¿Por qué corren los políticos?

03 / 12 / 2010 0:00 POR ALBERTO MARTÍN-ARAGÓN
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Zapatero, Cameron, Obama, Sarkozy... Destacados líderes mundiales dedican las primeras horas de su jornada laboral a practicar footing. ¿Casualidad o moda pasajera?

27/11/10

Siete de la mañana. Un hombre delgado, vestido con una sudadera de la selección española y con las piernas embutidas en unas mallas oscuras, trota por las sendas arboladas que recorren las inmediaciones del palacio de la Moncloa. El atleta se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Velocidad media: 10 kilómetros por hora. El presidente del Gobierno corre acompañado por Bernardino León, secretario general de la Presidencia del Gobierno y un entusiasta del ejercicio corporal. Fuentes gubernamentales admiten que el actual jefe del Ejecutivo hace footing matinal casi a diario, si bien algunos especialistas en el tema albergan sus dudas. Bernardino Lombao, preparador físico de José María Aznar, ha comentado en varias ocasiones que Zapatero no parece un corredor regular, pues no tiene desarrollados los cuádriceps. Sea como fuere, las imágenes del presidente español y del premier británico David Cameron correteando juntos por Seúl han puesto de manifiesto la fiebre que se ha apoderado de determinados líderes por practicar el footing ante los reporteros gráficos.

¿Corren realmente para mimar y pulir sus cuerpos o únicamente lo hacen porque les obsesiona alimentar una reputación de dirigentes sanos, fiables y sólidos? “Confluyen varios factores –explica Daniel Ureña, socio director de MAS Consulting España–. Los políticos, al hacer este tipo de ejercicio, demuestran preocupación por la salud y el bienestar personal, que son valores en alza en los países occidentales. Pero también está el toque humano, el acercamiento a la sociedad. Los dirigentes siempre parecen personas lejanas, que no tienen los pies en la tierra. Es frecuente que recurran a ese tipo de imágenes para tratar de conectar con los ciudadanos, corriendo o dejándose fotografiar con la familia durante las vacaciones”. Por su parte, el filósofo Gustavo Bueno señala que esta moda deportiva responde a una razón bastante primaria y elemental: el narcisismo. “Los gobernantes –arguye– desean mostrar su poder físico. Es cierto que algunos corren por razones médicas, pero muchos de ellos no pueden evitar exhibirse de un modo infantil. Me recuerdan a esas personas incapaces de vivir sin enseñar a la gente las joyas que tienen guardadas. Los líderes hacen footing delante de las cámaras para levantar su autoestima, para sentirse menos débiles, porque tal vez presienten que sus egos son algo diminutos y frágiles. Un político seguro de sí mismo no necesita presumir de vigor. Pero estas personas –Zapatero, Cameron, Obama y otros tantos– son narcisistas y los narcisistas necesitan moverse entre espejos. No me imagino a Napoleón o a Bismarck corriendo por París o Berlín”.

Sin competencia.

Asimismo, Bueno destaca las ventajas mediáticas del footing: la soledad y la individualidad. “Ambas permiten al dirigente sacar pecho a placer, sin tener apenas competencia”. Ureña matiza esta circunstancia: “Está claro que correr es una actividad poco arriesgada en términos de imagen. Pensemos en un político de primera línea jugando, frente a las cámaras de televisión, un partido de fútbol en el que un rival le regatea colándole el balón entre las piernas o en el que el político hace una fea entrada. Al final esa sería la imagen del día y un recuerdo muy fácil para sus adversarios”.

Ahora bien, el director de MAS Consulting España subraya que no hay que exagerar el asunto ni sacar conclusiones precipitadas. “Los líderes corren porque les gusta correr –añade– y simplemente aprovechan mediáticamente sus aficiones para romper un poco con la imagen tradicional que tenemos de ellos. Además, las fotografías de políticos en actividades personales no son una novedad. Las hemos visto desde hace años. Quizás últimamente sean más frecuentes debido al creciente alejamiento entre políticos y ciudadanos que reflejan las encuestas”.

Charlie Beckett, director de Polis, un foro de ideas dependiente de la London School of Economics, sostiene que algunos mandatarios han descubierto las simpatías ciudadanas que pueden atraerse si ofrecen una estampa dinámica y juvenil de atleta de fondo. “A muchos electores –comenta– les agrada ver cómo sus líderes corren por las calles, porque correr es una actividad que les hace parecer más humanos y menos sesudos. Algunos dirigentes se han dado cuenta de ello y tratan de sacarle partido”.

Rivero, a las cinco en pie.

Sin embargo, los políticos desmienten que corran periódicamente para difundir mensajes ideológicos o para obtener algún rédito electoral. Paulino Rivero, presidente de Canarias y tenaz deportista en su tiempo libre, asegura que no busca ningún protagonismo cuando se viste de corto. Según fuentes del Gobierno canario, “Rivero se levanta todos los días a las cinco de la mañana para pasar inadvertido y así poder hacer footing tranquilamente, sin llamar la atención”. Algo parecido le sucede a Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista de Madrid. Gómez realiza sus ejercicios físicos en una impenetrable intimidad. “No desea que se hable de él por ese asunto; le gusta mucho hacer deporte pero no presumir de ello”, explica uno de sus portavoces. Contrasta la discreción de esas personas con el placer exhibicionista de quienes convirtieron sus horas de footing en fotogramas para una película de tipos duros. Es el caso de los ex presidentes George Bush, José María Aznar y Bill Clinton. Precisamente fue Clinton el precursor de esta afición por alardear de potencia en compañía de fornidos escoltas.

En su libro El político, Azorín escribió: “La primera condición de un hombre de Estado es la fortaleza. Su cuerpo ha de ser sano y fuerte. Para estar sano y conservar la fortaleza, ha de amar el campo”. Azorín invitaba así a diputados y senadores a desentumecer los músculos con caminatas por la sierra. Hace un siglo de eso, pero el comentario goza de mucha actualidad. ¿Qué grado de fortaleza alcanzan los líderes gracias al footing? La respuesta no es muy alentadora si nos detenemos, por ejemplo, en la figura proteica de Nicolas Sarkozy, un fanático del ejercicio físico desde que unió su destino al de Carla Bruni. De hecho, tal ha sido su afán por conseguir una figura de varón hercúleo y escultural que llegó a sugerir a algunos miembros de su gabinete que se exprimieran en un gimnasio para perder peso. Sarkozy no quería gordos a su alrededor. Sin embargo, tras meses de frenéticas carreras, el presidente sufrió un bajón de tensión en julio de 2009 y tuvo que ser hospitalizado. Ahora se lo toma con más calma. No obstante, Jean Michel Cohen, prestigioso nutricionista de políticos galos, comentaba recientemente en Le Parisien que el esfuerzo gimnástico de Sarkozy ha calado hondo en sus colegas y ha hecho que el cuidado de la forma física sea asunto de Estado. Todo induce a pensar que los políticos planean correr muchos más kilómetros.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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