La dura batalla de Cameron

29 / 02 / 2016 Alfonso S.Palomares
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A pesar de las concesiones que ha logrado arrancar a Bruselas, al primer ministro británico le espera una ardua campaña de persuasión en su propio partido.

Boris Johnson (izquierda), alcalde de Londres, y David Cameron, primer ministro británico.

El primer ministro británico, David Cameron, volvió a Londres después de 48 horas de negociación en Bruselas sintiéndose ganador de una batalla. Lucía la sonrisa de los triunfadores. Poco le duró. El popular alcalde de Londres y diputado en Westminster, Boris Johnson, en vez de dedicarse a tomar el té el pasado domingo, a las cinco de la tarde convocó una rueda de prensa para anunciar que a pesar de los acuerdos logrados en Bruselas por Cameron, él defendería la salida del Reino Unido de la Unión Europea y haría campaña a favor del Brexit. Un golpe duro para la estrategia de Cameron porque Johnson es muy popular y el anuncio cambia los términos de la campaña con vistas al referéndum que se celebrará el 23 de junio, donde los británicos van a decidir su futura identidad, si permanecen en Europa o se van. Una definición de lo que quieren ser. Boris Johnson nunca se había definido de una manera clara, mantenía una calculada ambigüedad, solo de vez en cuando soltaba agudas puyas sobre las políticas de la Unión Europea.

Su propia historia podía hacer pensar que tenía un ADN europeísta que sacaría a relucir a la hora de la verdad: es hijo de funcionario europeo y él mismo trabajó como periodista en Bruselas. Según una encuesta que se está citando profusamente desde su declaración, uno de cada tres británicos tendría en cuenta el voto de Johnson a la hora de decidir el suyo. Pero las malas noticias no le vinieron a Cameron solo del alcalde londinense, también ha encontrado una dura oposición en el Consejo de Ministros, donde  al parecer son varios los partidarios del Brexit. El euroescéptico más fervoroso es el ministro de Justicia, Michael Cove, pero también están en esa tesitura, aunque de una manera menos declamatoria, el ministro de Trabajo, el de Cultura y otros que dudan por lealtad a Cameron. También llama la atención que el líder de la Cámara de los Comunes, Chris Grayling, esté entre los rebeldes así como un número importante de diputados.

El anuncio del acuerdo con Bruselas fue el disparo de salida de la campaña del referéndum. El Partido Conservador, especialmente los miembros de más edad, son british-british, el macizo de la raza, se reclaman diferentes y quieren irse. Entre los jóvenes, las cosas cambian. Es en su partido donde Cameron tendrá que hacer una verdadera campaña de persuasión y convencimiento. Por su parte, las bases laboristas son partidarias de permanecer en la UE, tienen un espíritu europeísta y eso que su actual líder, Jeremy Corbyn, votó contra la incorporación a la CEE en el ya lejano 1975.

Ahora su pensamiento ha cambiado y ha manifestado que hará campaña por la permanencia. Pero quien llevará la voz cantante y coordinará a los laboristas es el veterano europeísta Alan Johnson. En el frente del Sí hay que situar a la mayoría de la clase empresarial y financiera, son muchos los presidentes de empresas y agentes financieros de la City que han alzado la voz para advertir que el Brexit conduciría al decrecimiento. El más activo es Stuart Rose, antiguo director de Marks&Spencer. En el frente puro del No se mueven los clásicos euroescépticos, encastillados activamente en una de las dos corrientes: Vote Leave y Leave EU. El Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP, en sus siglas en inglés), liderado por el populista Nigel Farage, va a dejarse todas las fuerzas en el empeño.

¿Qué consiguió Cameron? Cuando terminaron las negociaciones en Bruselas, Cameron manifestó ante los periodistas que lucharía con el corazón y con el alma a favor de Europa. Se había obrado la transfiguración. La concesión más importante arrancada por el premier fue que el Gobierno británico podría limitar los beneficios sociales a los trabajadores extranjeros que lleven menos de cuatro años en suelo británico. Es decir, en el Reino Unido va a haber trabajadores de primera y de segunda clase. Algo muy grave, pero a los líderes de muchos países no parece importarles demasiado porque no les importa recortar en sus propios países, como dijo la señora Angela Merkel, Europa es un mercado único, pero no una Unión Social y por eso accede a que se pueden limitar las prestaciones. Este puede ser el primer aviso para que países como Alemania y Francia puedan hacer lo mismo, y ya no digamos si los franceses dan el poder al Frente Nacional.

La construcción de Europa ha sufrido un serio revés en uno de sus principios básicos, la de igualdad de derechos de los ciudadanos europeos trabajen donde trabajen, no olvidemos que 15 millones de europeos trabajan en países que no son el suyo.

La concesión contradice el artículo 45 del Tratado que dice: “La libre circulación supondrá la abolición de toda discriminación por razones de la nacionalidad”. En vez de fomentar una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, lo que hacemos es crear marginados. Europa camina hacia una meta equivocada.

Y a todo esto nadie nos ha dicho cómo se gestionará el No. ¿Cuáles serán los protocolos de salida? Algunos defienden una nueva negociación para lograr más ventajas. 

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