Tras los stress test de los partidos: Mariano Rajoy, mejor imposible

17 / 02 / 2017 José Oneto
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Los congresos de PP, Ciudadanos y Podemos se han cerrado con una doble victoria para el presidente del Gobierno: la del cónclave popular y la de Iglesias en el de Podemos.

La crisis económica que ha vivido el mundo, el comportamiento a veces al borde de la legalidad de muchos bancos, los excesos y engaños de muchas entidades financieras y la posibilidad de un nuevo crack han propiciado la creación de los test de estrés, unas pruebas de resistencia consistentes en simulaciones sobre el papel acerca de la capacidad de los bancos y cajas para enfrentarse a un deterioro general de la economía y sus consecuencias: recorte del volumen de negocio y aparición de las pérdidas.

Esas pruebas de estrés no tienen nada que ver con el grado de ansiedad, sino con el grado de solvencia del sector, fundamental para la estabilidad del sistema. Sería interesante que esos test se aplicasen a los partidos políticos, teniendo en cuenta los más diversos factores, desde el número de militantes hasta la evolución de los resultados y los sondeos electorales, pasando por la financiación del partido, el grado de transparencia, las normas de buen gobierno, la corrupción, la evolución de los programas electorales y su cumplimiento, las causas judiciales pendientes, los casos de transfuguismo...

Durante las dos últimas semanas, tres de los cuatro partidos que conforman el actual sistema parlamentario han hecho sus particulares pruebas de estrés, con congresos (perfectamente controlados por los aparatos) en los que han renovado algunas de sus estructuras, han intentado poner al día su mensaje, han hecho una autocrítica muy medida y se han preparado para la próxima cita electoral. Es la experiencia que han vivido Ciudadanos, Partido Popular y Podemos y la que tendrá que vivir el PSOE en su congreso, previsto, en principio, para lo días 17 y 18 de junio, tras la elección en primarias de su secretario general.

Puede decirse que estas pruebas de estrés no han sido todo lo rigurosas que ha venido pidiendo la ciudadanía, muy descontenta con los partidos en general, muy crítica en la valoración de sus dirigentes, muy indignada con la corrupción y muy decepcionada con políticas que afectan al Estado del bienestar. De momento, ninguno de los partidos ha superado esas pruebas en sus congresos, aunque los de Ciudadanos y PP han transcurrido en un ambiente de entendimiento y con todo atado y bien atado, y solo el congreso de Podemos (ellos lo llaman Asamblea Ciudadana), Vistalegre II, se ha desarrollado con una guerra civil previa a la cita, con un enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, con sus respectivos equipos, con llamamientos a la unidad con la boca pequeña y todo preparado para la revancha a pesar del ambiente general que pedía a gritos “unidad, unidad”.

“Unidad” y un nuevo grito de “humildad”, algo imposible para quienes en tres años han montado desde la nada un partido con más de cinco millones de votos (el tercero del país) que gobierna en las principales ciudades, apoya al PSOE en algunas autonomías y cuenta, con Unidos Podemos y las confluencias, con 67 escaños en el Congreso de los Diputados. Y sobre todo, pedirle humildad a su secretario general, Pablo Iglesias, que además ha barrido, hasta el punto de vencer en todas las categorías que se debatían en Vistalegre II: la secretaría general, la dirección y los cuatro documentos que se votaban, el político, el organizativo, el ético y el de igualdad.

Un 59,68% los de Iglesias, frente a un 37,1% de Errejón y un 3,2% de la corriente Anticapitalistas, con la que pactará Iglesias para tener un control absoluto de la Asamblea Ciudadana. Iglesias no conoce la humildad ni tiene la menor intención de practicarla. Habrá que dar tiempo al tiempo, comprobar cómo transcurre la purga entre los cuadros intermedios que no han estado incondicionalmente al lado de Iglesias, que se han pasado al bando errejonista o que no están plenamente de acuerdo en cómo gobiernan el partido Iglesias y su pareja sentimental, Irene Montero, rodeada por un grupo de “cortesanos”, según el término acuñado por un colaborador íntimo del secretario general, Luis Alegre, que, como Carolina Bescansa y Nacho Álvarez, renunciaron a todos sus cargos orgánicos la víspera del congreso.

En el fondo, las pruebas de estrés no han servido de mucho vistos los resultados, aunque sea Mariano Rajoy, que ha hecho un congreso a la búlgara, el que ha obtenido mejores resultados. No solo ha ganado el congreso de su partido, donde ha aparcado los temas más conflictivos (las incompatibilidades, la sucesión y la duración de los mandatos) sino que también ha ganado el congreso de Podemos con el triunfo de Iglesias y su tesis de que hay que hacer un partido que luche en la calle y no en las instituciones, como defiende el gran derrotado, Íñigo Errejón.

Después de un año de crisis y bloqueo, Rajoy, con la ayuda de Iglesias, recuperaba hace cien días La Moncloa, con la abstención del PSOE, que procura ejercer de oposición, dejando a Podemos que se centre en la calle, como quiere Iglesias y como ha votado el 59,68% de los más de 150.000 inscritos en Vistalegre II. Ese triunfo ha sido el mejor regalo para el presidente del Gobierno, convencido de que desde la radicalidad es imposible una victoria electoral como pretende Iglesias, partidario del sorpasso y contrario a cualquier acuerdo con los socialistas. Además, sigue un Podemos dividido y un PSOE en crisis, a la espera de su congreso de junio... Mejor imposible.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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