Anticuada Britannia

09 / 01 / 2018 Beppe Severgnini (Milán)
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La imagen del Reino Unido se deteriora.

Todo sobre arena

La ropa, los zapatos y las gafas de sol pueden molar; las canciones, las películas y las comidas también, a veces, se califican, como la actitud de la gente. Pero ¿qué hay de los países? El Reino Unido, hace 20 años, era etiquetado como Cool Britannia (“moderna Britania”). ¿Será 2018 el año en que sea visto como la Uncool Britannia (“anticuada Britania”)?

Cool Britannia fue siempre un ardid publicitario, un término que los sofisticados portavoces de Tony Blair tuvieron la fortuna de fomentar. Pero fue acuñado en una época de orgullo patrio sobre la cultura y el liderazgo británicos a finales de los 90. La expresión evocaba la canción patriótica Rule, Britannia (“Gobierna, Britania”). Políticos, músicos, la moda, el arte, la comida, el fútbol: la gente del Reino Unido, y del extranjero, parecía sentir que las cosas en el país iban bien.

Y llegó en contraste con los difíciles 70 (cuando el Reino Unido, a menudo, se veía como el “enfermo de Europa”) y los ruidosos 80 (con Margaret Thatcher en el poder).

El próximo año Cool Britannia volverá a aparecer bajo una luz de fuertes contrastes, pero por razones equivocadas. En 1997, Blair logró una victoria arrolladora. Era joven, encantador y pertenecía a un revitalizado Partido Laborista (Irak solo fue un cajón de arena caliente en Oriente Próximo). Sus partidarios esperaban ensimismados su nueva política de la tercera vía. Veinte años después, en 2017, Theresa May convocó elecciones anticipadas segura de que las ganaría. Perdió la mayoría, y su partido, que se enfrenta a la abrumadora tarea de gestionar el brexit, ha perdido el rumbo.

El discurso de Blair durante la conferencia del Partido Laborista en Brighton en 1997 empezó así: “Después de 18 largos años de oposición, frustración y desesperación, es un orgullo para mí y un privilegio estar ante ustedes como el nuevo primer ministro de nuestro país. Creo en el Reino Unido. Creo en su gente. Una cruz en la papeleta de voto. Una nación ha renacido”. Y May en la conferencia de su partido en Manchester 20 años después, ¿qué? Será recordada por un ataque de tos, algún bromista entregándole un formulario de despido y un escenario desintegrado.

En la izquierda, el nuevo enfoque es percibido por sus jóvenes seguidores como en la onda pero a otros (sobre todo extranjeros) les parecerá muy anticuado. Esto no tiene nada que ver con la edad de Jeremy Corbyn (el líder de los laboristas cumplirá 69 en 2018, 26 años mayor que Blair cuando se convirtió en primer ministro) sino con su política. ¿Nacionalización de empresas? ¿Aumento de los impuestos? Eso no mola.   

El Reino Unido tiene una gran oportunidad de seguir siendo importante en materia de cultura. En marzo de 1997, Vanity Fair publicó una edición especial sobre Cool Britannia con Liam Gallagher y Patsy Kensit en la portada; el titular decía: “¡Londres es la caña de nuevo!”. Las calles de Londres, desde los 60, han inspirado al mundo.

Estos cambios no suceden de la noche a la mañana. Si los 90 fueron la década del britpop, de Oasis, Blur y las Spice Girls; ahora están los One Direction, que se han separado. La competencia se está intensificando. Hay indicios de que cierto vigor cultural podría darse en otros lugares.

París, por ejemplo, tiene un joven y estiloso presidente, Emmanuel Macron, y unos juegos olímpicos en 2024. Quizá la bandera británica (la Union Jack), que en años recientes ha sido adorno de bolsos y chaquetas, sea sustituida por la tricolor francesa. El dinero ya está en Francia (LVMH, Louis Vuitton), las nuevas ideas, en Italia (Gucci), y los clientes, en Rusia y el Lejano Oriente. Londres no está lo bastante relegada como para estar entre bastidores todavía, pero los focos están en otra parte.

¿Y qué hay de la comida? En los 90, el Reino Unido fue consciente de que no había vida más allá de las verduras hervidas, los pasteles de carne sorpresa y el cordero asado. Una nación convencida de que había una conexión entre la virtud y una comida aburrida (después de todo, la espantosa dieta de los colegiales, obligados a comérsela, produjo jóvenes fuertes y espabilados, listos para la batalla y darle gloria a la nación), ha caído rendida a la buena cocina. Desapareció la idea de que la alta cocina (francesa e italiana) era para los mariquitas de fuera. Marco Pierre White, de Leeds, en 1994 se convirtió en el primer británico en ganar tres estrellas Michelin, anunciando la era de los chefs famosos y los restaurantes internacionales.

En 2018, no obstante, los indicios de problemas, hasta ahora meramente anecdóticos, serán contundentes evidencias. Los chefs que decidan no ir más al Reino Unido por el brexit será una de ellas. El servicio empeorará al no atraer a brillantes jóvenes camareros de Europa. La demanda sufrirá cuando los clientes adinerados (banqueros italianos, empresarios franceses, científicos indios) decidan que es hora de volver a casa.

El lustre perdido de Londres

Es Londres, centro neurálgico de la cultura y la economía del país, la que más riesgos corre de perder su brillo. La confusión sobre los derechos de los ciudadanos de la UE, tras varias torpezas del Ministerio del Interior, ha sido espectacular. Unos tres millones de ciudadanos extranjeros de la UE viven en el Reino Unido, muchos de ellos en o cerca de la capital. Trabajan en bancos, empresas, hospitales, universidades, tiendas y restaurantes. En un discurso en Florencia, en 2017, May ofreció incluir protecciones legales para ellos en el brexit, pero la incertidumbre es peligrosa, y tendrá un fuerte impacto. El Reino Unido, en 2018, será una de las economías de crecimiento más lento de Europa. Y ser más pobre no es ser más cool.

Ni lo es tampoco estar aislado. La insularidad del Reino Unido es solo un concepto geográfico. Pero la ilusión de un “Reino Unido separado” ha sido fomentada durante años por políticos de todos los credos, apoyados (¿inspirados?) por la prensa sensacionalista. El brexit es el resultado de todo ello.

Uncool Britannia fue el título de una serie reciente en tres partes de la BBC sobre el Reino Unido que está, descaradamente, fuera de onda. El episodio final fue Los años del Austin Montego, y es que este pintoresco coche era bastante cool. Lo uncool es diferente. Hay que ser bastante valiente para quedarse solo ante el enemigo en el siglo XX, y bastante zafio para verse a uno mismo solo entre amigos en pleno siglo XXI.

Beppe Severgnini: redactor jefe de 7 (magazine semanal del Corriere della Sera) y articulista del New York Times

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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