Tras las huellas de los balleneros vascos en Terranova

18 / 03 / 2015 DPA
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Hubo un tiempo, a principios del siglo XVI, en el que unos cientos de intrépidos marineros vascos se atrevieron a embarcarse en la peligrosa aventura de navegar hasta Terranova, en la actual Canadá, para dar caza a la preciada ballena, principal fuente de riqueza de aquel periodo.

Aquélla fue una época de hábiles arponeros y fornidos marinos. De osados barqueros y visionarios comerciantes que hicieron del País Vasco, en el norte de España, una de las regiones más prósperas de Europa gracias a la codiciada grasa de ballena traída del Nuevo Mundo.

Hoy, más de 500 años después, rememorar sus épicas rutas en las espectaculares costas de Terranova y la península del Labrador es una posibilidad real: una expedición científico/cultural con sello español permitirá a casi 250 pasajeros embarcarse en una peculiar travesía que durante más de una semana recorrerá varios enclaves siguiendo las huellas de estos balleneros.

Su fascinante y apenas conocida hazaña está siendo poco a poco desvelada gracias al trabajo de científicos e historiadores. Entre ellos, destaca el arqueólogo marino canadiense Robert Grenier quien, en 1978, comandó la expedición patrocinada por el gobierno de Ottawa que encontró en la península del Labrador el pecio del buque mercante "San Juan".

El propio Grenier aún se emociona cuando recuerda el momento del descubrimiento de esta auténtica "Piedra de Rosetta" del legado vasco en la zona. "Nada más salir a la superficie ya sabíamos que había material suficiente para demostrar que se trataba de un barco del siglo XVI", afirma. 

El "San Juan", considerado por Grenier como "el barco hundido más valioso en la historia de la arqueología" y reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, es protagonista de una particular historia: todas sus piezas fueron reflotadas, ordenadas y clasificadas, para posteriormente volverlas a hundir en el mismo lugar y ser sepultadas con arena, para evitar que el paso de los icebergs, numerosos en la zona, puedan dañarlas.

El negocio ballenero surgió cuando pescadores vascos de bacalao descubrieron el potencial de la grasa de ballena y su valioso uso como combustible de la época. La abundancia de este cetáceo en el estrecho entre la Península del Labrador y Terranova permitió la caza masiva del animal y el tráfico a gran escala de barricas de roble repletas del aceite entre la actual Canadá y el oeste de Europa. 

La importancia de esta empresa fue tal que, desde principios del siglo XVI y durante más de 80 años, el negocio en torno a la grasa de ballena benefició a muchas otras industrias en la península Ibérica, como la de los astilleros, carpinteros y madereros, así como los mineros de hierro para fabricar clavos y calderos, los artesanos de sidra (la bebida consumida durante las expediciones) y los particulares transportistas de la época, imprescindibles para transportar el aceite a buena parte de Europa. 

Los historiadores aseguran que el negocio era de tal magnitud que, con una sola expedición, empleando cientos de hombres durante cuatro meses de travesía total, el beneficio obtenido por las barricas transportadas permitía amortizar el coste de construcción del buque mercante. No es de extrañar, pues, que los vascos guardaran celosamente el secreto del origen de su caza. 

El legado vasco en la zona no se limita a concretos restos onomásticos, sino que existe una influencia cultural que persiste más de cinco siglos después. Para Latonia Hartery, arqueóloga marina oriunda de Terranova, la cultura vasca sigue estando muy presente en la zona y existe "un orgullo y un empeño particular" de los habitantes de Terranova por mantenerla viva. 

No obstante, añade Hartery, hay muchos interrogantes por resolver, entre ellos la posibilidad de que los balleneros pudieran haber llegado a la zona mucho antes de lo que se piensa. "Se ha documentado que en 1526 marineros vascos habían puesto en marcha una importante industria ballenera, pero lo avanzado de la tecnología empleada es difícil de explicar si no asumimos que llevaban ya muchos años faenando en la zona", especula.

A Iñaki Arizmendi, empresario vasco afincado en Nueva York desde hace 25 años, la inspiración para poner en marcha esta particular expedición le vino cuando recorrió por primera vez las costas de Terranova y descubrió el gran potencial del legado de su tierra natal en la zona. "Lo más curioso es que no hay apenas vestigios físicos, pero la huella antropológica que dejaron es enorme", asegura. 

La elección de San Sebastián como Capital Europea de la Cultura en 2016 y el proyecto de construcción de una réplica exacta del "San Juan" emprendido por el Museo de Albaiola en Pasajes (Guipúzcoa), con el apoyo científico del gobierno vasco, fue el empujón definitivo para arrancar la organización de esta aventura. 

Pero no será a bordo de la reproducción de este mercante en el que los viajeros seguirán las huellas de los balleneros vascos, sino en los camarotes del "Ocean Endevour", un moderno rompehielos que está previsto que zarpe en junio de 2017 desde el puerto de Saint John's, la localidad más oriental de Terranova. 

La apuesta de Arizmendi es combinar el conocimiento exhaustivo de la herencia vasca en la zona, apoyándose en un equipo de antropólogos y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, con lo mejor de la gastronomía vasca actual: la comida a bordo estará en manos del Basque Culinary Center de San Sebastián.

Quizá los aventureros que participen en esta expedición no avisten tantas ballenas como lo hicieron sus predecesores, y con certeza no cargarán el arpón contra ellas, pero sí serán testigos de cómo las escarpadas costas de Terranova aún conservan la reminiscencia de aquellos arriesgados marineros.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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