Europa acaba en el Sur

02 / 11 / 2017 Nativel Preciado
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Hoy podemos proclamar que Europa acaba en el sur de España, pero no siempre ha sido así.

Entre las diez fronteras más importantes del mundo se encuentran los Pirineos, con sus más de 400 kilómetros de cordillera que condicionan, geológica y climáticamente, la relación entre la península ibérica y el resto del continente europeo. No obstante, una cosa es condicionar y otra determinar, porque los seres humanos hemos sido capaces de superar la influencia de la naturaleza, eligiendo entre las posibilidades que nos ofrece. Esta es la idea que han defendido siempre los posibilistas franceses, frente al determinismo geográfico de los alemanes o el victimismo de los españoles. Digo victimismo, porque durante mucho tiempo hemos asumido aquello de que África empieza en los Pirineos, como anatema de la leyenda negra que, desde hace siglos, ha caído como una losa sobre nuestra conciencia colectiva. Frente al manoseado victimismo, hoy tenemos que proclamar que Europa acaba en el sur de España. No siempre fue así. En la barrera impermeable de los Pirineos se abría, a veces, una pequeña grieta para dejar pasar algún atisbo de progreso a Catalonia, su frontera más próxima, pero desde la adhesión española al club europeo, todo cambió y, por fin, Europa somos todos. Más allá de los aspectos emocionales que movilizan a los independentistas catalanes, las encuestas del CIS ponen de manifiesto que una mayoría sobrevalora su aportación económica al Estado y cree que la separación de España traería consigo un aumento considerable de los recursos disponibles. El volumen del presupuesto se hincha o deshincha en función del nivel de independentismo del que realice los cálculos. Los más optimistas aseguran que Cataluña, sin el actual déficit fiscal, tendría un presupuesto de un 50% superior, cifra que desmonta rotundamente el exministro socialista Josep Borrell en su reciente libro Las cuentas y los cuentos de la independencia.

Lo que más me indigna de toda esta entelequia es la falta de pedagogía con la que vivimos la actual tensión entre el Govern catalán y el Gobierno de La Moncloa. Soy testigo, desde hace años, de cómo los catalanes nos reprochan que, mientras ellos salen de casa pagando peaje, el resto de los españoles podemos atravesar el país, de Norte a Sur, disfrutando gratuitamente de espléndidas autovías. Estoy cansada de escuchar una y otra vez este argumento, porque la percepción de agravio ciudadano en cuestiones económicas se fundamenta en detalles que en este caso son absolutamente falsos. Me ha costado convencer a mis amigos catalanes de que las magníficas carreteras que ven fuera de Cataluña, en especial las que tuvimos ocasión de compartir en un viaje a Almería, han sido financiadas con fondos Feder.

Tuve que recordarles que Europa se rige por el principio solidario de ayudar a las regiones más desfavorecidas, como es el caso de Andalucía. Por cierto, las excelentes carreteras que hay hacia el sur de España han sido un modelo de aprovechamiento, frente a regiones como las del sur de Italia, que han dilapidado dichos fondos de mala manera. También les convencí de que si mejoraban las rentas del resto de España, Cataluña obtendría mayor centralidad en las sinergias económicas y, por lo tanto, mayores ingresos económicos. Solo Jordi, que es un primor, aceptó mi argumento de que, por suerte, ahora Europa acaba en el Sur.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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