Arranca la era dron

24 / 01 / 2018 Tom Standage
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Tom Standage sugiere formas de liberar su potencial comercial y seguir seguros.

Eche un vistazo al cielo un día sin nubes. ¿Lo ve? Quizá vea un avión o dos, pero lo más probable es que no vea nada. Los entusiastas de los drones creen que esto es una gran oportunidad perdida. Ellos imaginan un futuro en el que robots autónomos voladores vayan de acá para allá recogiendo datos, haciendo fotografías y entregando cosas. Los drones ya se usan para cartografiar emplazamientos de edificios, monitorizar cultivos y ejecutar deslumbrantes espectáculos de luces. En 2017 ya se han usado para evaluar desde el aire los daños de los huracanes. La mayoría de la gente los considera juguetes de coleccionista o herramientas militares, pero está surgiendo un amplio abanico de usos comerciales. Se habla incluso de los drones como turbinas volantes capaces de generar energía, como transmisores de telecomunicaciones capaces de ampliar el acceso a Internet o incluso como taxis voladores que llevarán a personas.

Que ese futuro se haga realidad dependerá tanto de progresos en materia de regulación como de la pericia tecnológica. Las restricciones legales ahora solo se están empezando a suavizar. Las reglas introducidas en 2016 por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) fueron un gran paso adelante. Antes de eso, el uso comercial de drones solo era posible con permisos muy caros y difíciles de conseguir. Pero la FAA introdujo un proceso de obtención de licencia estándar que incluso ha sido copiado por otros países. Sin embargo, esas normas solo permiten que los drones comerciales operen con luz de día, a alturas inferiores a los 122 metros, bajo la supervisión de un operador y lejos de lugares transitados. En 2018 se introducirán nuevas reglas que ampliarán los usos legales de los drones.

El gran cambio vendrá de la mano de la identificación remota, una especie de sistema de matrículas para los drones. Las propuestas al respecto de la FAA se convertirán en normas formales en 2018. Será mucho más fácil aplicar las normas cuando se sepa quién está operando cada aparato, afirman desde DJI, el mayor fabricante de drones del mundo. Esto también abrirá las puertas a normativas que permitan vuelos nocturnos y sobre zonas pobladas. Se espera que los reguladores europeos establezcan sus normativas de inteligencia artificial por control remoto en 2018. Estados Unidos hará lo propio para automatizar el proceso de solicitud de permisos para volar en espacios aéreos regulados, como áreas urbanas.

Si se espera que haya flotas de drones volando sin una supervisión humana directa, entonces los drones tendrán que ser capaces de comunicar su posición e itinerario a un registro central y mantener las comunicaciones con sus bases de origen. Se están desarrollando nuevos sistemas y estándares de control automatizado del tráfico aéreo, así como redes móviles que puedan otorgar cobertura desde los cielos y no solo desde tierra. En 2018 se avanzará en estos ámbitos, pero la construcción del sistema entero podría durar entre tres y cinco años. La entrega de paquetes sin supervisión visual humana es el santo grial de muchas empresas del sector, pero aún estamos lejos de eso.

El país al que habrá que seguir de cerca en 2018 es Japón, según Greg McNeal, de la start up de drones AirMap. “Japón será el primer país en que la entrega de paquetes por parte de drones se hará de forma rutinaria, y probablemente antes de lo que pensamos”, afirma. De hecho, el Gobierno ha lanzado un ambicioso programa para permitir que los drones entreguen paquetes en Tokio para cuando se celebren los Juegos Olímpicos, en 2020.

El ejemplo de las redes Wi-Fi

¿Qué pueden hacer los reguladores para asegurarse de que se colma el potencial de los drones de forma rápida y segura? La armonización en ámbitos como la identificación remota implicaría que los drones no tuvieran que seguir reglas distintas en países diferentes. Para impulsar la innovación en seguridad los reguladores deberán asumir un enfoque que implique riesgos, como por ejemplo permitir operar sin licencia a drones por debajo de cierta masa para usos comerciales. Esto podría impulsar la innovación del mismo modo que la ausencia de marcos regulatorios permitió la proliferación de redes wi-fi. Y los Gobiernos deberían apoyar el desarrollo de sistemas automatizados de control del tráfico aéreo, necesarios para coordinar el movimiento de miles de drones de forma segura.

Los drones exigen una regulación meticulosa porque pueden resultar muy peligrosos, y estas nuevas reglas se irán aplicando de forma gradual. Para los empresarios acostumbrados a la mentalidad de la era de Internet de “primero constrúyelo y luego regúlalo” este proceso puede resultar demasiado lento. Pero demos un paso atrás y miremos con la perspectiva del largo plazo. Cuesta creer que en 2050 los vuelos pilotados por humanos vayan a ser la norma. El triunfo de los drones es indudable, la única pregunta es cuándo se producirá.

Tom Standage: subdirector de The Economist

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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