, algunos ciudadanos franceses y alemanes, que han sido los que han trascendido en la prensa internacional. Según relataron las víctimas, estaban en la playa y en los restaurantes cuando los terroristas irrumpieron con las armas, atacando todo lo que estaba a su alrededor, comenzando por el hotel L’Étoile du Sud. La zona es muy visitada durante el fin de semana por los extranjeros residentes en Abiyán y el personal de organizaciones humanitarias e internacionales, así como por trabajadores marfileños que buscan descanso el fin de semana.
La influencia occidental
Este es precisamente uno de los objetivos que persigue el terrorismo tanto de Al Qaeda como del Estado Islámico: frenar el desarrollo y aislar a los países de la presencia de turismo e influencias occidentales. Estas nuevas muertes demuestran el influjo de Al Qaeda en el Magreb islámico y más concretamente de Mokhtar Belmokhtar, el Bin Laden del Sahel, líder de Al Murabitun (Los almorávides), que reivindicó el ataque. También apodado Mr Marlboro, el radical argelino ha conseguido alertar a los países de la zona y darle más de una pesadilla al presidente galo, François Hollande, quien sufre un nuevo revés contra una de sus excolonias. Francia tiene actualmente desplegados en el continente a 3.000 soldados –en Malí, Mauritania, Burkina Faso, Níger y Chad– como parte de la operación Barkhane, su estrategia contra el terrorismo en la región. La ausencia de controles efectivos en las fronteras de África Occidental ayuda a los terroristas a campar a sus anchas y a llegar a cualquier territorio que deseen. Al Murabitun ya no se conforma solo con atacar en Libia, Mauritania o el norte de Malí como hasta ahora hacían. La competencia por ser el principal precursor de la sharia, la radical interpretación de la ley islámica, ha supuesto que los afines al Estado Islámico –como Boko Haram– y Al Qaeda –Al Shabab y los múltiples núcleos salafistas herederos de Bin Laden– traten de conquistar el mayor terreno posible y adoctrinar con sus ideas en el continente africano. Esta nueva forma de terrorismo saca provecho de la debilidad de los Estados y su incapacidad militar, que, junto al descontento de la población, la frustración de los jóvenes desempleados y el poder de la religión, crean la coyuntura perfecta para los terroristas del siglo XXI.
Es la primera vez que Costa de Marfil sufre un ataque de estas características. Si bien los ataques en sus países vecinos, Malí y Burkina Faso, pusieron de manifiesto la necesidad de crear una estrategia contra la amenaza, el país nunca había sufrido el azote de los yihadistas. El presidente de Costa de Marfil, Alassane Outtara, anunció que la seguridad en las escuelas, los hoteles y las fronteras serían reforzados a lo largo del territorio. “Estos ataques cobardes por parte de terroristas no serán tolerados”, dijo en su discurso a la nación tras asumir que el país está en la lista de objetivos del terrorismo islámico. Su homólogo de Senegal, Macky Sall, propuso hace unos meses el desarrollo de políticas de colaboración que ayudasen a los países de la zona oeste de África a intercambiar información relevante en cuestión de defensa. Además, en el mes de noviembre arrestó a varios imanes sospechosos de tejer lazos con Boko Haram. Aunque la guerra civil en Malí y la intervención francesa de 2012 debilitó a los grupos afines a Al Qaeda en el Sahel, la estrategia de Belmokhtar –dado por muerto en más de una ocasión– demuestra un claro empeño en reivindicar protagonismo en el escenario africano frente a los espectaculares ataques de otros grupos terroristas como Boko Haram en Nigeria o Al Shabab en Somalia y Kenia.
Nueva forma de terror
El ataque confirma que los militantes de Al Qaeda en África tienen especial interés en las excolonias francesas como consecuencia de su reciente participación militar. Tras cuatro años en la sombra, el asedio de Bamako –que causó 22 víctimas– y el de Ouagadugú –con una treintena– han sido los primeros de la lista de objetivos del grupo Al Murabitun. Es llamativo que en estos países, en los que siempre ha habido una versión moderada del islam, se esté sembrando una nueva forma de terror. Guinea Conakry, donde se ha implantado la sharia, podría ser el lugar del próximo atentado.



