Tiendas de vinilos, otra forma de conocer Río de Janeiro
Río de Janeiro es conocido mundialmente por sus playas icónicas, no lo es menos por su musicalidad: al fin y al cabo, es la cuna de la samba, la bossa nova, de los fastuosos desfiles de carnaval y de músicos como Tom Jobim.
Por ese motivo, para los melómanos -y los no tanto- entre las alternativas de lugares interesantes en Río existe la posibilidad de perderse en algunas de sus tiendas de discos, desacelerar la ansiedad por la inmediatez del consumo instantáneo y entregarse al lento ritmo que requiere encontrar el LP buscado durante años.
Mauricio Gouveia, propietario de la disquería -y también librería- Baratos da Ribeiro, localizada en el barrio de Botoafogo, entiende muy bien que para ir a un establecimiento como el suyo se necesita tiempo, y, además, mucha atención. Por eso, con el paso de los años, hizo el camino inverso y decidió que no vendería más discos por Internet ni tampoco haría reservas.
"Abrí en 2001, la intención al principio era solo vender libros con otros cinco socios, y terminé solo", recuerda Gouveia. En aquel entonces la venta de discos "representaba un tercio de la facturación", pues el CD, que había llegado casi dos décadas antes para reemplazar al vinilo, empezaba a perder la batalla con las descargas on line.
A pesar de esa perspectiva, en 2003 Marcio Rocha, junto a su socio Bruno Alonso decidieron crear Tropicália Discos, tienda que vende exclusivamente vinilos y está localizada en el centro de la ciudad, a pocas cuadras de paseos históricos de Río como el Teatro Municipal o la iglesia La Candelaria.
"Tuve la idea de abrir Tropicália con mi socio Bruno Alonso porque siempre me gustaron los discos y ya tenía una tienda de CD", explicó Rocha, que también recordó como en su infancia la música en era en discos de vinilo "porque en Brasil casi no había CD".
Ahora bien, ¿por qué comprar un disco en pleno 2017 cuando prácticamente cualquier canción, artista o estilo puede escucharse a un toque de pantalla en el móvil? Heitor Trengrouse, al frente de la tienda Tracks en el barrio de Gavea, parece tener la respuesta:
"Un LP exige cuidado, hay que limpiarlo antes de usarlo, la cubierta llama la atención y hay que darlo la vuelta cada 20 minutos", aunque cree que la razón para comprar un vinilo es "porque legitima la obra del artista". Los músicos "deben saber qué canción va primero para llamar la atención, cuál cierra la Lado A para escuchar el B y, fundamentalmente, cuál es la última para crear más ganas de comprar otro".
Los tres disqueros no descartan escuchar música en streaming, CD, ni tampoco rechazan el uso de la tecnología, sino que, como dijo Trengrouse, "nadie que pone música en el laptop le presta atención, sino que hace otra cosa".
Si bien es poco probable que los vinilos vuelvan a venderse por millones como en los 80, también es verdad que están de moda, un poco por nostalgia, otro por esnobismo, pero aún hay espacio para los coleccionistas. "Nunca hubo una crisis económica en el mercado de discos usados, que responde a la mayor parte de la circulación de LP. Es el material acumulado a lo largo de décadas en que el disco era el único medio de escuchar música", puntualizó Gouveia.
Las tres tiendas tienen sus características propias, siempre determinadas por el tipo de cliente que las frecuenta y los géneros que prefieren. En común, todas tienen que son lugares de reunión a los cuales los clientes van no siempre para comprar, y sí para conversar, hacer relaciones sociales, con las excusa de la música.
No obstante, cada una de las tres tiendas tiene sus propias características: en Baratos da Ribeiro, cuyo público es más de rock, todos los jueves Gouveia graba "El Club del Vinilo", un programa de radio en donde un invitado lleva sus discos, o son frecuentes los conciertos de bandas de rock o solistas independientes, que casi no tendrían posibilidades de tocar en otro lugar. En Tracks hay rock, pero también mucho jazz clásico música popular brasileña (MPB), mientras que Tropicália, según su dueño, se especializa en discos raros de música brasileña, artistas muy específicos.
Por más que el disco parezca algo tan pasado como una máquina de escribir, los tres propietarios cuentan sorprendidos que muchos jóvenes de entre 20 y 25 años son compradores de LP; además, Rocha y Trengrouse coinciden en muchas mujeres compran discos, cuando hasta hace pocos años atrás era mundo predominantemente masculino.
Sin embargo, hay un cliente particular, diferente, en las tres disquerías: el extranjero, "gringo" en Brasil, que según Rocha y Trengrouse quiere música brasileña, sabe perfectamente qué busca y siempre está a la expectativa de aquellos discos raros. Esto hace que, paradójicamente, una gran cantidad de discos de artistas brasileños falten en su propio país y estén en el extranjero.
"Mis clientes extranjeros saben lo quieren, pero nunca se niegan a escuchar cosas nuevas. Por eso, en Tropicália siempre tenemos el tocadiscos disposición, para que los clientes sepan lo que se llevan", explica Rocha. Caetano Veloso, Gil, Os Mutantes, o discos de samba como de Cartola o de bossa nova son los más buscados por los extranjeros. En cambio, entre el público local lo que más vende son los de rock, seguidos por los de jazz y música negra en general.
"Como todo el mundo tiene mucha información disponible, es muy difícil hoy en día recomendar discos, todos quieren los mismos 50 que recomiendan portales y revistas. Faltan también buenos expertos, porque hoy muchos de los que recomiendan son solo agentes de marketing", se queja Gouveia.
Los precios de los discos varían en Brasil de acuerdo a la demanda, la cantidad editada o si la edición es original o nueva, aunque una ejemplar en buen estado de un disco edición local cuesta de media 25 dólares. Y por supuesto, están los inconseguibles, como el primero de Roberto Carlos, que Rocha confiesa haber visto, pero nunca tenido, a pesar de contar con un stock de más de 30.0000 discos. "Hay más demanda que oferta de música brasileña", completa Trengrouse.
Así, las tiendas de discos parecen tener un futuro, cuanto menos cercano, garantizado, porque el comprador de discos es fiel al formato y los rituales que acarrea. Por ello, "a la gente que quiere vinilos no le interesa si es fácil de bajar una canción de Internet, que también lo hace porque a los compradores de discos no les importan los cambios tecnológicos de comunicación" finaliza Gouveia.
Mauricio Gouveia posa en su disquería, Baratos da Ribeiro, en 2001. Foto: Mauricio Gouveia/DPA
Marcio Rocha abrió en 2003 junto a su socio, Bruno Alonso, Tropicália Discos, una tienda especializada en vinilos. Foto: Leonel Plügel/DPA





