Montblanc, Versace, Guerlain, Lacoste: El lujo vuelve a La Habana

01 / 06 / 2017 Guillermo Nova (DPA)
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Marcas tan selectas y al alcance de unos pocos como Armani, Versace o Montblanc, pero también otras como Women'secret o Mango, han desembarcado en La Habana con tiendas en la galería comercial del Gran Hotel Manzana.

La apertura del Gran Hotel Manzana es el principal ejemplo de la apuesta cubana por el turismo de lujo. Foto: Guillermo Nova/ DPA

La mayoría de los cubanos se quedan mirando desde la calle, aunque algunos, por curiosidad, se atreven a entrar en las tiendas y preguntan los precios, pero se marchan sin comprar. Les queda para el recuerdo los selfies que se hacen frente a las cristaleras de los escaparates que protegen los bolsos Versace o los polos Lacoste. 

"Están duros los precios", dice a dpa Idalmis, una habanera que trabaja en una cercana librería estatal. "Yo creo que ni los turistas van a poder comprar ahí como no bajen un poco esos precios".

En Cuba el salario medio no supera los 30 dólares, por lo que las tiendas están pensadas para los turistas, aunque para muchos de ellos éstas chocan con los estereotipos que tenían de un país alejado del lujo consumista.

"La verdad que no me esperaba encontrar este tipo de tiendas, si uno viene de vacaciones a Cuba es precisamente huyendo de los centros comerciales", aseguró a dpa el canadiense Michael McDonnell.

Su céntrica ubicación en La Habana es privilegiada. Junto al Capitolio y al Gran Teatro, con solo cruzar la calle se puede entrar en el bar "Floridita", el preferido por el escritor estadounidense Ernest Hemingway para tomar sus daiquiris.

Muy cerca también se encuentra el icónico Paseo del Prado que sirvió el año pasado de pasarela para la presentación de la colección de verano de la casa de modas francesa Chanel.

También en el Paseo del Prado, en medio de edificios derruidos y otros rehabilitados, el pasado febrero reabrió sus puertas la perfumería francesa Guerlain, en la misma tienda que había cerrado hace más de 50 años.

La tienda vende colonias de Loewe, Givenchy, Hermes o Dior. Fragancias que marcan una nueva época en la que conviven el lujo extremo con los llamados a la austeridad por la recesión económica que vive el país. 

El Gran Hotel Manzana es propiedad de la empresa hotelera cubana Gaviota, propiedad de las Fuerzas Armadas, y es administrado por Kempinski, líder en Europa en el sector hotelero de lujo.

Cuenta con 246 habitaciones y servicios como spa, gimnasio y un bar panorámico con vistas privilegiadas. Dormir en el hotel tampoco está al alcance de todos. El precio de las habitaciones oscila entre los 400 y los 2.500 dólares la noche.

"Nos gustan las joyas, y esto corresponde muy bien a la filosofía Kempinski", afirmó a la televisión estatal su director general, Xavier Destribats.

Su apertura es el principal ejemplo de la apuesta cubana por el turismo de lujo que se ampliará con otros proyectos que ya están en marcha, como el hotel "Prado y Malecón" con la cadena francesa Accor y el hotel "Packard" con la española Iberostar.

El objetivo de las autoridades cubanas es atraer a turistas con mayor poder adquisitivo, que no se conforman con alojarse en los complejos hoteleros de "sol y playa" que hasta el momento han sido la gran oferta cubana.

"La aparición de un nuevo segmento de mercado, como es el incremento de turistas norteamericanos, sirve para poder utilizar todos los potenciales que tiene Cuba", dijo a dpa Francesc Camps, subdirector general en Cuba de la cadena hotelera española Meliá.

La reconciliación diplomática con Washington ha disparado las visitas desde Estados Unidos, convirtiéndose en el segundo país emisor tan solo superado por Canadá, el líder histórico.

Durante el pasado año 2016, la isla superó por primera vez en la historia los cuatro millones de visitantes, de los cuales 284.000 eran estadounidenses, aunque todavía Washington les obliga a acogerse a 12 categorías de permisos especiales para poder viajar a Cuba.

Intercambio educativo, cultural o religioso son las excusas en las que se escudan los norteamericanos para poder hacer turismo en la isla. Si Washington levantase la prohibición a sus ciudadanos, según los expertos existe un potencial de dos millones anuales de estadounidenses que visitarían la isla.

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